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Miguel de Unamuno y la ciudad de Salamanca

¡Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla
académica palanca
de mi visión de Castilla!
Oro en sillares de soto
De las riberas del Tormes,
De viejo saber remoto
Guardas recuerdos conformes


Miguel de Unamuno nace en Bilbao en 1864, él mismo admite sentirse vasco y español. Se licencia en Letras en Madrid, con calificación de sobresaliente, a los diecinueve años y al año siguiente se doctora en Filosofía y Letras con la tesis titulada “Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca” (1884).

En 1891 gana la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca, ciudad con la cual establece una relación especial. En 1901 es nombrado Rector de la misma Universidad.

Practica todos los géneros literarios. Frecuentes son las composiciones líricas destinadas a exaltar las tierras de Castilla, considerada el corazón de España y especialmente, Salamanca, ciudad a la que se siente profundamente ligado, prueba de ello son los numerosos poemas dedicados a dicha capital, uno de los cuales aparece escrito en la fachada de su domicilio de la calle Bordadores donde vivió. Junto al edificio se encuentra la plaza que lleva su nombre y en la cual se levanta una escultura del escritor realizada por Pablo Serrano de la cual destaca el hecho de tener la mirada dirigida a los ya mencionados versos inscritos en la pared de su casa.

Miguel de Unamuno ha significado tanto para la ciudad charra de Salamanca, que el ayuntamiento decidió convertir la casa rectoral de la Universidad en lo que ahora es la casa-museo de Unamuno. El museo se encuentra en la calle Libreros, muy cerca de la fachada de la Universidad antigua y está abierto al público. También fue su residencia mientras desempeñaba el puesto de Rector de la Universidad. Es posible ver muchos de los objetos, muebles y utensilios que pertenecieron al escritor vasco, tales como plumas, libros, un escritorio etc.

Hoy en día, la ciudad de Salamanca sigue conservando este ambiente estudiantil. En sus calles llenas de historia, por las que tantas generaciones han pasado, muchos siguen encontrando el escenario perfecto para sumergirse en la cultura y en la vida social que no desaparece ni al ponerse el sol. Estos mismos lugares que recreó Unamuno en su novela Niebla mantienen desde hace muchos siglos la vida y el ambiente que las ha caracterizado siempre: los músicos ambulantes, los mimos, los malabares, los tunos en la Plaza Mayor... un sin fin de espectáculos callejeros que envuelven al viandante de colores, ritmos e historia a su paso.

Los más tradicionales de entre estos artífices de la música y el ambiente estudiantil, son los tunos. El origen de La Tuna es muy antiguo. Es probable que estuvieran vinculados a la Universidad, una de las más antiguas de Europa, desde sus inicios, y que tuvieran mucho que ver con el nacimiento del himno internacional de los estudiantes, el “Gaudeamus Igitur”. Muchos de los estudiantes no encontraban otra manera de subsistir que la de salir a la calle a rondar a las damas de la ciudad, que a través de las ventanas les lanzaban monedas. Estos primeros estudiantes con vocación de músicos nocturnos tenían bastante éxito y fama en lo concerniente al romance. La imagen del estudiante aparece recreada varias veces en la literatura (El estudiante de Salamanca, de Espronceda, o El diablo cojuelo, de Vélez de Guevara). También Cervantes, Lope de Vega, Calderón, etc., le hicieron protagonista de algunas de sus obras.

Hoy en día los estudiantes no sólo vienen de toda España, sino también de todas las partes del mundo, lo que hace que cada vez tenga un ambiente más internacional. En la Plaza Mayor, una especie de sala de estar para la ciudad, se oyen todo tipo de acentos, y es que cada año es el destino elegido por muchos estudiantes extranjeros para estudiar español. Salamanca es ante todo una ciudad que ofrece al visitante una perfecta combinación tanto de historia y cultura, reflejadas en sus monumentos y su universidad, como de vida social diurna y nocturna.

Artículo realizado con la colaboración de Matteo Mandrile, alumno del nivel avanzado.