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Excursión Barcelona

1. Localización.

Barcelona es la capital de Cataluña y está situada en la costa, rodeada por la sierra de Collserola, al norte, y los ríos Besós al este y Llobregat al oeste, y a menos de 150 kilómetros de los Pirineos.

Los idiomas oficiales son el catalán y el castellano. Las dos lenguas coexisten en una situación de bilingüismo similar al que existe en otras zonas del mundo.
Los textos legales que reconocen el catalán y el castellano como lenguas cooficiales de Cataluña son: La Constitución y el Estatuto de Autonomía de Cataluña.
El catalán es una lengua que entiende, escribe, lee y habla, la mayoría de la población de Barcelona.
En la mayoría de comercios y equipamientos de la ciudad la rotulación utiliza mayoritariamente las dos lenguas oficiales, hecho que enriquece el tejido sociocultural y la vida cotidiana de los barceloneses.


2. Clima.

Barcelona posee un clima mediterráneo, templado la mayor parte del año y algo caluroso y húmedo en verano. Las temperaturas medias en el mes de junio oscilan entre los 16 y los 24 grados centígrados, con un porcentaje medio de humedad relativa del 60%, lo que da una sensación de calor algo más fuerte. Sin embargo, la mayoría de hoteles y locales, así como los autobuses urbanos y el metro tienen aire acondicionado

3. Historia.

Barcelona es una ciudad abierta, cosmopolita y tolerante que debe gran parte de su carácter actual a la historia que acumula. Una historia que se remonta a unos 4.000 años atrás, ya que se han datado testimonios humanos que existieron desde finales del Neolítico.

La fundación de Barcelona como ciudad se debe al pueblo romano. A finales del siglo I aC se establece la llamada Barcino alrededor de lo que entonces era el monte Táber, justo donde hoy se encuentra la concurrida plaza Sant Jaume. Durante la ocupación romana, Barcelona se rodeó de imponente murallas. Se mantuvieron durante siglos ampliándose, incluso, más tarde y el crecimiento de la ciudad estuvo limitado por esta construcción.

Entre los siglos V y VIII Barcelona pasa de manos visigodas a musulmanas. Y en el año 801, las tropas de Carlomagno entran en la ciudad. El norte de Cataluña y la antigua Galia visigoda son ahora territorios francos y, en el año 878, Guifré El Pilós es nombrado conde de Barcelona, Girona y Besalú.

Este período, que suponía una nueva etapa, no durará demasiado. El ejército musulmán invade la ciudad, lo que para Barcelona tendrá dos consecuencias decisivas. Por un lado, su práctica destrucción y, por otro, su independencia de los francos, ya que el conde que gobernaba por aquel entonces, Borrell II, consideró que se habían quebrantado los vínculos de vasallaje y no se había prestado a la ciudad la ayuda necesaria. La solución al nuevo dominio de Barcelona pasa por su decisión personal de proclamarse duque ibérico y marqués por la gracia de Dios.

Comienza entonces otra etapa que, aunque complicada, supuso una rápida recuperación. A principios del siglo XI, Barcelona invade Córdoba y obtiene una importante victoria que se traducirá en riquezas y beneficios económicos.

Esta “recompensa” permite la ciudad evolucione a un ritmo más rápido. Además, los diferentes condados catalanes se fueron uniendo con Barcelona como capital de Cataluña para ampliar territorios e influencia.

A partir del siglo XII, en plena Edad Media, Barcelona vivirá una época floreciente como ciudad en todos los aspectos. El enlace entre el conde de Barcelona, Ramon Berenguer IV, y la hija del rey de Aragón unía los dos territorios, tanto a nivel económico, como político.

Barcelona mantuvo la capitalidad del nuevo gobierno y comenzó una época de expansión gracias al comercio abierto con el Mediterráneo y la obligación a la que estuvieron sometidos los reinos taifas musulmanes para satisfacer a la ciudad con tributos. Durante los siglos XIII y XV Barcelona protagoniza importantes conquistas territoriales sumando a sus límites, entre otros, el reino de Valencia y las islas Baleares, Sicilia y Cerdeña.

Durante esta época se construyen dos nuevos tramos amurallados: uno para proteger las nuevas villas anexionadas que quedaban fuera de los límites de la antigua muralla romana; otro para resguardar los campos de cultivo que se estaban extendiendo en la actual zona del Raval. Son años prósperos para una ciudad a la que el Mediterráneo parece quedársele pequeño y que empieza a ser destino de todo tipo de mercaderes, artesanos y navegantes. La mayoría se agrupan en gremios y se concentran en los alrededores del núcleo político, la plaza Sant Jaume, y en el típico barrio de la Ribera. Todavía hoy, paseando por el antiguo barrio gótico, pueden verse muestras de estas actividades profesionales en callecitas como Flassaders, Sombrerers, etc.

Esta época floreciente llegaría a su fin en el siglo XV. La peste negra y las guerras civiles se cebaron en la población de la ciudad, mientras las acciones militares en el exterior tampoco ayudaron a la situación. El comercio marítimo empezó a sufrir los ataques de los piratas y el descubrimiento de América en 1492 no fue igual de positivo para todos los territorios españoles. Especialmente para la Corona de Aragón, a la que no se le permitió comerciar con las colonias americanas hasta el año 1778, casi tres siglos después del descubrimiento del llamado Nuevo Mundo.

Castilla no veía con buenos ojos la independencia de Cataluña así que, en 1640, comenzó la llamada Guerra dels Segadors para frenar la ola de nacionalismo que había surgido en la ciudad. Barcelona resistió durante doce años hasta que, en 1652, las tropas castellanas doblegaron a la ciudad. Barcelona pudo conservar su autonomía, aunque no evitó su desmembramiento (es entonces cuando la parte norte de Cataluña pasa a dominio francés). La Guerra dels Segadors, que actualmente da nombre al himno catalán, supuso un duro golpe para la ciudad, pero no sería el único.

Entre 1705 y 1714 Barcelona sufrirá la Guerra de Sucesión que terminó finalmente con la conquista de la ciudad por las tropas castellano-francesas. La represión es enorme: no tan sólo se pierde totalmente la autonomía política, sino que Castilla se hace también con los territorios de Sicilia, Cerdeña, Nápoles o Mallorca. La única ley válida es la castellana y el idioma catalán se prohíbe absolutamente, tanto en la intimidad como en cualquier ámbito público.

Actualmente, el Fosar de les Moreres, situado en el barrio del Born junto a la iglesia de Santa Maria del Mar, recuerda esta derrota y una llama encendida representa la memoria de todos los catalanes caídos en la Guerra de Sucesión. En el Born hay otro curioso espacio que nos acerca a esta época y que fue descubierto casi por casualidad. En febrero de 2002, cuando se iniciaron las obras para recuperar el mercado del Born e instalar en él la Biblioteca Provincial de Barcelona, saltó la sorpresa. Bajo el suelo aparecieron los restos arqueológicos de la ciudad medieval de 1714 y que, probablemente, son el parque arqueológico más grande que se ha encontrado nunca en el casco urbano de una ciudad europea. En el paseo del mismo barrio aún podemos encontrar un curioso elemento histórico más de Barcelona: un cofre y cuatro balas de cañón numeradas que datan de la época medieval.

Después de esta tremenda época de crisis, Barcelona comienza de nuevo su recuperación. Seguía siendo una ciudad militarizada en la que incluso se construyó una enorme fortaleza para protegerla de invasiones (los restos de esta fortaleza son hoy el parque de la Ciutadella). El barrio del Raval y La Rambla, hasta entonces un paseo sin un significado especial para la ciudad, comienzan a urbanizarse. Sin embargo, mientras la ciudad evolucionaba, las tensiones sociales estaban a flor de piel.

El siglo XIX: llegan las nuevas tendencias

La primera mitad del siglo XIX se caracterizó por las revueltas y las convulsiones: en 1814 los obreros organizaron la primera huelga general que se conoce en la ciudad entre bombardeos, tumultos, incendios de conventos y conflictos de todo tipo. Estas tensiones y los evidentes deseos de cambio también trajeron consigo importantes reformas.

En 1848, Barcelona inaugura el primer recorrido de ferrocarril y su vocación industrial hace que se la conozca como “la pequeña Manchester”. En 1854 se derriban las murallas, lo que permitió un desarrollo urbanístico sin precedentes

Además, en 1859 se aprueba el plan de Ildefons Cerdà, que plantea la zona del Eixample barcelonés como el clásico esquema de cuadrículas y espacios públicos que podemos disfrutar hoy en día. La fortaleza militar de la Ciudadela también sufre los cambios y se destruye por completo para albergar un evento muy especial en la ciudad: la Exposición Universal de 1888. Habrá un antes y un después de esta fecha, sobre todo, desde que Europa ve a Barcelona como una ciudad con sus mismas inquietudes y la inmigración española empieza a llegar a la capital.

Desde finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, Barcelona empieza a ser el centro de una vanguardia cultural, preocupada por los nuevos avances científicos, técnicos y artísticos en cualquiera de sus manifestaciones. Mientras una nueva generación de industriales y políticos pertenecientes a la burguesía se preocupaban por los avances urbanísticos que convertirían a Barcelona en una ciudad moderna, el mundo intelectual se mueve por otro lado.

En 1897 un nuevo restaurante inspirado en Le Chat Noir de París se inauguraba en Barcelona. Se llamaba Els Quatre Gats y destacó por ser un lugar insólito, a medio camino entre las tabernas, el hostal tradicional y el refinamiento de las cervecerías modernistas del resto de Europa. Pronto empezó a estar frecuentado por artistas como Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Isaac Albéniz o Antoni Gaudíy, en 1899, un joven Picasso realizó en estas paredes su primera exposición. El ambiente bohemio de aquellos días todavía puede respirarse en la calle Montsió, número 3, muy cerca del Portal de l’Àngel.

El espíritu del Modernismo impregna a la ciudad en todos sus ámbitos artísticos, incluso, en la arquitectura. Barcelona se llena de una generación de artistas que llevan la fantasía a su máxima expresión y para los que el único tabú es la línea recta. Cerámica colorista, vidrieras, hierro forjado y un bestiario imaginario se incorporan a la arquitectura. El máximo exponente, cómo no, Antoni Gaudí y sus obras universales: la Sagrada Familia, la Casa Milà o la Pedrera, la Casa Batlló, el Parc Güell...

La Barcelona contemporánea

El siglo XX comenzó también períodos negros para la ciudad. En 1906 Barcelona vive su tristemente famosa Semana Trágica, con numerosos altercados, barricadas y quema de conventos. En 1914 se constituía la Mancomunitat de Catalunya, ya que la represión militar también trajo consigo el aumento del espíritu catalanista, pero unos años más tarde, el general Primo de Rivera daba un golpe de estado en el que se erigía en dictador. La represión sobre la ciudad fue muy dura; sin embargo, logró sobreponerse y, en medio de esta situación, Barcelona organizaba la Exposición Internacional de 1929.

En 1931 un período republicano devolvió las ilusiones a la ciudad, pero aún llegarían tiempos difíciles. En 1936 comienza la Guerra Civil española, en la que Barcelona sufrirá una de sus épocas más duras. Miles de personas tuvieron que exiliarse al extranjero, mientras los bombardeos se cebaban con la ciudad. En 1939, cuando terminó la Guerra Civil y comenzó la dictadura franquista, Barcelona sufrió la anulación de muchas libertades, incluyendo el autogobierno que se había conseguido en etapas anteriores y el libre uso de la lengua catalana, que volvió a ser prohibida.

La posguerra se desarrolló en este ambiente hasta los años 60, aproximadamente, cuando comienza un desarrollo económico e industrial que trae a la ciudad una gran corriente migratoria desde diferentes lugares de España. La infraestructura urbanística y de viviendas aumentó de forma espectacular, muchas veces, sin un criterio definido que hizo que nacieran barrios-dormitorio en las afueras de la ciudad.

La democracia llegará a España en 1975 con la muerte del dictador Franco. Barcelona recupera la Generalitat y la capitalidad autonómica de Cataluña mientras sigue creciendo a nivel industrial y cultural, como ya había intentado años antes.

En 1981, el Comité Olímpico Internacional anunció que Barcelona sería la sede de los Juegos Olímpicos de 1992. La ciudad empezó entonces una profunda transformación arquitectónica y urbanística que abrió la ciudad al mar, culminó con unos de los mejores Juegos Olímpicos de la historia y proyectó al mundo la imagen de una Barcelona moderna, abierta y hospitalaria.

El Fòrum de les Cultures 2004 ha sido el último evento a nivel mundial celebrado en Barcelona. Sin la misma repercusión ciudadana que la conseguida por los JJOO, el nombre de Barcelona ha vuelto a pasearse por el mundo y ha supuesto la construcción de nuevos espacios, como un moderno centro de convenciones y un auditorio. A la espera de la función definitiva del recinto en el que se ha emplazado el evento, lo que ya es un hecho es la recuperación de una de las zonas urbanas más olvidadas de la ciudad.

Actualmente, Barcelona es uno de los principales destinos turísticos de Europa. Y sobran los motivos. Ha sabido mantener su identidad sin renunciar a la convivencia, ha despuntado en diseño sin perder sus tradiciones y se ha convertido en una capital cosmopolita sin olvidar sus costumbres. Estamos en una ciudad privilegiada, que evoluciona y se reinventa sin dejar de ser siempre la misma.

4- Monumentos

La Rambla

Un paseo de 2 kilómetros que va desde la Plaza Cataluña hasta el puerto de Barcelona que muestra lo que tal vez sea la esencia de Barcelona. En este paseo encontrarás gente de todas las edades, nacionalidades y clases sociales, incluyendo limpiabotas, pequeños quioscos de flores, estatuas vivientes, acróbatas, malabaristas, músicos, grandes galerías de negocios, cafeterías y terrazas estupendamente cómodas. Algunos de los sitios de interés en este paseo son el Mercado de La Boquería, la Academia de Ciencias, la iglesia gótico-barroca de Belén, el Palacio Moya y la Casa Bruno Cuadros. Es uno de los sitios más famosos del turismo en Barcelona.

El Barrio Gótico

El Barrio Gótico es una de las zonas más antiguas e interesantes de la ciudad. No puede visitar Barcelona sin ver el Barrio Gótico. En esta área se pueden ver muchas ruinas conservadas de antiguas fortificaciones de la época del Imperio Romano. Miles de turistas visitan esta zona cada año y es el lugar más de moda para vivir. Es fácil perderse en sus calles sinuosas, pero los muchos bares de tapas y los pequeños cafés hacen el paseo de lo más placentero. Algunos de los lugares interesantes para hacer turismo son la Plaza del Rei, la Plaza Reial (ver foto) y la Catedral gótica.

La Pedrera

Este centro cultural está ubicado en una de las más importantes obras arquitectónicas de la ciudad. La Casa Milà, más conocida por La Pedrera, está divida en dos espacios: el Espacio Gaudí, un museo sobre la carrera del arquitecto y sus innovadoras técnicas y un espacio que exhibe exposiciones temporales, donde desde '92, han pasado más de 20 exposiciones de artistas como Dalí, Dürer o Clavé.

Las dos cimas: Montjuïc y el Tibidabo

La Montaña de Montjuïc fue el telón de foro de la Exposición Universal de 1929. Los edificios de Montjuïc representan todos los estilos arquitectónicos que se pueden encontrar típicamente en España. Los lugares más espectaculares para ver en esta montaña son, entre otros: el Pueblo Español, el Estadio Olímpico, una fortaleza del siglo XVII y los maravillosos parques.

Tibidabo: Para llegar a la cumbre de la montaña del Tibidabo, deberás coger el último tranvía que queda en circulación, una atracción turística muy útil para visitar esta zona de Barcelona. Una vez arriba, encontrarás uno de los más famosos y magníficos parques de atracciones de Europa. Lo mejor del lugar es la fantástica vista sobre Barcelona.

La Barcelona Olímpica

El recorrido por la Vila Olímpica nos permitirá conocer este nuevo barrio barcelonés, parte importantísima de las obras del programa olímpico. Comenzamos nuestro paseo a partir de la plaza dels Voluntaris en la que encontramos, justo en frente, las dos torres. Una de las torres es el hotel Arts, obra de los arquitectos Bruce Graham y Frank O. Ghery, tiene 44 pisos y 456 habitaciones; la otra es la torre Mapfre, debida a la inspiración de Iñigo Ortiz y Enrique de León. Es un edificio de oficinas con un centro comercial situado en la planta baja. Estas dos torres, tienen una altura de 153,5 m y son las más altas del Estado español.
En la misma plaza hay una fuente gigante obra de Josep M. Mercè y, no mucho más lejos, se puede ver la cara de la escultura David i Goliat, de Antoni Llena. Algo más alejada vemos El peix d'or, de Frank O.Ghery y detrás, los jardines de Atlànta, en los que está la chimenea de Can Folch, testimonio del pasado industrial de la zona, y el grupo de edificios en forma de elipse, obra del equipo de arquitectos Martorell-Bohigas-Mackay-Puigdomènech, que han diseñado el conjunto de la Vila Olímpica. Podemos dar un corto paseo por el parque del Puerto Olímpico , hasta llegar a la calle Rosa Sensat.

Atravesando la plaza, llegamos a la calle Salvador Espriu en la que encontramos una de las fuentes diseñadas por Oscar Tusquets y el escultor canario Juan Bordas. Podemos cruzar la Ronda del Litoral pasando por los puentes de madera y llegaremos al Parc dels Ponts (Parque de los Puentes), en el que hay un pequeño canal. La gran escultura Tallavents, de Francesc Fornells, se levanta en el cruce de las calles Salvador Espriu y Vicens Vives. Finalizaremos este breve recorrido en la plaza dels Campions (Campeones), en la que encontramos, en el suelo, el detalle de las 257 medallas de oro conseguidas durante los Juegos Olímpicos de 1992. Algunos de los ídolos del deporte han dejado en esta plaza la huella de su mano.

Las Fuentes de Montjuïc

Debida a la inspiración del ingeniero Carles Buïgas, que ideó un nuevo tipo de fuente-surtidor en la que el elemento artístico son las formas cambiantes del agua, la Font Màgica es una de las últimas obras que se llevaron a cabo en el recinto de la Exposición Universal de 1929. El proyecto se completó con cascadas y fuentes instaladas en diversos lugares de la avenida María Cristina, pero el elemento fundamental fue la monumental fuente situada sobre una plataforma levantada al final de la avenida, con la perspectiva del Palau Nacional al fondo.
Podemos también disfrutar en la ciudad de un patrimonio de fuentes ornamentales y públicas que añaden encanto a las calles y plazas en las que están situadas.

El Gran Teatro del Liceo

Se construyó en Barcelona por iniciativa del Liceu Filharmònico-Dramàtic Barcelonés. Joaquim de Gispert, socio y director de la entidad, consiguió la cesión de los terrenos del antiguo convento de los trinitarios de la Rambla, lugar en el que se comenzó a levantar el teatro en el año 1844; se confió la dirección de las obras al arquitecto Francesc d'Assis Soler, quien fue substituido un año más tarde (1845) por los arquitectos Josep Oriol Mestres y Miquel Garriga i Roca. El Gran Teatre del Liceu se inauguró el año 1848.

En el transcurso de los años se produjeron en el teatro dos incendios y un atentado; el primer incendio, el año 1861.

Para proceder a la restauración del Liceu el arquitecto Josep Oriol Mestres solicitó la colaboración de los mejores pintores realistas del siglo XIX barcelonés: Martí Alsina y Rigalt i Caba. La nueva inauguración del teatro tuvo lugar el 20 de abril de 1862. El 7 de noviembre de 1893, durante la representación de la ópera Guillermo Tell estalló una bomba. El autor del atentado fue el anarquista Santiago Salvador Franch. En enero de 1894 se reanudaron las representaciones. El 31 de enero de 1994, debido a las chispas que se produjeron durante las reparaciones que efectuaban unos soldadores en el escenario, se originó el segundo incendio que ha sufrido el teatro. El fuego quemó el escenario, pasó al patio de butacas y causó el hundimiento del techo del edificio, que fue declarado siniestro total.

Una vez finalizadas las obras, la inauguración del nuevo Teatre del Liceu tuvo lugar el día 11 de octubre de 1999 con la representación de la ópera Turandot de Giacomo Puccini.

Gaudí y el modernismo

Antoni Gaudí i Cornet, el increíble arquitecto, artista y diseñador nació en Cataluña (España) en 1852. Gaudí vivió durante el esplendor del "Modernismo", el movimiento artístico y arquitectónico que se corresponde con el "Art Nouveau" en Francia y el "Jugendstil" en Alemania. Antoni Gaudí realizó la mayor parte de su obra en Barcelona, donde investigó con osadía diversos tipos de edificios y de formas, sin que los objetivos de su visión se vieran nunca constreñidos por las limitaciones de lugar o época. Las creaciones más famosas de Gaudí, y las que no hay que dejar de ver si se tiene la ocasión, son: el Parque Güell, Sagrada Familia, La Pedrera y Casa Batlló. Todos los edificios ideados por el arquitecto son ahora elementos esenciales del turismo en Barcelona.

El Palacio de la Música

El Palau de la Música Catalana es una de las principales salas de conciertos del mundo.
Considerado como uno de los máximos exponentes del Modernismo, fue edificado por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner durante los años 1905-1908.
En 1997 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El parque de la Ciudadela
Merece realmente la pena visitar este parque de Barcelona, aunque sólo sea para un tranquilo paseo. Ofrece muchas posibilidades, que incluyen varios monumentos y lugares para ver. Además, dentro del parque encontrará la entrada del zoo. Una de las cosas más agradables que se pueden hacer en el parque es alquilar una barca y remar por el lago, situado en el centro del parque o descansar disfrutando de los juegos de luz y sombra en uno de los peculiares invernaderos.

La Catedral de Barcelona

Los orígenes más remotos de la Catedral de Barcelona corresponden a una basílica de tres naves que fue destruida por Al-Mansur (925). Los restos de esta basílica se pueden ver en el Museo de Historia de la Ciudad . Hacia 1046 se comenzó la construcción de un nuevo templo debido a la iniciativa del obispo Guislabert. De este templo no se han conservado casi referencias: se supone que ocupaba parte del edificio gótico, pero sí que se han conservado algunos de sus elementos románicos.

Sagrada Familia

Quizás el símbolo más emblemático de Barcelona. Su construcción tuvo inicio el 1882 y Antoni Gaudí le dedicó 40 años de trabajo, hasta su muerte el 1926. Desde entonces distintos arquitectos se encargan de su conclusión.

Museo Picasso

El Museo Picasso de Barcelona es el centro de referencia para el conocimiento de los años de formación de Pablo Picasso. A través de las más de tres mil quinientas obras que conforman la colección permanente se desvela el genio del joven artista. Pero el Museo Picasso es también el testimonio de su vínculo con Barcelona. Un vínculo estrecho e inseparable forjado en su adolescencia y juventud, y que se prolongó hasta su muerte.

Gracias a la voluntad de Picasso y de su amigo Jaume Sabartés, Barcelona dispone hoy de la obra de juventud de uno de los artistas más significativos de la escena artística del siglo XX.

Museo Nacional d´Art de Catalunya (MNAC)

Ubicado dentro del antiguo "Palau Nacional" al pie de Montjuïc, es considerado el mejor museo de arte de la ciudad. Contiene una colección enorme de Arte Medieval que data de los períodos Románico y Gótico.

Muchos de los frescos fueron obtenidos de iglesias romanas que se encontraban en pueblos de los alrededores. Afortunadamente, esto fue antes de que muchas de estas iglesias fueran atacadas durante el conflicto con el gobierno de Madrid. Además de pinturas, el museo tiene impresionantes esculturas y grabados en madera, entre otras obras.

En un paseo por el museo pueden visitarse diferentes salas que resumen la historia del arte catalán:

Arte románico
La sala de arte románico reúne obras fundamentalmente catalanas que en su mayoría pertenecen a los siglos XI, XII y XIII. El arte románico es el primer movimiento artístico medieval que alcanzó cierto grado de internacionalidad en Europa. La parte más emblemática de la colección corresponde a los conjuntos de pintura mural que, por sus dimensiones y su calidad, caracterizan el recorrido. Se trata de una serie excepcional, considerada única en el mundo.

Arte gótico
El arte gótico se caracteriza por la riqueza material y la profusión decorativa de las artes figurativas en las diferentes tipologías y técnicas: pintura mural, pintura sobre tabla, orfebrería, esmalte, escultura en piedra, madera y marfil. El fondo de arte gótico del Museo está constituido por obras de procedencia mayoritariamente catalana del período comprendido entre el siglo XIII y finales del XV.

Arte del Renacimiento y barroco
Aunque no se trata del punto fuerte del museo, el MNAC ofrece una excelente selección de piezas de este período que se consiguieron reunir en Cataluña durante el siglo XIX.

Siglos XIX y XX
Se trata de un paseo por el Neoclasicismo, el Romanticismo, el Realismo, el Modernismo, el Noucentisme, la "generación de 1917" y la vanguardia catalana.

Dibujos y grabados
El fondo artístico que nutre las colecciones del Gabinet de Dibujos, Grabados y Carteles del MNAC incluye 36.656 dibujos, aproximadamente 50.000 grabados y unos 10.000 carteles. También forman parte de este fondo un valioso conjunto de ex libris y una colección de planchas calcógraficas y moldes de madera.

Numismática
Una colección de 105.000 monedas que datan desde el siglo VI aC hasta la actualidad, 75.000 medallas desde las realizadas en Italia en el siglo XV hasta las más modernas y una muestra de papel valor que cuenta con billetes, bonos y vales de especial interés histórico para Cataluña.

Fotografía
La colección fotográfica intenta reunir lo mejor de la historia catalana en este ámbito. Además de la fotografía histórica también hay excelentes muestras de imágenes de vanguardia.

Fundación Joan Miró

La obra artística del pintor Joan Miró tiene un lugar propio en el edificio de esta fundación, situado en la montaña de Montjuïc. Aquí se expone una colección permanente de pinturas del artista que muestran su personalidad creativa y que se combinan con diferentes exposiciones itinerantes. En un espacio al aire libre en el mismo edificio se pueden encontrar esculturas de Joan Miró, como la llamada Bon día, Barcelona, una de las que más llama la atención.

Joan Miró mostró, a lo largo de su vida, un gran interés por la diversidad de los materiales, de las formas y de los colores, que lo llevó a experimentar con diferentes géneros artísticos: pintura, escultura, obra gráfica, cerámica, teatro y obra textil. Para conocer su personalidad en profundidad lo mejor es no perderse ninguna de las salas que componen el edificio: la Sala Tapiz, la de Esculturas, la Sala Pilar Juncosa (que fue su mujer) o la Joan Prats, la que refleja su obra en los años 60 y 70 o la llamada Sala K. Para acabar la visita no podemos perdernos un paseo por la terraza donde, además de disfrutar de unas vistas excelentes de Barcelona, se pueden ver obras del artista como La caricia de un pájaro, realizada en bronce pintado. En total, un recorrido que pasa por unas 11.000 piezas del artista: 240 pinturas, 175 esculturas, 9 textiles, 4 cerámicas, la obra gráfica casi completa y unos 8.000 dibujos.

En la Fundació Miró, un extraordinario edificio firmado por el que fue gran amigo del artista, Josep Lluís Sert, pueden verse algunos de los elementos más recurrentes de Miró (la mujer, el pájaro, el cielo o las estrellas). Sin embargo, Barcelona ofrece mucho más sobre el artista. En el suelo de La Rambla, cerca del Teatro del Liceu y el Mercado de la Boqueria, puede verse uno de sus mosaicos, el llamado Pla de l’Os. Y también al aire libre, en el parque de l’Escorxador, se levanta una de sus esculturas más significativas, Mujer y pájaro.

Joan Miró nació en Barcelona en 1893 y murió en Palma de Mallorca en 1983. Fue pintor, escultor, grabador y ceramista pasando por diferentes épocas en su trayectoria artística. Hasta 1919 su pintura estuvo marcada por influencias cubistas (ese mismo año conoció a Picasso en París) y sus obras reflejaban paisajes, retratos y desnudos. Más tarde se empezó a acercar al surrealismo con un lenguaje onírico y fantasmagórico muy influenciado por Klee.

Su primer reconocimiento internacional llegó en 1928, cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió dos de sus telas. Después de una época en la que él mismo se cuestiona el sentido de la pintura comienza su producción escultórica. Las obras más significativas son las que realizó durante la Guerra Civil española y que muestran su dicotomía entre el desgarro de la situación y su carácter ensoñador. Ganó el segundo aspecto y Miró continuó con su clásica visión algo ingenua del mundo (pájaros, estrellas, figuras femeninas...). Las obras murales de gran tamaño que pueden verse, por ejemplo, en el aeropuerto de Barcelona o en la Universidad de Harvard marcaron el final de su carrera.