Excursión
a Madrid
1. Localizacion
Al
mirar en un mapa la Comunidad de Madrid, resulta así como
un triángulo equilátero, en cuyo centro se hallaría
la ciudad. Parece que los límites de geográficos resultan
de considerar los elementos naturales: por un lado, el sistema central,
por otro el deseo de incluir el Real Sitio de Aranjuez (lo que llevó
a extenderlo hasta el tajo), y finalmente el tercer lado del triángulo,
que resulta de la ruptura de las cuencas fluviales y otras unidades
geográficas.
La Comunidad de Madrid ocupa una superficie
de 8.028 Km./2 (aproximadamente el 1,6% del total del territorio
español. Prácticamente la totalidad de la Comunidad
se sitúa entre los 600 y los 1.000 metros, siendo nuestra
cota más alta la de Peñalara con 2.430 metros, la
mínima la encontramos en el río Alberche en Villa
del Prado con 430 metros. Otras alturas considerables, además
de famosas, son la Bola del Mundo, en Navacerrada, con 2.258 y los
Siete Picos, en Cercedilla, con 2.138.
2. Clima
El
clima en Madrid es bastante agradable si lo comparamos con otros
países de la comunidad europea. Gran parte del año
nos beneficiamos con días de sol. En pleno invierno, en los
meses de enero y febrero las temperaturas rara vez llegan a los
cero grados pero aún así, no está demás
llevar un buen abrigo puesto. En primavera la temperatura es agradable
llenándose el paseo de la Castellana de hermosas flores y
en verano hay días de intenso calor pero no deja de ser soportable.
El otoño también es agradable con excepción
del último mes que se deja sentir ya los días de frío
del invierno que se avecina. En general no llueve mucho en verano
(julio-agosto) por lo que del paraguas no te preocupes en esta época
del año, pero en los cambios de estaciones mejor llevar por
las dudas uno debajo del brazo.
3. Historia
Ya en los tiempos del Paleolítico Inferior
(400.000 años atrás) había madrileños.
En una zona rodeada por extensos ríos (hoy Manzanares, Henares
y Jarama) que permitían una abundante pesca, y por extensas
zonas de copiosa vegetación en la que se escondían
ciervos, caballos y toros y elefantes, ( algunos de hasta cinco
metros de altura) aquellos hombres fabricaban utensilios prácticos
para sus quehaceres diarios. Avanzando en los avatares de la historia,
tenemos que ir hasta los tiempos de la estancia del pueblo musulmán
para poder hablar de Madrid como una ciudad. No obstante sabemos
que en las edades del Cobre y del Hierro los primeros "madrileños"
dejaron restos de vida, mucho más adelantada hacia la cultura
íbera; restos que podemos encontrar en el Museo Arqueológico.
DOMINACIÓN ÁRABE - LA
RECONQUISTA
La primera noticia histórica del origen de la villa de Madrid
data de mediados del siglo IX, cuando el emir Mohamed I levantó
un castro árabe en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real.
En los alrededores de este alcázar pronto se desarrolló
una ciudadela amurallada de carácter eminentemente militar,
conocida con el nombre de al-Mudaina.
Durante La Reconquista fue objeto de varios ataques hasta que, finalmente,
Alfonso VI la conquistó en el año 1083.
CARLOS
I - FELIPE II
Hacia el año 1200 obtuvo su Fuero
y muy pronto el Madrid medieval se convirtió en una pequeña
villa frecuentada por algunos monarcas de la Casa Trastámara
(Enrique III, Juan II y Enrique IV) para practicar la caza.
El siglo XVI marca el inicio de una nueva etapa en la vida de la
capital. Carlos I le concedió los títulos de Coronada
e Imperial y comenzó la transformación del viejo Alcázar
en Palacio Real.
En el año 1561 Felipe II trasladó la Corte de la imperial
Toledo a Madrid, donde permanecerá siempre.
DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS
Durante los siglos XVI y XVII conoció una época de
crecimiento y se convirtió en la capital del vasto imperio
español.
Comenzaron a construirse suntuosos palacios, iglesias, conventos,
etc. que conforman el conocido Madrid de los Austrias.
Durante el reinado de Felipe IV vivió un excepcional período
de esplendor cultural, con la presencia en la villa de genios de
la talla de Cervantes, Quevedo, Góngora, Velázquez,
Lope de Vega y Calderón de la Barca.
DINASTÍA DE LOS BORBONES
La
llegada al trono de la dinastía de los Borbones, a principios
del siglo XVIII, supuso un renacimiento que le permitió salir
de la postración en la que quedó, al igual que el
resto de España, tras el reinado de Carlos II.
Sus momentos más brillantes se personalizan en el monarca
Carlos III, conocido como el mejor Alcalde de Madrid. Fue en la
época de la Ilustración cuando Madrid se pobló
de museos, academias y bibliotecas.
Con el reinado de Isabel II comienza una nueva etapa de crecimiento
urbanístico: es el Madrid Romántico de principios
del siglo XIX, caracterizado por las tertulias en los cafés,
una incipiente clase media, las primeras industrias y la agitada
vida política con el turno en el poder de los partidos liberal
y conservador.
LA SEGUNDA REPÚBLICA
En la primera mitad del siglo XX aparece el movimiento denominado
Generación del 98 como la principal representante de las
inquietudes políticas y culturales que se viven en España.
Es el Madrid del reinado de Alfonso XIII, de la Dictadura de Primo
de Rivera, de la Segunda República y del continuo asedio
sufrido durante la Guerra Civil de 1936.
Tras la contienda, sobre todo a partir de la década de los
cincuenta y la siguiente, se produce la verdadera explosión
madrileña que conduce al Madrid actual, una gran urbe con
los problemas tradicionales de las grandes ciudades pero con magníficos
conjuntos monumentales que la hacen una de las más interesantes
de Europa.
FIN SIGLO XX
En la década de los noventa, Madrid puede ser calificado
de complejo cultural. Durante el año 1992 fue la Capital
Europea de la Cultura.
Las actividades ligadas a la circulación de la información,
el capital, las mercancías y las personas, desde los servicios
financieros y bancarios, los transportes y viajes y las actividades
empresariales fueron las que mayores crecimientos registraron.
El área metropolitana madrileña se configuró
en el decenio de los noventa como uno de los principales centros
del Sur de la Unión Europea, ampliando las tradicionales
funciones y dimensiones de Madrid como centro de servicios a escala
nacional.
4. Monumentos del Madrid de la Bohemia
Estación
de Tren Atocha: En Madrid existen dos estaciones principales
de tren: Chamartín y Atocha. Ambas son estaciones de trenes
de largo recorrido y de Cercanías. Situada en la zona sur
de la ciudad, está muy próxima al centro.
La estación de Atocha representa la entrada de los visitantes
a Madrid por el Sur de la ciudad. Es un lugar muy concurrido y no
solamente por viajeros: el jardín interior, frondoso y exótico,
ha establecido un microclima en la zona central de la estación.
En invierno, este jardín -obra de Cesar Manrique- atrae a
parejitas varias y a madrileños ociosos.
El edificio de la estación
de Atocha fue inaugurado el 9 de febrero de 1851 con el nombre de
Estación de Mediodía. Un incendio destruyó
gran parte de su estructura, que fue nuevamente levantada en hierro
según el diseño de Alberto de Palacio en 1892. Está
considerado como una obra de arte de la arquitectura ferroviaria
decimonónica. La última ampliación y remodelación
es obra del arquitecto Rafael Moneo. La solución es de un
conjunto de edificios rematados por una torre, a modo de una pequeña
ciudad italiana de la Toscana; así el arquitecto español
crea nueva estación con forma de gran sala abierta con cubierta
monumental plana, utiliza la antigua estación de gran vestíbulo
(jardín), sitúa un templete-linterna que sirve de
comunicación a todos los servicios de transporte, y crea
una plaza semienterrada, con una torre-reloj que advierte a los
ciudadanos la presencia de la estación desde la distancia.
La estación está definida por
unos muros de ladrillo y una cubierta metálica en forma de
arco. La fachada principal, cerrada con un gran paño de vidrio,
está flanqueada por dos edificios que albergaban las taquillas
y los servicios.
En 1985 se remodela la estación para
aumentar su capacidad.
El jardín tropical:
Ya no hay ese humo que acompañaba la salida de aquellas legendarias
máquinas de vapor. Aunque tampoco se ha perdido del todo,
porque ahora el ambiente se envuelve en esa capa sedosa que da otra
nube: la que conserva el jardín tropical, de 4.000 metros
cuadrados, con 7.000 plantas de 400 especies.
Escenario de acontecimientos históricos
(como la salida de los tropas españolas a la Guerra de África)
o sociales (como el recibimiento multitudinario al torero Joselito,
muerto en la plaza de Talavera de la Reina); lugar escogido por
escritores para sus novelas (como Galdós, Foxá o Muñoz
Molina), y plató para películas como Kika (de Pedro
Almodóvar), el trasiego diario parece mezclar realidad y
ficción como si se tratara del mayor espectáculo del
mundo reflejado en una enorme pantalla tridimensional. También
tenemos que añadir los dos últimos acontecimientos
ocurridos en el 2004: Los atentados del 11-Marzo y la Boda Real
de S.A.R.D. Felipe de Borbor con Dña. Letizia Ortiz.
A escasos metros de la Estacion de Atocha
se encuenta la Cuesta de Moyano, Claudio Moyano
Samaniego (1809-1890) fue catedrático de Derecho Civil y
Economía Política, alcalde constitucional de Valladolid
y ministro de Fomento.
Pero su celebridad radica en que en el año 1857 (s. XIX)
publicó la ley de Instrucción Pública, en donde
se recoge la obligatoriedad de la enseñanza primaria. Por
ello se le dedicó un monumento y una calle: la cuesta de
Moyano.
Colocado el monumento a la entrada de esa
calle, la escultura en bronce le representa a tamaño natural,
de pie y con un libro en las manos.
La calle, con una cierta pendiente que desciende
desde los jardines del Retiro a la plaza de Atocha,
bordeando el Ministerio de Agricultura, es conocida también
como la cuesta de los libreros.
Allí, y en paralelo a la verja del
Jardín Botánico, se extienden permanentemente
una serie de casetas de madera donde distintos comercios de libro
antiguo exponen su oferta, y donde se pueden encontrar ejemplares
ya desaparecidos de las librerías convencionales. Diariamente,
su horario de apertura depende de la luz diurna.
Su especial emplazamiento hace de este lugar
un espacio madrileño agradable y curioso para un paseo tranquilo
y relajado.
Seguiremos nuestra excursion por el Paseo
del Prado: en concreto el tramo comprendido entre la puerta
de Atocha y las Cuatro Fuentes, era hasta el siglo XVIII una alameda,
lindante con algunas huertas y con un barranco que daba lecho al
arroyo de Valnegral, que venia descubierto desde los pinares del
camino de Maudes, donde con posterioridad se situó el Jardín
Botánico, jardín de antigua presencia en la capital
y que sufrió varios traslados. El recinto fue adornado con
una elegante verja , ornamento completado en su parte central por
una sencilla portada clásica de granito donde una inscripción
indica que la obra fue realizado por el rey Carlos. Al fondo del
paseo que comienza en al puerta que da al Prado hay una elegante
portada con cuatro columnas de orden dórico, que da ingreso
a la cátedra de Botánica, existiendo otro invernadero
de plantas tropicales arrimado a la parte del muro que da a la calle
de Espalter. También encuadran el recinto la biblioteca y
el herbario, donde se reúnen mas de treinta mil especies
distintas.
Desde mediados del siglo XIX el embellecimiento continuado del paseo
hizo que este se convirtiese en zona favorita de paseo de las clases
altas de la capital.
A
continuacion del Jardín Botánico nos encontramos EL
MUSEO DEL PRADO: nuestra renombrada pinacoteca no fue concebida
en su origen como tal, sino que el edificio de Juan de Villanueva
de 1785 fue diseñado, en principio, para albergar un Gabinete
de Historia Nacional y Academia Ciencias. Esta creación se
enmarca dentro del ambiente ilustrado de la época de Carlos
III, en cuyo reinado, como ya hemos visto, se habían promovido
la creación del Salón del Prado y, junto a él,
la del Real Jardín Botánico. El Museo del Prado ofrece
al visitante un legado artístico tan valioso como extenso:
dentro de un catálogo verdaderamente deslumbrante se pueden
resaltar los nombres de Diego Velázquez y Francisco de Goya,
ya que el Prado atesora una parte sustancial de la obra de ambos
genios de la pintura universal, incluidos, por supuesto, lienzos
tan conocidos como Las Meninas de Velázquez, y Las Majas
de Goya.
Un elemento destacado de la ornamentación
del paseo son sus fuentes, elementos ya recogidos por el proyecto
de José Hermosilla en tiempos de Carlos III, fontanas entre
las que podemos destacar a de la Alcachofa situada al final del
Botánico y que actualmente se encuentra en el Retiro, la
de las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Cibeles y sobre todo
la de Apolo, también llamada la de las Cuatro Estaciones,
que ocupa el centro del que se llamo el Salón del Prado.
El Salón del Prado en la época
del romanticismo es descrito como un paralelógramo rectángulo
de amplia superficie cerca de la Carrera de San Jerónimo
y de la calle de Alcalá que se separa del paseo de coches
por un antepecho de hierro bronceado. El Salón tenia tres
paseos, que venían a ser privativos de las tres clases sociales,
así la gente distinguida paseaba por el sitio amplio y despejado
cerca de los coches, el pueblo llano paseaba por la arboleda próxima
a San Fermín, y por ultimo se reservaba un estrecho espacio
limitado por una serie de bancos que daba al paseo de carruajes,
lugar llamado París por estar reservado a la más selecta
concurrencia. Este espacio fue uno de los puntos de reunión
de los madrileños en los reinados de Fernando VII y de Isabel
II, zona de paseo que fue abandonada cuando el Salón fue
trasformado en jardín, iniciativa llevado a cabo por el alcalde
de la capital el marqués de Lerma en 1904, privando así
a los madrileños de uno de sus espacios preferidos de diversión
y esparcimiento.
Fuente
de Neptuno: La de Neptuno representa al dios del Mar, que
conduce un carro formado por un gran caracol marino tirado por caballos
con cola de pez.
Su historia, al convertirse en uno de los
personajes preferidos del pueblo de Madrid y símbolo de una
afición futbolística, ha sido azarosa, perdiendo varias
veces el tridente que le adorna, e incluso el brazo que lo empuña
a manos de algún entusiasta desaprensivo.
MUSEO THYSSEN: cuando el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza
se hizo cargo de la colección centró sus intereses
en aquellos períodos de la historia de la pintura a los que
su padre había prestado menos atención. Aunque el
barón siguió comprando cuadros de maestros antiguos
como Duccio, Kalf, Saenredam o Goya; su cambio de criterio le llevó
a adquirir, siempre con un gran sentido para reconocer la calidad,
obras de los siglos XIX y XX. A partir de este momento su búsqueda
se centró en el impresionismo, postimpresionismo, fauvismo,
los movimientos expresionistas alemanes, las vanguardias y la pintura
de postguerra europea y americana. Monet, Van Gogh, Picasso, Mondrian,
Bacon o Lichtenstein, nombres fundamentales de la historia de la
pintura forman parte de esta colección.
Monumento del dos de Mayo:
Este monumento fue uno de los pocos aprobados en el trienio liberal
de Fernando VII (1820-1823) que llegó a realizarse, quizá
por su significado de lucha contra el ejército invasor de
Napoleón. Este tipo de monumentos ya habían sido realizados
anteriormente en España, pero como obras de arquitectura
efímera. Fues en las Cortes de Cádiz de 1812 cuando
se aprobó como obra permanente, y se ratificó en Madrid
en 1814, señalándose en el artículo segundo
como "en el terreno donde actualmente yacen las víctimas
del dos de mayo, contiguo al salón del Prado, se cierre con
verjas y árboles y en su centro se levante una sencilla pirámide
que trasmita a la posteridad la memoria de los leales y tomase el
nombre de campo de la lealtad". Pero ese año no pudo
realizarse por la suspensión de la Constitución, por
lo que tuvo que esperar a que los constitucionales subiesen al poder
en 1820, y en 1821 se pidiese a Antonio López Aguado, arquitecto
mayor de Madrid, que elaborase "diseños de la pirámide
y obelisco" que debía colocarse en el Salón del
Prado según la constitución de 1814.
Finalmente , a pesar de haber sido pedida
a López Aguado, la obra se sacó a concurso público
ese mismo año dándose libertad para su invención.
El ganador fue Isidro González Velázquez con un diseño
de obelisco, a pesar de haber sido presentado fuera del plazo, aprovechando
uno de los bocetos que realizó en 1819 para el catafalco
de Isabel de Braganza. El mismo autor explicaba en una carta que
acompañaba a sus proyectos que el obelisco podía ser
un símbolo funerario a la vez que triunfal. Esto era muy
importante en relación con el lugar que el monumento iba
a ocupar.
El lugar era el mismo en el que se habían
producido los acontecimientos pero si la obra quería entenderse
como monumento funerario, no podía estar en un lugar tan
bullicioso como el Paseo del Prado, sino apartado de éste.
Sin embargo como exaltación del valor del pueblo madrileño
tenía que poder ser visto por todos.
Eligiéndose, como puede verse hoy en
día, el segundo argumento, se entendió la obra como
un monumento didáctico o, más exactamente, ejemplificador
de la actitud patriótica de Madrid, totalmente ajena a ningún
contenido político que pudiera provocar intervenciones posteriores
por desavenencias ideológicas.
Fuente de Apolo: Forma parte
de los tres grupos escultóricos diseñados por Ventura
Rodríguez para el Salón del Prado. Las tres fuentes
Cibeles, Apolo y Neptuno, marcan la espina o el eje de un espacio
circoagonal.
Ésta en concreto fue realizada por
Manuel Álvarez, . Fue inaugurada para la boda del futuro
Fernando VII, inocente hijito de Carlos IV; pero el diseño
de Ventura Rodríguez era en homenaje a su abuelo, Carlos
III, como protector de las Artes y las Ciencias. Su ubicación
actual, por supuesto entre Neptuno y Cibeles, en el Paseo del Prado,
a la altura del Edificio de la Bolsa (Plaza de la Lealtad), un poco
más arriba del Palacio de Villahermosa, actual Museo Thyssen.
En los Archivos de la Villa se conservan los
planos y dibujos de Ventura Rodríguez, así como la
memoria del proyecto de remodelación del paseo del Prado.
En algún rincón de esa memoria se especifica que estas
tres fuentes representan los elementos: agua-Neptuno; tierra-Cibeles;
fuego-Apolo...
Fuente
de La Cibeles:se instaló en 1782 en el Paseo de
Recoletos, junto al Palacio de Buenavista, orientada hacia el Paseo
del Prado, de cara a la de Neptuno.
Toda la fuente fue esculpida en mármol cárdeno del
pueblo de Mostesclaros (Toledo), de acuerdo con el dibujo de Ventura
Rodríguez. Fueron empleados más de diez mil kilos
de marmol.
En 1798, por sugerencia de Juan de Villanueva,
se añadieron a la fuente un oso y un dragón, símbolos
de las antiguas armas de la Villa, tal y como aparecían en
su escudo.
En 1895 cambió de ubicación,
siendo alcalde de Madrid el Conde de Romanones. La fuente de la
Cibeles pasó a ocupar el centro de la que sería conocida
con el nombre de Plaza de Madrid (más tarde de Castelar),
enfilada hacia la calle de Alcalá.
En ese mismo año, se colocó sobre una gradería
circular de cuatro peldaños y se la rodeó de una verja,
que impedía el acceso directo a la fuente. Prohibición
de la que se ha hecho caso omiso en muchas ocasiones, como la historia
-y las pasiones deportivas- se han encargado de demostrarnos
Justo enfrente de La Cibeles podemos ver la
BOLSA DE MADRID: Desde su fundación en 1831, la
Bolsa había pasado de un convento a otro, hasta que en el
último tercio del siglo XIX se vio la oportunidad de dotar
a Madrid de un edificio de las misma categoría que los edificios
de las bolsas europeas.
A su altura podemos ver el Museo Naval, y el Palacio de Comuniciones"Nuestra
Señora de las Telecomunicaciones"; así llamaron
los madrileños al actual edificio de Correos que se encuentra
en la Plaza de Cibeles.
Uno de los rasgos más interesantes del edificio es el emplazamiento
privilegiado que ocupa, rodeado por una serie de construcciones
de gran valor histórico, artístico y simbólico,
como lo era el Paseo del Prado de Carlos III, que albergaba numerosos
edificios públicos y oficiales de gran categoría,
a parte de arquitectónica, o los palacios de la burguesía
isabelina en el Paseo de Recoletos. Esta importante ubicación
fue potenciada por los autores "que hacen del nuevo edificio
un espectáculo arquitectónico y un hito en el paisaje
de Madrid"
Palacio de Linares: actual
sede de la Casa de América, ocupa la esquina de la Calle
Alcalá con el Paseo de Recoletos. es el ejemplo más
representativo de mansión palaciega surgida en la bonanza
política y económica de la restauración borbónica.
Se edificó en parte del solar que ocupaba el antiguo y ya
derruido Pósito Real, en situación privilegiada, mirando
sus fachadas a la Plaza de Cibeles, Paseo de Recoletos y Calle de
Alcalá.
Su construcción data de 1873 y la familia
Murga - Marqueses de Linares - no escatimó calidades a la
hora de llevarla a cabo.
Su esmerada decoración pretendía
conseguir una excelencia y originalidad sobresalientes, de modo
que destacara respecto a la de los otros palacios madrileños
de la época. Dicha decoración parte de un eclecticismo
de estilos, aunque respondiendo en general a patrones franceses
cercanos al efectista estilo Segundo Imperio.
Plaza
de la Independencia y Puerta de Alcala: esta plaza, en
la confluencia de la calle Serrano con la calle Alcalá, está
presidida por la Puerta de Alcalá, uno de los símbolos
más identificables de Madrid.
Diseñada por Sabatini bajo el reinado
de Carlos III (siglo XVIII), esta puerta sustituyó a una
anterior, construida en tiempos de Felipe III.
La actual, de estilo neoclásico, consta
de 2 arcos laterales y 3 centrales, siendo sus dos caras diferentes.
Su nombre le viene porque indica la dirección de la salida
de Madrid hacia Alcalá de Henares.
Nuestro camino nos lleva hasta el
Banco de España. Este último ocupa uno de
los más hermosos palacios del moderno Madrid, de dilatada
construcción que en sus líneas fundamentales aparece
inspirada por el arte del Renacimiento. Los autores de los planos
fueron Eduardo de Adaro y Severiano Sáinz de la Lastra, quienes
iniciaron la construcción del edificio en julio de 1884 con
una ceremonia donde asistió el rey Alfonso XII.
El edificio del Banco de España está construido sobre
el solar del palacio del Marqués de Alcañices, duque
de sesto, y algunos terrenos anexos, entre ellos, el correspondiente
a la capilla de San Fermín de los Navarros"
Las obras del Banco de España comenzaron
en 1882, "aunque la primera piedra simbólica no se colocó
hasta el 4 de Julio de 1884, al comenzar a levantarse la cuesta
inferior de los sótanos"
El edificio se construyó con un estilo
de tendencia renacentista con elementos franceses. Las fachadas
se desarrollan dentro de los modelos venecianos del Renacimento
y podría asemejarse al Palacio Corner en el Gran Canal de
Venecia y Villa Garzoni de Pontecasale, ambas, obras de Sansovino
(1460-1529). El carácter veneciano tan sólo se rompe
en las cubiertas, donde utiliza mansardas de influencia francesa.
El Madrid del siglo XX: Una torre de treinta y cinco pisos, la
Torre de España, primer rascacielos que se construyó
en Madrid, domina la PLAZA DE ESPAÑA: es
una de las más importantes de Madrid, y de aquí parte
la Gran Vía, la arteria central de la ciudad moderna.
El
conjunto escultural en el centro es una homenaje a Miguel de Cervantes
(1547-1616), que nació en Alcalá de Henares, a unos
30 kilómetros de Madrid, por medio de algunas de las figuras
de su Don Quijote.
Además del hidalgo, se pueden facilmente reconocer su escudero,
Sancho Panza, su caballo, Rocinante, y la dama de su sueños,
Dulcinea.
La arteria principal del barrio de Argüelles
lleva este nombre en honor de la hija de la Reina Isabel II, la
infanta Francisca, heredera del trono de España hasta el
nacimiento del futuro Alfonso XII. Antes, se denominó calle
del Duque de Liria, por encontrarse en esta vía el palacio
del mismo nombre.
A la altura del número 20 se encuentra
el Palacio de Liria, residencia de la duquesa de
Alba durante sus estancias en la capital. Frente al palacio, unos
frondosos jardines obra de Sabatini y Ventura Rodríguez que
datan de finales del siglo XVIII. En el interior, valiosas muestras
de obras de grandes maestros como Zurbarán, Goya, Renoir
o Tiziano.
El palacio, que data del siglo XVIII, se reconstruyó
tras la Guerra Civil debido a un incendio que lo dejó prácticamente
destruido.
Cerca del Palacio de Liria se encuentra el
Cuartel del Conde Duque, hoy uno de los centros culturales más
activos de la capital y en el que recientemente se ha inaugurado
el Museo Municipal de Arte Contemporáneo.
El Cuartel del Conde Duque,
obra del siglo XVIII de Pedro de Ribera y de estilo barroco, estaba
destinado inicialmente como barracón para la Guardia Real
de Felipe V. Tras diversos incendios y remodelaciones, en 1981 se
inicia su definitiva reconstrucción.
Cerca de la calle Princesa y a la izquierda
de ésta se encuentra la calle Ventura Rodríguez, donde
se ubica uno de los museos más interesantes de la ciudad,
el Museo Cerralbo (C/ Ventura Rodríguez, 17), ordenado construir
por Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), decimoséptimo
marqués de Cerralbo y acabado en 1893.
Seguiremos nuestro recorrido y haremos un alto para poder ver una
panorámica de la Ciudad Universitaria, Palacio Real, Palacio
de la Moncloa, desde el FARO DE MONCLOA Consiste en un mirador situado
en Moncloa, un importante centro de comunicación de la ciudad.Con
aspecto de nave espacial suspendida, mide unos 100 m de altura.
Retroceremos nuestros pasos para dirigirnos
al TEMPLO DE DEBOD: pocos conocen que en España
se conserva uno de los templos egipcios más importantes salvados
de las aguas de la presa de Asuán a finales de la década
de los 60 del siglo XX. En el céntrico Parque del Cuartel
de la Montaña en Madrid, muy cerca de Príncipe Pío,
puede observarse esta magnífica pieza de la arquitectura
tardía faraónica.
Volveremos a pasar por la Plaza de España
y haremos un alto par ver los jardines de Sabatini, el Palacio
Real y la Catedral de Ntra. Sra. De la Almundena.
Jardines de Sabatini: se
extienden frente a la fachada norte del Palacio Real, entre la calle
Bailén y la cuesta de San Vicente. Se trata de unos jardines
con carácter monumental, que fueron creados en los años
treinta del s. XX en el lugar que ocupaban las caballerizas construidas
por Sabatini para servicio del Palacio Real.
Se adornan con estanques y parte de las estatuas de los reyes españoles
destinadas para coronar el Palacio Real y que no se ubicaron en
su emplazamiento original por no soportar la estructura del Palacio
tanto peso.
Palacio
Real: ocupa el rincón madrileño más
cargado de historia. Por la zona aún aparecen restos de las
murallas árabes, las primeras que ciñeron el viejo
Madrid.
En el lugar del palacio hubo algún torreón árabe,
de la lejana época (siglo IX) en la que el emir Mohamed I
transformó el poblado de Magerit en una plaza fuerte, destinada
a defender Toledo del avance cristiano.
En el siglo XIV se reedificó la fortaleza.
Juan II la acondicionó para eventual residencia regia. Pero
en el siglo XVI, primero Carlos V y luego Felipe II le dieron un
impulso definitivo. El primitivo alcázar se amplió
y remodeló para ser punto de residencia estable de la monarquía.Aún
con Felipe IV, el palacio seguiría mejorando, alcanzando
casi su aspecto definitivo(aún lo remodelaría en parte
Felipe V), antes de que las llamas lo destrozasen en la Nochebuena
del año 1734.Desaparecido el alcázar de los Austrias,
aparecería el Palacio de los Borbones. Desaparecido el alcázar-castillo
de concepción hispánica, llegaría el palacio
de inspiración franco italiana.
Sería un edificio para la eternidad,
como se escribió en la primera piedra del mismo. Frente al
estilo acumulativo del pasado, se reclamó una concepción
integral. Para darle eternidad al edificio, se suprimieron las estructuras
de madera. Todo, salvo puertas y ventanas, sería material
incombustible: piedra eterna de la Sierra de Guadarrama y de Colmenar.
Para darle fama a la monarquía, los
distintos reyes fueron aportando elementos artísticos destacados
de cada momento, elementos que se van descubriendo a medida que
avanza la visita por las salas. Los monarcas sabían que aquel
era uno de los espejos en los que se reflejaba su poder y no dudaron
en realzar la magnificencia del edificio con nuevos aportes o reestructuraciones.
Catedral
de Nuestra Señora de la Almudena: Hasta fecha muy
reciente Madrid no alcanzó uno de sus sueños más
anhelados que, como ciudad, ha guardado en la memoria desde que
Felipe II fijó en ella la Corte (1561): poseer un templo
catedral. A los pocos años de aquel acontecimiento se hizo
explícito este deseo de Madrid que, según un informe
de 1567, estimaba que "por el bien universal de la villa y
su tierra, importa y tiene gran necesidad que se haga en ella una
iglesia catedral y cabeza de Obispado". No obstante, el monarca
estaba entonces más interesado en la obra de El Escorial
y en el proyecto de Juan de Herrera para la colegiata -luego catedral-
de Valladolid, ciudad natal del rey que no se resistía a
intentar para sí la capitalidad, como sucedería transitoriamente
bajo Felipe III. Pero la catedral de Valladolid, una vez iniciada,
no se Terminaría nunca y Madrid, recuperada la capitalidad,
tampoco vería comenzar siquiera el proyecto de su iglesia
al que la archidiócesis de Toledo siempre se opondría
por razones obvias. Efectivamente, tras los intentos fallidos de
los Reyes Católicos y Carlos V por dividir la gran y poderosa
archidiócesis de Toledo, y los movimientos que en el mismo
sentido se produjeron bajo Felipe II, se cierra el siglo XVI sin
que Madrid pudiera ver cumplido su deseo, quedando como simple cabeza
de un arcedianato.
Durante el siglo XVII se hicieron nuevos esfuerzos por conseguir
la segregación de Madrid respecto a Toledo, llegando Felipe
III a obtener la autorización de Roma a través de
una bula de Clemente VII para proceder a la erección de una
catedral en Madrid. El rey y la reina Margarita ofrecieron entre
ambos 650.000 ducados, pero a tan fuerte suma correspondió
una no menos fuerte oposición del arzobispo de Toledo.
Así las cosas, serían Felipe IV y, sobre todo, su
esposa doña Isabel de Borbón, quienes iniciaron de
nuevo las gestiones para la construcción de una catedral
en Madrid vinculada a la parroquia de Santa María de la Almudena,
sin mencionar para nada la creación previa de una diócesis.
Así, estando la reina próxima a dar a luz en 1623,
hizo un ofrecimiento a la Virgen de la Almudena para dotar y fundar
una capilla en la vieja parroquia de Santa María. Sin embargo,
parece que el conde-duque de Olivares y Madrid recondujeron aquella
"buena ocasión para que se encamine y consiga el antiguo
y justo deseo de tener una iglesia principal". Nombrada una
Junta para entender en las obras de la futura catedral, a la que
asistían el corregidor de Madrid, representantes de la reina,
regidores de la villa y comisarios nombrados al efecto, se acordó,
en 1624, fijar las condiciones, traza y planta del templo catedral,
señalándose los nombres de Juan Gómez de Mora
y de su aparejador Pedro Lizargárate para hacer aquellas.
El entusiasmo fue grande y Felipe IV, en el mismo año de
1624, dio una cédula en la que arbitra medios para hacer
frente a la obra, a la que el Ayuntamiento de Madrid contribuiría
con la importante suma de 200.000 ducados.
Pero, probablemente, lo más importante
de dicha Real Cédula para la historia del anhelo catedralicio
de Madrid fuera su encabezamiento que resulta como sigue: "Consejo,
Justicia y Regimiento desta villa de Madrid, ya sabéis, cómo
a devoción nuestra y de la Reina, Nuestra muy cara y muy
amada mujer, Da Isabel, se trata de erigir, fundar y fabricar en
esta villa una Iglesia Catedral de la advocación de Nuestra
Señora de la Almudena y para ayuda a los gastos que necesita
dicha fábrica..." Es decir, no cabe ya la menor duda
sobre la iniciativa real del proyecto y su alcance como templo catedralicio,
ni sobre su advocación.
No habiendo pasado de estos preliminares el
proyecto de una catedral para Madrid y tras una fugaz propuesta
de Sacchetti (1738), resucitó de nuevo en el ámbito
real y, con algunos cambios, la historia volvió a repetirse.
No es ahora Felipe IV, sino Alfonso XII. No es la reina Isabel de
Borbón, pero sí el dolor de la muerte de la reina
Marra de las Mercedes de Orleans, ambas devotas de la Virgen de
la Almudena, el que actuará de motor definitivo del templo
madrileño frente al Real Palacio, en la segunda mitad del
siglo XIX. Pero antes de abordar el proyecto definitivo del marqués
de Cubas, cabe añadir que durante aquel siglo también
se intentó la creación de una diócesis y la
consiguiente erección de la catedral, según recogieron
en su momento hombres como Mesonero Romanos y Fernández de
los Ríos. Ya las Cortes Constituyentes de 1837 habÍan
planteado, una vez más, la conveniencia de hacer coincidir
la capital de la monarquía con una sede diocesana, y en ese
mismo sentido se manifestaron otros organismos y corporaciones hasta
que se incluyó en el Concordato de 1851, junto con las nuevas
sedes de Vitoria y Ciudad Real. La posterior firma de un Convenio
adicional, en 1859, posibilitó el abordar de nuevo la construcción
del templo catedralicio. No obstante, las difíciles vicisitudes
políticas que van desde la Revolución del 68 hasta
la Restauración alfonsina (1875) hicieron que se retrasase
la entrada en vigor de anteriores convenios y acuerdos, hasta que
la creación de la diócesis Madrid-Alcalá fue
realidad a partir de una bula dada por León XIII, en 1885,
y aprobada por el Ministerio de Gracia y Justicia aquel mismo año
que conocería la muerte de Alfonso XII. Por todo ello la
catedral de Santa María de la Almudena de Madrid es, al final,
el resultado de una compleja situación en la que, tras un
secular forcejeo de intereses diocesanos y políticas, se
consiguió segregar de la archidiócesis de Toledo la
nueva de Madrid-Alcalá, en cuyo éxito tuvo un papel
principal el Nuncio Apostólico en España, monseñor
Mariano Rampolla. Tanto la ejecución de la bula como la toma
de posesión del primer obispo de Madrid, el malogrado don
Narciso Martínez Izquierdo, tendrían como escenario
la antigua iglesia jesuítica del Colegio Imperial, que en
aquel momento tenía la consideración de colegiata,
bajo la advocación de san Isidro, pasando a ser inmediatamente
templo catedral de la diócesis, en 1885, hasta que se consagró
el actual templo en 1993 por el Papa Juan Pablo II.
Hay que destacar los dos grandes acontecimientos
de este año, el primero por los funerales de Estado por las
víctimas de los atentados del 11 de marzo, y el segundo por
la Boda Real española, El Príncipe Felipe y Doña
Letizia.
Nuestro recorrido se encaminara hacia el centro
de Madrid, llegando a la Plaza Mayor, Uno de los
lugares más emblemáticos de la ciudad. El aspecto
que presenta hoy la plaza se debe a Juan de Villanueva, que la reconstruyó
tras el tercer incendio sufrido en el año 1790 (los dos anteriores
se produjeron en los años 1631 y 1672). Es una magnífica
plaza de planta rectangular, rodeada de una serie de casas de tres
pisos con soportales en la que destacan, en el lado norte, la Casa
de la Panadería, decorada con frescos de Claudio Coello recientemente
restaurados; en el sur, los capiteles de la Casa de la Carnicería.
En el centro se alza la estatua ecuestre de Felipe III, obra del
siglo XVII y realizada por los italianos Juan de Bolonia y Prieto
Tacca. La plaza se inauguró el 15 de mayo de 1620 para conmemorar
la beatificación de San Isidro, patrono de la ciudad. A lo
largo de su historia fue escenario de la proclamación de
reyes, de autos sacramentales, ejecuciones y corridas de toros.
En sus soportales trabajaron los más importantes gremios
del momento.
Nos
dirigiremos hacia la PUERTA DEL SOL, era el lugar
que ocupaba el acceso este de la urbe. Pero en los siglos XVI y
XVII este enclave se fue tornando en un importante ágora
de la ciudad.
Es un espacio alargado sin edificios notables.
El más importante es un caserón de ladrillo iniciado
por Ventura Rodríguez para casa de Correos, donde está
la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid. Pero la plaza
sigue siendo foco de tertulias y lugar de encuentros y celebraciones,
como las de fin de año.
En la plaza está el kilómetro
cero, a partir del cual se miden las distintas carreteras radiales
que comunican Madrid con el resto de España.
Concluiremos nuestra excursion con el Congreso de los Diputados
donde veremos a sus famosos leones, y nos dirigiremos a nuestro
punto de regreso para Alcala de Henares, ATOCHA.
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