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La tipografía


¿QUIÉN LA INVENTÓ?


Se comenta que fue en China donde habían desarrollado las técnicas de la impresión. Luego, cuando las técnicas llegaron a Occidente, hombres como el holandés Laurens Coster y el alemán Johannes Gutenberg fueron considerados como las primeras personas que usaron estas técnicas en Europa.

¿PARA QUE SIRVE?

La tipografía es la notación y organización mecánica del lenguaje que se usa para hacer múltiples copias, ya sea por medios impresos o electrónicos.

EL DESCUBRIMIENTO

Los egipcios introdujeron el uso de láminas de médula de papiro, y los chinos la seda, mucho antes de que se hallara ese tesoro llamado papel. Fueron estos últimos quienes primero escribieron sobre papel, cuando en todo el mundo dominado por los romanos se leía sobre pergaminos de piel de carnero, cabra o ternera, muchos siglos antes de la medieval revolución de la imprenta. La cultura de los de ojos rasgados se puede atribuir el mérito de haber sido la primera en crear ese invento fundamental que terminaría de rematar el alemán Gutenberg.

En el año 593, en China se reprodujeron de forma múltiple dibujos y textos con la ayuda de caracteres tallados en tablas de madera, la xilografía. El invento se debe a los monjes budistas, que impregnaban las tallas de color para imprimir con ellas sobre seda o papel de trapos. Si bien el primer libro impreso (un sutra budista con ilustraciones) data del año 868.

Esta necesidad de imprimir libros surge de las disputas entre los eruditos a cerca de la autenticidad de los textos antiguos, decidiendo a partir de ese momento reproducir mediante grabado los textos de importancia cultural, para su difusión popular. Los caracteres móviles de imprenta y, con ellos, la composición tipográfica, se deben al alquimista chino Pi Cheng (1040). Éste conjugará los años de tradición de la xilografía con la herencia obtenida durante más de dos mil años de técnicas de estampación con sellos, creando tipos estándar que podían fabricarse en serie. Los signos creados correspondían a palabras completas. Se realizaban con arcilla sobre moldes en negativo y posteriormente se cocían. Una vez terminados se unían sobre un marco metálico componiendo frases, unidos todos con masa adhesiva, y se procedía a la impresión. Con la composición tipográfica surgió un modo de impresión mucho más rápido y flexible que la xilografía. A partir de entonces, la cultura pudo llegar a todas las capas de la sociedad.

Mientras en Oriente se avanzaba en esa técnica, en Occidente se hacía lo mismo. Los códices fueron los primeros libros, previos a la invención de la imprenta, que se hicieron en monasterios, primero, y en universidades, a partir del siglo XIII. El holandés Laurens Coster será en el siglo XIV el primero en utilizar tipos móviles de madera, aunque universalmente se considera inventor de la imprenta al alemán Johannes Gutenberg en el siglo XV por su creación de los tipos móviles de plomo fundido, mucho más resistentes - la tipografía.

Gutenberg conocía la dificultad de imprimir con páginas enteras talladas en madera e ideó un modo más racional de impresión, basado en tipos móviles. Así, en 1437 encargó a un tornero de Maguncia, Konrad Sasbach, la construcción de su imprenta y él mismo creó los moldes para el fundido de las letras de plomo, que después se unían, una a una, formando las palabras en relieve en la llamada galera de composición para poder imprimir con ellas sobre el papel. En 1447 consiguió imprimir un pequeño calendario y en 1451 una gramática de latín, aunque su obra cumbre sería una Biblia, llamada "de cuarenta y dos líneas" la que publicó en 1455. A partir de su muerte, 1468, su invento se extendió paulatinamente por toda Europa, y permaneció prácticamente inalterable hasta principios del siglo XX.

Pero hay que decir también que nadie sabe con seguridad si el alemán Johannes Gutenberg inventó, imitó o copió la primera imprenta que se vio en Europa. Lo único que se sabe con absoluta certidumbre es que en el año 1455 salieron de ella los primeros libros impresos con tipos móviles: 200 biblias pulcra y lujosamente presentadas. Ni su firma ni su efigie se conocen y estrenó su arte publicando un libro en el que no creía. Ese mismo año de 1455 dejó de saberse de él: debía dinero y se arruinó. Gutenberg es como un rayo de luz que desaparece en la niebla casi en el momento mismo de aparecer. Hay quien piensa que murió en 1488 y que al final de su vida recibió una pensión oficial, pero tampoco es seguro. Sus biblias son lo único tangible que conservamos de su paso por la Tierra.

ÉPOCA HISTÓRICA

Durante el siglo XV - y en general a lo largo de todo el Renacimiento - destaca nítidamente la disciplina editorial y en ella, muy especialmente, el libro: una de las mayores correas de transmisión de la cultura occidental. Aunque, por aquel entonces, sirvió más a menudo a exquisitas aficiones inventaríales que a propósitos sociales de divulgación de conocimientos.

En cierto modo, la socialización de la cultura no podía plantearse seriamente más que tras la invención de uno de sus medios de difusión naturales (la tipografía), y en un tiempo histórico en el cual - por primera vez en la Era Cristiana - el Teísmo convivió oficialmente con una filosofía seglar: el Humanismo. Durante el analítico siglo XV el Renacimiento culmina la supremacía del pensamiento condensando en el libro impreso la mayor parte de sus principios doctrinales estético-filosófico-matemáticos. El resultado, espectacular, es que en poco más de cincuenta años (los primeros de la tipografía) el libro adquiere como objeto cultural un valor de absoluta plenitud.

REPERCUSIÓN EN LA SOCIEDAD

La innovación, invento, copia o imitación, cundió por Europa con la rapidez del rayo, y los libros comenzaron a multiplicarse casi tan rápidamente como los censores políticos y religiosos que los quemaban según salían de la imprenta. Si atendemos, en cambio, el cálculo aproximativo establecido por Albert Labarre, parece que durante los primeros cincuenta años de la tipografía se imprimieron cerca de veinte millones de libros en Europa, cuya población se cifraba en unos cien millones, lo cual arroja un saldo de un libro por cada cinco habitantes.

En una sociedad eminentemente analfabeta el éxito del libro impreso con respecto al manuscrito, pese a la descalificación que de él hiciera Rafael, fue fulminante. Nos hallamos, pues, ante uno de los más considerables procesos de culturización de amplias élites ciudadanas, alcanzándose durante el siglo siguiente la vertiginosa cifra de doscientos millones de volúmenes publicados.

EVOLUCIÓN

Dentro de la historia de la impresión, no obstante, las técnicas han ido sucediéndose y variando con el paso del tiempo. Así, los primeros restos hallados de la técnica del huecograbado datan del año 1446 y pertenecen a un maestro alemán que grababa sobre planchas de cobre con ayuda de un buril. Una vez cubiertas con tinta, ésta quedaba retenida en el interior de las líneas de la imagen grabada mientras que el resto de la tinta desaparecía al limpiar la plancha. Después la impresión se realizaba sobre papel húmedo y con la ayuda de una prensa. Esta técnicas sería mejorada en 1878 por el austriaco Karl Klietsch, valiéndose de la aplicación de cilindros.

En 1796, el austriaco Alois Senefelder inventa la técnica de impresión denominada litografía. Se trata del primer proceso de impresión en plano. Para esta técnica se emplean como soporte placas de piedra caliza que absorben las sustancias grasas y el agua, aunque éstas no se mezclan entre sí.

Si se dibuja o escribe sobre dicha piedra con un color graso y acto seguido se humedece la superficie con agua, ésta penetrará en la piedra sólo en aquellos lugares no cubiertos por los trazos escritos. Si se aplica después tinta grasa de impresión sobre la piedra, las zonas mojadas no la aceptan, mientras que queda adherida al resto de la plancha, pudiendo procederse así a la impresión. Posteriormente, en 1826, Alois patentaría la litografía en color, logrando una técnica simplificada para lo que hasta ese momento sólo podía realizarse a mano.

Esta técnica sería mejorada en 1867 por C. Tessie du Motay, con la fotolitografía, siguiendo las investigaciones de las propiedades químicas de una cola de cromato sometida a la acción de la luz; investigaciones que ya habían realizado anteriormente William Henry Fox Talbot (1832) y Alphonse Louis Poitevin (1855). En 1822, el estadounidense William Church logra construir la primera máquina automática para componer textos, la componedora. La idea era mecanizar y facilitar al máximo la complicada tarea de componer manualmente los tipos de plomo de la tipografía, uno a uno, formando textos completos, como se hacía desde Gutenberg. De todos modos, el hecho de que la máquina cometiera ciertos errores hizo que no se impusiera de modo universal. Habría que esperar la invención de la linotipia en 1884.

En 1846, el inglés Smart inventa una rotativa para la impresión litográfica, en la que todo el proceso se automatiza excepto para la entrada (alimentación) y salida (retirada) del papel. Surge así la primera imprenta de offset automática. Aunque en 1845 Richard Hoe de los Estados Unidos ya había obtenido una patente referida a la primera rotativa moderna. La gran demanda en este período de grandes tiradas de los periódicos existentes, llegando a superar incluso la producción de libros, hizo posible el éxito de las rotativas. Así, en 1848 el diario londinense "The Times" pone en funcionamiento por primera vez una rotativa rápida de este tipo.

Algunos años después, en 1851, el constructor británico T. Nelson logra por fin desarrollar una rotativa para la impresión sobre bobinas continúas de papel y, más tarde, en 1863, el inventor estadounidense William A. Bullock obtendrá la patente de la primera prensa rotativa para la impresión de libros sobre papel continuó, modelo para las rotativas posteriores. A partir de este momento se darán algunos problemas, que van a ser corregidos años después. Son, por ejemplo, los cuellos de botella producidos en las fases de cortado y plegado del material impreso, así como la lenta tarea de la composición de los textos a mano.

Siguiendo con la progresión cronológica, hubo algunos intentos como el del inglés Black, que inventó en 1850 una máquina plegadora automática capaz de plegar en octavo hasta dos mil pliegos por hora, al estar equipada con dispositivos de plegado y corte. Es importante mencionar también a los técnicos ingleses Johnson y Atkinson, que en 1853 consiguieron construir una máquina completa de fusión de caracteres de imprenta, que era capaz de fabricar hasta 30.000 caracteres diarios. Este dato es especialmente relevante porque desde el instrumento manual ideado por Gutenberg para fundir tipos, apenas había variado esta técnica. En 1884 destaca un hito importante en la historia de la impresión, el invento de la linotipia por parte del relojero alemán Ottmar Mergenthaler, basado en la composición totalmente automatizada de los textos. La innovación consistía en la posibilidad de poder escribir una a una las líneas del texto mediante un teclado, en lugar de ir componiéndolas letra a letra con sus correspondientes tipos de plomo manualmente. Así, una vez finalizada la composición de una línea, se fundía el molde de impresión en negativo, con plomo líquido, obteniéndose un sello de plomo para la impresión. En 1904 la técnica de la litografía, y en general y mundo de la impresión, llega a su punto máximo con el desarrollo de la impresión en offset, utilizada en la actualidad.

El offset fue desarrollado por dos técnicos de forma independiente. Por un lado el alemán Caspar Hermann y por otro el impresor Ira W. Rubel. Aunque es Hermann el que obtiene su método a partir de la tradición histórica de la litografía, Rubel dió también con la invención pero de un modo casual, tras un fallo de uno de sus operarios en una rotativa.

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