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Información de CEELE (en inglés)
Cualificado por la
Universidad de Alcalá

El español, experiencia de vivir

CIUDADES DE ESPAÑA
ALCALÁ DE HENARES (MADRID)

Por: Luis Sanz San Norberto, ESCUELA INTERNACIONAL

Si "París bien vale una misa", como reza una conocida frase, yo me permito añadir que "Alcalá bien vale ser conocida". Dada su proximidad a Madrid, tan sólo treinta kilómetros, y su riqueza monumental, Alcalá de Henares es sin duda la ciudad más bella de la provincia de Madrid. Bien merece la pena un breve comentario histórico, comentario que, tratándose de Alcalá, girará inevitablemente en torno a la fundación de la Universidad cisneriana.

Las señas de identidad propias de una ciudad son el resultado de rasgos y hechos gestados en el pasado, y ese pasado, en el caso de esta ciudad, es un largo proceso superior a los dos mil años de antigüedad. Cruce importante de caminos, romanos, visigodos, árabes..., todos los pueblos y culturas van dejando su huella en esta urbe que presenta como seña fundamental la concesión de Estudios Generales a la ciudad de Alcalá en 1293 por el entonces rey Sancho IV el Bravo, partidario como su padre, Alfonso X el Sabio, de consolidar con la pluma lo que se iba consiguiendo con la espada. Este hecho extraordinario es la bisagra en torno a la cual pivota la historia alcalaína; los Estudios conectan un importante pasado que arranca en la antigua Complutum romana y que el cardenal Cisneros se encargará, en 1499, de impulsar hacia un glorioso futuro de más de 700 años con la fundación de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares. La historia de esta Universidad fue tan brillante, tanto por el prestigio de sus humanistas como por la difusión que alcanzaron sus estudios, que el modelo universitario complutense será adoptado con profusión en el Nuevo Mundo. Tal fue la magnitud de la obra que determinará el futuro de la ciudad para los siglos venideros.

Aunque los Reyes Católicos capitalicen el proyecto, posiblemente sea Cisneros quien mejor se plantee la creación del moderno Estado renacentista español. De la importancia que ya se concedía a Alcalá da prueba la idea cisneriana de desarrollar una nueva organización política basada en tres ciudades separadas y con un reparto de competencias claramente diferenciado: Toledo sería la capital religiosa; Madrid, la capital política y, finalmente, a Alcalá le correspondería la capitalidad cultural-educativa. La actividad que Cisneros desarrollará estará ligada a ese proyecto y a partir de entonces su relación con Alcalá de Henares será prácticamente continua.

España entra en el Renacimiento y Cisneros pretende crear algo nuevo. En el pujante humanismo las lenguas clásicas ocupan un papel fundamental; el cardenal así lo entiende y su "vanguardismo" le impulsó a rodearse de los más destacados eruditos de la época, entre los que sobresalen Nebrija, Alonso de Herrera, Pablo Coronel, Demetrio Cretense y muchos otros. Se estudia latín, griego y hebreo, pero también caldeo y árabe como instrumentos que permitirán beber en las auténticas fuentes de la civilización occidental: la tradición grecorromana y la tradición bíblica. Todo ello con la intención de impulsar unos verdaderos estudios científicos de investigación teológica. Fruto de ese esfuerzo, y de la aplicación de una nueva ciencia interdisciplinar, la filología, es la edición en 1517 de los seis volúmenes que componen la Biblia políglota Complutense o Biblia de Alcalá, donde pueden cotejarse los textos hebreo, griego, latino y caldeo en la misma página, con traducciones cuidadosamente revisadas y corregidas. Para ello se utilizaron complicadas máquinas e imprentas capaces de reproducir los caracteres alfabéticos griegos y hebreos: todo un logro científico y tipográfico sin precedentes en su época.

Los siglos XVI y XVII conforman la edad de oro de la ciudad y de su actividad universitaria. Pero a partir del siglo XVIII la Universidad languidece y Alcalá conoce un rápido declive institucional, económico y demográfico que se agravará en el XIX: la inestabilidad que ocasiona el paso de una sociedad estamental a una sociedad burguesa; la proximidad de Alcalá a la cada vez más pujante capital del reino (que carecía de instituciones educativas de alto nivel); crisis económica; episodios bélicos que acarrearán un grave quebranto a la ciudad, como la Guerra de la Independencia y la destrucción y expolio por parte de las tropas francesas de buena parte de su patrimonio artístico y monumental..., todo un proceso de desgracias que ni Alcalá ni su Universidad podrán superar. La batalla por la supervivencia termina con la Real Orden de 29 de octubre de 1836 por la que se trasladan a Madrid las facultades de la Universidad (además de todo su patrimonio histórico: pinturas, tapices, mobiliario, joyas, archivos, bibliotecas...), poniendo fin a cuatro siglos de existencia de la Universidad Complutense, título que detenta en la actualidad la universidad madrileña que se encontró, así, con el regalo de todo un legado histórico y cultural del que carecía y envidiaba y que nunca debería haber conseguido mediante la apropiación indebida de patrimonios y glorias ajenas.

Permítaseme insistir deliberadamente en lo de Universidad Complutense de Alcalá de Henares porque, para "desgracia" de Madrid, Complutense es el gentilicio de origen latino de la actual Alcalá de Henares (la antigua Complutum romana) por lo que, en realidad, el nombre que los madrileños orgullosamente exhiben en su universidad no es otro que el de Universidad alcalaína de Madrid. La reparación de esta injusticia histórica no llegó hasta 1975. Alcalá recobraba, al fin y tras siglo y medio de olvido, la condición de ciudad universitaria. Desgraciadamente no recuperó su antiguo nombre (Madrid es demasiado Madrid), pero la actual Universidad de Alcalá de Henares es la Complutense por derecho propio, por mucho que se le impida ostentar el nombre que legalmente le corresponde.

La Universidad de Alcalá, a pesar de su juventud, es actualmente una hermosa realidad en plena expansión, así como también lo es su prestigio académico y sus crecientes proyectos científicos. La recuperación de buena parte de los edificios universitarios históricos, que fueron su auténtica alma durante los siglos XVI y XVII, identifica a esta ciudad y le confiere una personalidad propia e inigualable que sorprende al visitante y devuelve a Alcalá el esplendor de sus mejores años. El edificio más emblemático, y sin duda el más bello, es el Colegio Mayor de San Ildefonso, auténtico buque insignia de la Universidad y actual sede del Rectorado; es en el incomparable marco de su Paraninfo donde Su Majestad el rey procede a la solemne entrega anual de los Premios Cervantes de las letras españolas. Pero no menos bellos e interesantes son la enorme cantidad de Colegios Mayores y Menores, capillas, iglesias y edificios repartidos por el casco histórico, como la Iglesia Magistral-Catedral; la magnífica capilla universitaria de San Ildefonso, terminada en 1522, pequeña joya renacentista por su retablo, yeserías y artesonado; el Colegio de Málaga, sede de la Facultad de Filosofía y Letras; el Colegio de Jesuitas, del año 1690, hoy Facultad de Derecho; el Colegio de Mínimos de San Francisco de Paula, construido en 1547, actual sede de las Facultades de Ciencias Económicas y Empresariales; los Colegios de León, de los Trinitarios Descalzos, de los Irlandeses, el de San José de Caracciolos..., en fin, la lista sería interminable.

Esta ambiciosa recuperación arquitectónica carecería de valor si no se dotara de contenido a esos antiguos edificios universitarios; es un proceso lento pero que posibilita el marco ideal para la instalación de Centros de Estudios e instituciones de carácter académico y cultural, como el Centro de Estudios Norteamericanos, el Instituto de Ciencias de la Educación, el Centro de Especialización Musical, el Centro de Lenguas, el de Estudios Europeos, y un largo etcétera. Entre los logros recientes cabe señalar la recuperación de la antigua sede episcopal complutense. El ser Alcalá la patria chica de Miguel de Cervantes le confiere el privilegio de contar entre sus instituciones con el Centro de Estudios Cervantinos y, muy importante, la radicación de la sede central de una institución con proyección internacional como es el Instituto Cervantes de la Lengua (¿cuánto tardará Madrid en intentar arrebatarlo?).

La Universidad está dedicando un importante esfuerzo a la difusión y enseñanza de la lengua y la cultura española y son ya muchos los estudiantes de los más variados países que aprenden nuestra lengua en Alcalá, no sólo en los centros públicos sino también en centros privados de reciente implantación. El ambiente juvenil de la ciudad se ve reforzado por la presencia de estos estudiantes extranjeros que contribuyen a crear esa atmósfera tan peculiar característica de las ciudades universitarias. Las noches de los fines de semana alcalaínos están, cada vez más, llenas de sabor y color estudiantil e internacional. La proximidad de la capital y la perfecta comunicación con ella, así como del aeropuerto internacional de Barajas, a poco más de 15 kilómetros, convierten a esta ciudad en el lugar idóneo para muchos extranjeros que quieren aprender español en nuestro país.

Con sus 200.000 habitantes y próximo a comenzar el siglo XXI, el futuro de Alcalá se presenta prometedor pero al mismo tiempo lleno de todas las dificultades que tan ambicioso proyecto inevitablemente conlleva. Alcalá de Henares se está enfrentando con el mayor proceso de recuperación y transformación de su historia y lograrlo sería el mejor homenaje que podríamos ofrecer a Cisneros y la mejor forma de agradecerle que un buen día, hace ya quinientos años, se decidiera a fundar aquí su universidad.

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