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La Cenicienta

Introducción

Esta historia maravillosa de príncipes guapos y princesas buenas y dulces fue narrada por el escritor francés Charles Perrault (1628-1702). También escribió el citado autor numerosos cuentos que han alcanzado fama mundial (Caperucita Roja, La Bella Durmiente del Bosque). Es un cuento universal, contado de generación tras generación, que en cierta medida ha hecho a muchas niñas soñar con una situación similar en sus vidas. Es curioso que sea conocido en casi todos los países y contado en lenguas diferentes y con versiones diferentes.

El cuento
Había una vez un gentil hombre que se casó en segundas nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás se haya visto. Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían en todo. El marido, por su lado, tenía una hija, pero de una dulzura y bondad sin par; lo había heredado de su madre que era la mejor persona del mundo.

Después de realizarse la boda, la madrastra dio libre curso a su mal carácter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que hacían aparecer todavía más odiables a sus hijas. La obligó a las más viles tareas de la casa: ella era la que fregaba los pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la señora y de las señoritas sus hijas; dormía en lo más alto de la casa, en una buhardilla, sobre un mísero lecho, mientras sus hermanas ocupaban habitaciones más calentitas, donde tenían camas a la última moda y espejos en que podían mirarse de cuerpo entero.

La pobre muchacha aguantaba todo con paciencia, y no se atrevía a quejarse ante su padre, por miedo a que fuera reprendido, pues su mujer lo dominaba por completo. Cuando terminaba sus quehaceres, se instalaba en el rincón de la chimenea, sentándose sobre las cenizas, lo que le había merecido el apodo de Cenicienta.

Sin embargo la muchacha, con sus míseras ropas, no dejaba de ser cien veces más hermosa que sus hermanas que andaban tan ricamente vestidas. Sucedió un día, que el hijo del rey dio un baile al que invitó a todas las personas distinguidas; nuestras dos señoritas también fueron invitadas, pues tenían mucho nombre en la comarca. Helas aquí muy satisfechas y preocupadas de elegir los trajes y peinados que mejor les sentaran; nuevo trabajo para Cenicienta pues era ella quien planchaba la ropa de sus hermanas y plisaba los adornos de sus vestidos. No se hablaba más que de la forma en que irían trajeadas.

—Yo, dijo la mayor, me pondré mi vestido de terciopelo rojo y mis adornos de Inglaterra.
—Yo, dijo la menor, iré con mi falda sencilla; pero en cambio, me pondré mi abrigo con flores de oro y mi prendedor de brillantes, que no pasarán desapercibidos.

Manos expertas se encargaron de armar los peinados de dos pisos y se compraron lunares postizos. Llamaron a Cenicienta para pedirle su opinión, pues tenía buen gusto. Cenicienta las aconsejó lo mejor posible, y se ofreció incluso para arreglarles el peinado, lo que aceptaron. Mientras las peinaba, ellas le decían:

— Cenicienta, ¿te gustaría ir al baile?
—Ay, señoritas, os estáis burlando, eso no es cosa para mí.
—Tienes razón, se reirían bastante si vieran a una Cenicienta entrar al baile.

Tan contentas estaban que pasaron cerca de dos días sin comer. Más de doce cordones rompieron a fuerza de apretarlos para que el talle se les viera más fino, y se lo pasaban delante del espejo.

Finalmente, llegó el día feliz; partieron y Cenicienta las siguió con los ojos y cuando las perdió de vista se puso a llorar. Su madrina, que la vio anegada en lágrimas, le preguntó qué le pasaba.
—Me gustaría... me gustaría...
Lloraba tanto que no pudo terminar. Su madrina, que era un hada, le dijo:
—¿Te gustaría ir al baile, no es cierto?
—¡Ay, sí!, dijo Cenicienta suspirando.
—¡Bueno, te portarás bien!, dijo su madrina, yo te haré ir.
La llevó a su cuarto y le dijo:
—Ve al jardín y tráeme una calabaza.

Cenicienta fue en el acto a coger la mejor que encontró y se la llevó a su madrina, sin poder adivinar cómo este fruto podría hacerla ir al baile. Su madrina lo vació y dejándola solamente la cáscara, la tocó con su varita mágica e instantáneamente la calabaza se convirtió en un bello carruaje todo dorado.
En seguida miró dentro de la ratonera donde encontró seis ratas vivas. Le dijo a Cenicienta que levantara un poco la puerta de la trampa, y a cada rata que salía le daba un golpe con la varita, y la rata quedaba automáticamente transformada en un brioso caballo; lo que hizo un tiro de seis caballos de un hermoso color gris ratón. Como no encontraba con qué hacer un cochero:
—Voy a ver, dijo Cenicienta, si hay algún ratón en la trampa, para hacer un cochero.
—Tienes razón, dijo su madrina, anda a ver.
Cenicienta le llevó la trampa donde había tres ratones gordos. El hada eligió uno por su imponente barba, y habiéndolo tocado quedó convertido en un cochero gordo con un precioso bigote. En seguida, ella le dijo:
—Baja al jardín, encontrarás seis lagartos detrás de la regadera; tráemelos.
Tan pronto los trajo, la madrina los trocó en seis lacayos que se subieron en seguida a la parte posterior del carruaje, con sus trajes galoneados, sujetándose a él como si en su vida hubieran hecho otra cosa. El hada dijo entonces a Cenicienta:
—Bueno, aquí tienes para ir al baile, ¿no estás bien vestida?
—Es cierto, pero, ¿podré ir así, con estos vestidos tan feos?
Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en magníficos vestidos de paño de oro y plata, todos recamados con pedrerías; luego le dio un par de zapatillas de cristal, las más preciosas del mundo.

Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en calabaza, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y sus viejos vestidos recuperarían su forma primitiva. Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche. Partió, loca de felicidad.
El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar una gran princesa que nadie conocía, corrió a recibirla; le dio la mano al bajar del carruaje y la llevó al salón donde estaban los comensales. Entonces se hizo un gran silencio: el baile cesó y los violines dejaron de tocar, tan absortos estaban todos contemplando la gran belleza de esta desconocida. Sólo se oía un confuso rumor:

—¡Ah, qué hermosa es!
El mismo rey, siendo viejo, no dejaba de mirarla y de decir por lo bajo a la reina que desde hacía mucho tiempo no veía una persona tan bella y graciosa. Todas las damas observaban con atención su peinado y sus vestidos, para tener al día siguiente otros semejantes, siempre que existieran telas igualmente bellas y manos tan diestras para confeccionarlos. El hijo del rey la colocó en el sitio de honor y en seguida la condujo al salón para bailar con ella. Bailó con tanta gracia que fue un motivo más de admiración.

Trajeron exquisitos manjares que el príncipe no probó, ocupado como estaba en observarla. Ella fue a sentarse al lado de sus hermanas y les hizo mil atenciones; compartió con ellas los limones y naranjas que el príncipe le había obsequiado, lo que las sorprendió mucho, pues no la conocían. Charlando así estaban, cuando Cenicienta oyó dar las once tres cuartos; hizo al momento una gran reverencia a los asistentes y se fue a toda prisa. En su marcha, perdió un zapato de cristal.

El hijo del rey lo había recogido dedicándose a contemplarlo durante todo el resto del baile, ya que sin duda estaba muy enamorado de la bella personita dueña del zapato. Y era verdad, pues a los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona cuyo pie se ajustara aquel zapato.
Empezaron probándola a las princesas, en seguida a las duquesas, y a toda la corte, pero inútilmente. La llevaron donde las dos hermanas, las que hicieron todo lo posible para que su pie cupiera en la zapatilla, pero no pudieron. Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapatilla, dijo riendo:
—¿Puedo probar si a mí me calza?

Sus hermanas se pusieron a reír y a burlarse de ella. El gentilhombre que probaba la zapatilla, habiendo mirado atentamente a Cenicienta y encontrándola muy linda, dijo que era lo justo, y que él tenía orden de probarla a todas las jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando la zapatilla a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecha a su medida.

Fue conducida ante el joven príncipe, vestida como estaba. Él la encontró más bella que nunca, y pocos días después se casaron. Cenicienta, que era tan buena como hermosa, hizo llevar a sus hermanas a morar en el palacio y las casó en seguida con dos grandes señores de la corte.

¿Cómo se cuenta el cuento en tu país?
Más o menos la transmisión de la historia en los diferentes países es la misma aunque con pequeños matices. Sabemos que en la República Checa por ejemplo, el cuento se narra contando la transformación de La Cenicienta en princesa con la colaboración del Hada Madrina y además con 3 nueces mágicas de las que prende el nuevo vestido de la Cenicienta para acudir a la fiesta en el Palacio.

Pero, es sin duda la influencia de la adaptación que del cuento hiciera la Productora Disney la que se conoce mundialmente. Nunca en ninguno de los países se ha contado esta historia poniendo como amigos y colaboradores de la Cenicienta a animales hasta que esta Industria norteamericana así lo publicó y distribuyó.


Biografía de Charles Perrault
Charles Perrault nació en Paris en 1628. Fue un abogado que dejó la profesión para dedicarse a la literatura de forma apasionada. La fama no se la darían sus poemas, que fueron especialmente polémicos, sino sus cuentos que figuran entre los más famosos del mundo, en especial La Cencicienta y la Bella durmiente. Fue un personaje muy reconocido en la época y llegó a ser miembro de la academia Francesa. Charles Perrault falleció en París en 1703.


Mensajes y simbología de los personajes
Los cuentos tienen muchos mensajes que conviene analizar.
En La Cenicienta cada uno de los personajes y objetos que encontramos tiene un significado digno de comentar.
En primer lugar, La Cenicienta: Representa el sueño para muchas chicas. En opinión de algunos autores, es demasiado estereotipado porque es una chica muy perfecta, guapa, inteligente, delicada...

También hay analistas que opinan que las princesas y también los príncipes de los cuentos siempre son blancos, rubios y muy guapos y no son imágenes reales de persona para ofrecerle a los niños y las niñas.
Hay quien va más allá pensando que la mayoría de las víctimas son mujeres y sus salvadores hombres.

El príncipe: Es el chico perfecto también, el caballero, el ideal de hombre. Siempre toma las decisiones correctas y acertadas. El Rey: Parece representar la ley en la tierra, el orden en el mundo. La Madrastra y las hermanastras: Son los obstáculos en la vida. las cosas que siempre intentan destruir nuestros sueños. Los animales: Representan a nuestros amigos en la vida. Aquellas personas que están siempre a nuestro lado y nos ayudan cuando tenemos problemas. El vestido de la Cenicienta: Está generalizada la opinión de que a las mujeres les encanta la ropa y evidentemente un evento de tal importancia es una buena ocasión para poder llevar un vestido elegante que nos distinga de los demás. El reloj: El tiempo es oro, es algo que tenemos que aprovechar lo máximo posible.
Además es algo que no podemos recuperar, que se pasa, por eso es tan importante usarlo de la forma más adecuada posible. El zapato de cristal: Una cosa especial, única para cada persona. Como cada uno de nosotros tenemos alguna posesión o pasión única y no compartida por nadie más. La calabaza: A veces no valoramos lo más cercano y común que tenemos más cerca y en un momento dado puede ser lo más importante en nuestras vidas. El Palacio: Es un ideal, una meta a seguir.

El final o la moraleja: Los sueños pueden convertirse en realidad, con constancia. Si eres bueno tendrás una buena recompensa en la vida.


Curiosidades

Sirva de comentario, el fenómeno que hace unos 20 años existía en Japón. Se llamaba “el síndrome de la Cenicienta” y estaba de moda. Muchas chicas querían casarse con un chico perfecto, alto, guapo, inteligente y rico.
Ellas pensaban que algún día ese hombre aparecería en sus vidas y las cambiaría para siempre. Las chicas pasaban la vida aburriéndose y esperado a alguien así. Pero es algo que de una forma o otra han soñado millones de mujeres en todo el mundo.