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Intermedio - B2 - El puente


El puente

I


Hace algunos años, en una pequeña ciudad de provincias del norte de España, vivía una joven casada bastante guapa que se sentía muy sola porque su marido se pasaba el día trabajando y no le hacía mucho caso. Se llamaba Raquel y aunque se había casado muy enamorada de su marido, sus sentimientos hacia él habían cambiado a causa de la falta de comunicación en el matrimonio. Su marido solía llegar muy tarde a casa y la conversación con Raquel se reducía a un ‘estoy agotado’ como saludo, unos pocos ‘¿ah? ¿sí?’ sin entusiasmo y un ‘me voy a la cama’ como despedida.

Un día, Raquel conoció por casualidad a Julián, un joven y atractivo estudiante de Literatura, en una cafetería a la que solía ir por las tardes a tomar un café y charlar con alguna amiga casada como ella. Ese día estaba allí sola, sentada en una mesa hojeando una novela que acababa de comprar, mientras esperaba a su amiga, cuando el joven que estaba sentado en la mesa de al lado le hizo una pregunta que no pudo contestar, “¿A ti también te gusta la literatura checa?”. Raquel no había leído un libro de un autor de esa nacionalidad en su vida y el que estaba hojeando en ese momento lo había comprado, sobre todo, porque le hacía gracia el título, tan largo y amenazador: ‘La insoportable levedad del ser’. Sin embargo, por muy absurda que pareciera aquella pregunta, el hecho es que fue el comienzo de una relación sentimental que terminaría trágicamente unos meses más tarde.

II


El día del cumpleaños de Julián, Raquel, aprovechando que su marido estaba de viaje de negocios en otra ciudad y la había llamado para decirle que llegaría la mañana siguiente, decidió pasar la noche con su amante. Hacía tres meses que se veían en secreto y, aunque todavía no había reunido el valor suficiente para confesárselo a su marido, estaba enamorada de Julián y había pensado varias veces en la posibilidad de divorciarse. Salió de casa por la tarde muy contenta y se dirigió a la de su amante, que se encontraba al otro lado del río que atravesaba la ciudad.

Cuando llegó, Julián ya había preparado una cena estupenda y en el tocadiscos sonaba una sonata de Chopin, que junto con la luz de las velas creaba en la habitación una atmósfera de melancólico romanticismo, perfecto para ilustrar una relación de amor imposible. Comenzaron a cenar y tras el postre, Julián no aguantó más y le lanzó a su amante la segunda pregunta que no podría contestar y que tres horas más tarde sería, indirectamente, la causa de la muerte de Raquel: ‘¿Quieres casarte conmigo?’.

Raquel había dejado de querer a su marido, pero todavía no estaba preparada para divorciarse. Era muy difícil separarse del hombre con el que llevaba cinco años viviendo y que le había dado la estabilidad matrimonial y la seguridad económica. Y mucho más difícil hacerlo por un hombre siete años más joven que ella, al que todavía no conocía bien y con el que probablemente sólo la esperaba un futuro incierto. Necesitaba más tiempo para pensarlo. Esta respuesta evasiva enfureció terriblemente a Julián, que no podía entender las dudas de su amante y para el que la pregunta era una prueba de amor. La primera y última discusión de la pareja estalló violentamente y se prolongó durante tres interminables horas, llenas de reproches, celos e incomprensión mutua. Finalmente, Raquel salió de la casa hecha un mar de lágrimas y prometiéndose no volver jamás.

III

Eran las tres y media de la mañana y no había un alma por las calles. Andando muy deprisa, Raquel comenzó a cruzar el único puente que unía las dos partes de la ciudad. Ya había cruzado la mitad cuando vio, apoyado en la balaustrada, a aquel vagabundo de aspecto extraño que ya la había molestado varias veces por la calle cuando no estaba acompañada. Todavía no le había dicho nada a su marido porque pensaba que sólo era un pobre chiflado inofensivo, pero cuando lo vio al final del puente, sintió verdadero terror. Dio media vuelta y comenzó a correr a toda velocidad en dirección contraria. Cuando llegó al otro lado, se detuvo un momento sin aliento y miró hacia atrás. Allí seguía, mirándola entre las greñas de pelo grasiento que le caían por la cara. En la acera de enfrente había una cabina. Sin pensárselo dos veces, Raquel decidió llamar por teléfono a Julián y pedirle ayuda.

Ni siquiera le había dejado terminar de explicarle el problema. Sentada en el bordillo, delante de la cabina, todavía no podía entender el verdadero significado de las palabras con las que Julián había cortado la conversación un segundo antes de colgar violentamente: ‘Búscate la vida, tía, que no quiero volver a verte en mi vida.’ Unos minutos después se puso en pie y comenzó a cruzar muy despacio la calle en dirección al puente. Serían las cuatro de la mañana y un viento suave se había levantado de repente, llevándose las últimas palabras de Julián junto con los recuerdos de tres meses de encuentros amorosos. Raquel se sentía relajada y ya no tenía miedo. Cuando llegó a la otra acera, oyó unos pasos que se acercaban. Levantó la vista del suelo y vio a un joven punki de unos 20 o 22 años que, un poco borracho o drogado, volvía a casa. Raquel le paró, le explicó su problema y le pidió que la acompañara hasta el otro lado del puente. El joven intentó aprovecharse de la situación y le exigió dinero a cambio. Raquel ni siquiera se molestó en contestarle. Dio media vuelta, cruzó el puente y fue asesinada por el vagabundo.

Cuestionario

Podría haber hecho (=habría podido hacer)

1. Se utiliza esta forma para decir que teníamos la habilidad o la oportunidad de hacer algo, pero no lo hicimos.

2. En la historia de Raquel:

- ¿Qué podría haber hecho Raquel para mejorar su relación con su marido?

a) Yo creo que_______________________________________________

b) ________________________________________________________

c) ________________________________________________________

- ¿Qué podría haber hecho o haber dicho Raquel aquella noche para convencer a Julián de que necesitaba más tiempo para tomar una decisión?

- ¿Qué podría haber hecho Raquel en lugar de (en vez de) cruzar el puente?

Debería haber hecho o tendría que haber hecho

1. Se usa esta forma para expresar la mejor opción hipotética (no ocurrió). Frecuentemente se usa para expresar arrepentimiento.

- Me duele el estómago. No debería haber comido tanto.
- Pepe ha suspendido el examen. Debería haber estudiado más.
- La fiesta fue divertidísima. Deberías haber venido.

2. Lee ahora lo que dijo el marido cuando se enteró de la muerte de Raquel.

-El marido: Creo que debería haber trabajado menos y haberle dedicado más tiempo a mi mujer.

- ¿Qué dijeron los otros personajes de la historia?

Julián: _________________________________________________
el punki: ________________________________________________
el vagabundo (en la cárcel): _________________________________
Raquel (en el cielo): _______________________________________

 


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