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MADRID
1. Localización
Al
mirar en un mapa la Comunidad de Madrid, resulta así como
un triángulo equilátero, en cuyo centro se hallaría
la ciudad. Parece que los límites de geográficos resultan
de considerar los elementos naturales: por un lado, el sistema central,
por otro el deseo de incluir el Real Sitio de Aranjuez (lo que llevó
a extenderlo hasta el tajo), y finalmente el tercer lado del triángulo,
que resulta de la ruptura de las cuencas fluviales y otras unidades
geográficas.
La Comunidad de Madrid ocupa una superficie
de 8.028 Km./2 (aproximadamente el 1,6% del total del territorio
español. Prácticamente la totalidad de la Comunidad
se sitúa entre los 600 y los 1.000 metros, siendo nuestra
cota más alta la de Peñalara con 2.430 metros, la
mínima la encontramos en el río Alberche en Villa
del Prado con 430 metros. Otras alturas considerables, además
de famosas, son la Bola del Mundo, en Navacerrada, con 2.258 y los
Siete Picos, en Cercedilla, con 2.138.
2. Clima
El
clima en Madrid es bastante agradable si lo comparamos con otros
países de la comunidad europea. Gran parte del año
nos beneficiamos con días de sol. En pleno invierno, en los
meses de enero y febrero las temperaturas rara vez llegan a los
cero grados pero aún así, no está demás
llevar un buen abrigo puesto. En primavera la temperatura es agradable
llenándose el paseo de la Castellana de hermosas flores y
en verano hay días de intenso calor pero no deja de ser soportable.
El otoño también es agradable con excepción
del último mes que se deja sentir ya los días de frío
del invierno que se avecina. En general no llueve mucho en verano
(julio-agosto) por lo que del paraguas no te preocupes en esta época
del año, pero en los cambios de estaciones mejor llevar por
las dudas uno debajo del brazo.
3. Historia
Ya en los tiempos del Paleolítico Inferior
(400.000 años atrás) había madrileños.
En una zona rodeada por extensos ríos (hoy Manzanares, Henares
y Jarama) que permitían una abundante pesca, y por extensas
zonas de copiosa vegetación en la que se escondían
ciervos, caballos y toros y elefantes, ( algunos de hasta cinco
metros de altura) aquellos hombres fabricaban utensilios prácticos
para sus quehaceres diarios. Avanzando en los avatares de la historia,
tenemos que ir hasta los tiempos de la estancia del pueblo musulmán
para poder hablar de Madrid como una ciudad. No obstante sabemos
que en las edades del Cobre y del Hierro los primeros "madrileños"
dejaron restos de vida, mucho más adelantada hacia la cultura
íbera; restos que podemos encontrar en el Museo Arqueológico.
DOMINACIÓN
ÁRABE - LA RECONQUISTA
La primera noticia histórica del origen de la villa de Madrid
data de mediados del siglo IX, cuando el emir Mohamed I levantó
un castro árabe en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real.
En los alrededores de este alcázar pronto se desarrolló
una ciudadela amurallada de carácter eminentemente militar,
conocida con el nombre de al-Mudaina.
Durante La Reconquista fue objeto de varios ataques hasta que, finalmente,
Alfonso VI la conquistó en el año 1083.
CARLOS
I - FELIPE II

Hacia el año 1200 obtuvo su Fuero y
muy pronto el Madrid medieval se convirtió en una pequeña
villa frecuentada por algunos monarcas de la Casa Trastámara
(Enrique III, Juan II y Enrique IV) para practicar la caza.
El siglo XVI marca el inicio de una nueva etapa en la vida de la
capital. Carlos I le concedió los títulos de Coronada
e Imperial y comenzó la transformación del viejo Alcázar
en Palacio Real.
En el año 1561 Felipe II trasladó la Corte de la imperial
Toledo a Madrid, donde permanecerá siempre.
DINASTÍA
DE LOS AUSTRIAS
Durante los siglos XVI y XVII conoció una época de
crecimiento y se convirtió en la capital del vasto imperio
español.
Comenzaron a construirse suntuosos palacios, iglesias, conventos,
etc. que conforman el conocido Madrid de los Austrias.
Durante el reinado de Felipe IV vivió un excepcional período
de esplendor cultural, con la presencia en la villa de genios de
la talla de Cervantes, Quevedo, Góngora, Velázquez,
Lope de Vega y Calderón de la Barca.
DINASTÍA
DE LOS BORBONES
La
llegada al trono de la dinastía de los Borbones, a principios
del siglo XVIII, supuso un renacimiento que le permitió salir
de la postración en la que quedó, al igual que el
resto de España, tras el reinado de Carlos II.
Sus momentos más brillantes se personalizan en el monarca
Carlos III, conocido como el mejor Alcalde de Madrid. Fue en la
época de la Ilustración cuando Madrid se pobló
de museos, academias y bibliotecas.
Con el reinado de Isabel II comienza una nueva etapa de crecimiento
urbanístico: es el Madrid Romántico de principios
del siglo XIX, caracterizado por las tertulias en los cafés,
una incipiente clase media, las primeras industrias y la agitada
vida política con el turno en el poder de los partidos liberal
y conservador.
LA SEGUNDA
REPÚBLICA
En la primera mitad del siglo XX aparece el movimiento denominado
Generación del 98 como la principal representante de las
inquietudes políticas y culturales que se viven en España.
Es el Madrid del reinado de Alfonso XIII, de la Dictadura de Primo
de Rivera, de la Segunda República y del continuo asedio
sufrido durante la Guerra Civil de 1936.
Tras la contienda, sobre todo a partir de la década de los
cincuenta y la siguiente, se produce la verdadera explosión
madrileña que conduce al Madrid actual, una gran urbe con
los problemas tradicionales de las grandes ciudades pero con magníficos
conjuntos monumentales que la hacen una de las más interesantes
de Europa.
FIN SIGLO
XX
En la década de los noventa, Madrid puede ser calificado
de complejo cultural. Durante el año 1992 fue la Capital
Europea de la Cultura.
Las actividades ligadas a la circulación de la información,
el capital, las mercancías y las personas, desde los servicios
financieros y bancarios, los transportes y viajes y las actividades
empresariales fueron las que mayores crecimientos registraron.
El área metropolitana madrileña se configuró
en el decenio de los noventa como uno de los principales centros
del Sur de la Unión Europea, ampliando las tradicionales
funciones y dimensiones de Madrid como centro de servicios a escala
nacional.
4.Monumentos en Madrid
Plaza
Mayor: Uno de los lugares más emblemáticos
de la ciudad. El aspecto que presenta hoy la plaza se debe a Juan
de Villanueva, que la reconstruyó tras el tercer incendio
sufrido en el año 1790 (los dos anteriores se produjeron
en los años 1631 y 1672). Es una magnífica plaza de
planta rectangular, rodeada de una serie de casas de tres pisos
con soportales en la que destacan, en el lado norte, la Casa de
la Panadería, decorada con frescos de Claudio Coello recientemente
restaurados; en el sur, los capiteles de la Casa de la Carnicería.
En el centro se alza la estatua ecuestre de Felipe III, obra del
siglo XVII y realizada por los italianos Juan de Bolonia y Prieto
Tacca. La plaza se inauguró el 15 de mayo de 1620 para conmemorar
la beatificación de San Isidro, patrono de la ciudad. A lo
largo de su historia fue escenario de la proclamación de
reyes, de autos sacramentales, ejecuciones y corridas de toros.
En sus soportales trabajaron los más importantes gremios
del momento.
Plaza
de Oriente: Es la mayor superficie del núcleo urbano
de la ciudad. Fue diseñada por Isidro González Velázquez,
pero las obras se retrasaron hasta el año 1850 en que Narciso
Pascual Colomer realizó el trazado definitivo. La plaza está
recorrida por 44 estatuas de reyes visigodos y españoles
y presidida, en el centro, por la estatua ecuestre de Felipe IV,
realizada en bronce.

La Puerta del Sol: Construida
en el siglo XV con carácter eminentemente defensivo, posteriormente
abandonado para convertirse en el núcleo de actividad social
de la capital. El edificio más interesante es el Palacio
del Ministerio de la Gobernación levantado en el año
1708 como Casa de Correos. En la puerta principal hay una placa
indicadora del km. cero de las carreteras españolas y sobre
ella se alza el tradicional reloj que con las doce campanadas de
la Nochevieja despide al viejo año y recibe al nuevo.
Desemboca en esta plaza la calle Preciados, que destaca por ser
una de las calles más transitadas de Europa, dónde
se pueden encontrar numerosas tiendas de ropa.
A lo largo de los años la puerta del sol ha sufrido numerosas
transformaciones, que en muchas ocasiones han generado polémica
entre los ciudadanos madrileños.
Casa de la Villa: En
la plaza homónima. El proyecto se le encargó en 1640
a Juan Gómez de Mora quien dotó al edificio de dos
puertas: una para el concejo y otra para la cárcel. A partir
del año 1670 prosigue las obras Teodoro Ardemans que añade
los detalles barrocos de las portadas así como el remate
de las torres laterales. En 1760 Juan de Villanueva abre el balcón
con columnas que da a la calle Mayor. En el interior destacan la
escalera de honor, una capilla decorada con pinturas al fresco realizadas
por Palomino, y la sala capitular, con una obra de Goya. Además,
pueden admirarse estancias como el patio de cristales o documentos
de gran valor histórico.
El Monasterio de las Descalzas
Reales: tiene una larga historia
y notable riqueza.Juana de Austria, hermana de Felipe II, transformó
el palacio en un convento, que atesora importantes obras.
Es una edificación de ladrillo y granito. Obras de Pompeyo
Leoni, Claudio Coello, Tiziano, Zurbarán, Murillo, Ribera
y Brueghel, marcan la riqueza de este edificio prototipo de la sólida
y sencilla arquitectura urbana del siglo XVI.
Palacio
Real: sin duda, la obra más
importante del clasicismo madrileño. Fue levantado en el
solar que ocupara el antiguo Alcázar árabe tras ser
destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734.Desde el primer
momento se planteó un edificio a prueba de incendios por
lo que se eliminó la madera como material de construcción
y se eligieron el granito de la Sierra de Guadarrama y la caliza
blanca de Colmenar de Oreja. El edificio tiene planta cuadrada y
consta de tres plantas y un patio con las estatuas de los cuatro
emperadores romanos nacidos en España: Trajano, Adriano,
Teodosio y Honorio.
Teatro Real: proyectado
por Antonio López Aguado en el año 1818 y construido
por Custodio Moreno. Ha sido remodelado recientemente. Su escenario
es uno de los más grandes del mundo y ha acogido a cantantes
de ópera de fama mundial.
Catedral
de la Almudena: hasta
fecha muy reciente Madrid no alcanzó uno de sus sueños
más anhelados que, como ciudad, ha guardado en la memoria
desde que Felipe II fijó en ella la Corte (1561): poseer
un templo catedral.
L la catedral madrileña tiene en planta una longitud de 104
metros por 76 que sumaba el crucero, siendo por tanto algo menor
que la de Toledo (120 x 60 metros) pero más grande, por ejemplo,
que la de Burgos (84 x 59). La nave mayor de la Almudena alcanzaría
los 32 metros de altura, triplicando prácticamente los 12
metros de su anchura medidos de eje a eje de los pilares. Con todo,
lo más espectacular y discutible resultaba ser el cimborrio
sobre el crucero, cuya flecha contaba con una cruz de remate que
redondeaba los cien metros de altura. Piénsese que la cota
más alta de entre las catedrales españolas se encuentra
en Burgos, donde las célebres agujas de la fachada de su
catedral, muy por encima del espectacular cimborrio, alcanzan sólo
los 79 metros de altura.
La Puerta de Alcalá:
es obra de Sabatini, terminada
en 1778, construida para celebrar la entrada en la ciudad del rey
Carlos III.
Está realizada en granito
de la sierra madrileña y de piedra blanca. Sustituyó
a una puerta barroca encargada por Felipe III. Es neoclásica,
y está formada por tres arcos y dos puertas cuadradas. Es
también uno de los monumentos más representativos
de la ciudad.
Plaza
de Cibeles: se trata de uno de los conjuntos urbanos más
bellos y armoniosos de Madrid.En el centro, donde confluyen el paseo
del Prado y la calle de Alcalá, se alza la Fuente de La Cibeles,
diosa oriental que preside la vida urbana subida a un carro tirado
por leones.
El notable edificio del Banco de España.
Es la figura tal vez más emblemática de Madrid.
Entre los edificios que figuran en el entorno está el palacio
de Comunicaciones, de inicios del siglo XIX, donde se aúnan
estilos neogoticistas con líneas de industrialismo. Muy cerca
está el Palacio de Linares, bella residencia de los marqueses
de Linares, del siglo XIX. Otro edificio es el del Banco de España,
también del XIX, de poderosa arquitectura e interesantes
trabajos de forjado.
El grupo se enriquece con belleza de las calles que allí
confluyen y la cercanía de otros elementos artísticos,
visibles desde la plaza, tales como el Cuartel General del Ejército,
la vieja sede del Banco Central, etc.
El Monasterio
de la Encarnación: es una
de las notables instituciones religiosas de la ciudad. Fundado en
1611 por Margarita de Austria, esposa de Felipe III, con gusto sencillo.
Conserva el ambiente castellano del XVII y pinturas de Ribera
y Carducho, un Cristo de Gregorio Fernández y una misteriosa
cámara de reliquias de ambiente recoleto y barroco, donde
se conserva una ampolla de sangre de San Pantaleón, que según
la tradición se licúa en los aniversarios de la muerte
del santo.
La iglesia tiene una sencilla portada
del siglo XVII, el resto es posterior, porque hubo de ser reconstruído
tras un incendio de 1734. En ella hay obras de Bayeu y Carducho.
Es en esta iglesia donde cada 27 de julio se exhibe el relicario
con la ampolla de sangre de San Pantaleón. La fecha es importante
para millares de madrileños, que acuden al templo ese día.
Es tradición popular que si la sangre no se licúa,
el año siguiente vendrá cargado de desastres.

Gran Vía:
zona de compras más castiza de la capital, en ella podemos
encontrar la mayor parte del comercio trasicional y artesano de
nuestra ciudad.
5. Anécdotas
El Palacio
Real
Antiguamente
se decía que en los terrenos situados entre la cuesta de
San Vicente y san francisco el grande era territorio hechizado donde
vivían brujas, duendes y fantasmas. Cuando Alfonso VI conquisto
Magerit decidió allanar estos terrenos para construir allí
el alcázar. Durante su construcción algunos hombres
murieron de forma misteriosa. Se empezó a difundir el rumor
de que los fantasmas se estaban vengando por haberles expulsado
de su territorio. Paso el tiempo y se penso que los fantasmas se
habían repartido por la villa, cuando en el año 1754
el alcázar empezó a arder quedando totalmente destruido.
Felipe V, cansado por no tener una casa tan lujosa como los palacios
de los monarcas de Francia e Italia, encargo a Juvara que hiciera
el proyecto de un palacio. Juvara moriría antes de poner
la primera piedra, su discípulo Sachetti y Ventura Rodríguez
continuaron la obra. La imaginación del pueblo crearía
una leyenda en torno a este suceso:
Felipe IV
Felipe IV tenia fama de conquistador, paso a la historia con el
apodo de el rey “galante”. En esta época se fundo
el convento san Placido con la aportación económica
del ayuda de cámara del rey, don Jerónimo de Villanueva.
Don Jerónimo comento una día al rey la belleza de
una de las monjas de este convento. El rey galante no pudo resistirse
y quiso comprobarlo el mismo. Don Jerónimo dispuso todo para
que el rey pudiera verla sin levantar sospecha. Le causo tanta impresión
que las visitas al locutorio se hicieron muy frecuentes. No tardo
mucho en oírse todo tipo de comentarios en la Villa, para
acallar estos rumores el rey mando construir un túnel
desde la casa colindante de su amigo
Jerónimo hasta la celda de la monja.
San Isidro
Nació el 4 de abril de 1082, en una casa de la calle de las
águilas. Ese día se celebraba la festividad de San
Isidoro de Sevilla. Como había costumbre de poner el nombre
del santo del día a los recién nacidos, e le llamo
Isidoro, mas tarde al contraer el nombre se le llamo Isidro.
En aquella época reinaba en Castilla el rey Alfonso VI y
Madrid era musulmana. En 1109 el rey de los mozárabes, Ali
Ben Yusuf cerco la ciudad, Isidro huyo a Torrelaguna donde conoció
a María (Santa María de la cabeza) y se casaron en
la iglesia de Santa María Magdalena. Allí vivieron
muchos años.Iván de Vargas contrato a Isidro para
que se ocupara unas de sus fincas en Taramanca.
Hacia 1119 se trasladó San Isidro a
Madrid para cultivar las tierras que tenia Iván de Vargas
en las márgenes del río manzanares. Iván tenia
dos casas en la villa: una en la calle Doctor Letamendi, donde residía
su familia y la otra casa estaba en la plaza de San Andrés,
donde vivía los mozos de labranza. Es en esta casa fue donde
vivió Isidro. En la actualidad es el museo de San Isidro.San
Isidro murió a los 90 años y fue enterrado en una
caja de madera.
La Almudena
Cuenta
la leyenda que el apóstol Santiago trajo la imagen de la
virgen cuando predicaba en España. Uno de sus discípulos,
san Calocero, la deposito en la iglesia de santa María. La
talla fue pintada por san Lucas y todos los madrileños la
veneraban.
En el año 712 los musulmanes avanzaban
hacia la villa, por temor a que profanaran a la virgen, un herrero
madrileño deposito la talla en un cubo de la muralla con
dos velas encendidas a los lados, después taparon el cubo
con mucho cuidado. Solo una familia mozárabe conservaban
el secreto de la virgen escondida, este secreto pasa de padres a
hijos.
En el año 1083 el rey Alfonso VI conquista
Madrid y se interesa por aquella virgen traída por Santiago.
La persona que conoce el secreto es una joven que desconoce el sitio
exacto donde se escondió la virgen, por eso no se lo dice
a nadie. Los años van pasando y la chica reza día
y noche pidiendo alguna señal que le indique el sitio exacto.
Una noche salió a la calle, cerca del arco de santa María
cae de rodillas al suelo y suplica: - señora: mi vida a cambio
de tu imagen.
Al día siguiente se acerco al campamento del rey Alfonso
VI que estaba asentado en Toledo para hablar con el acerca de la
virgen. El soberano le hace una promesa: - iré a magerit
y buscare la imagen oculta..... si es preciso tirar la muralla,
la derribare piedra a piedra.
Un año después el rey decide cumplir su promesa. Antes
de empezar al búsqueda se organizo una procesión de
rogativas implorando la ayuda divina. La muchacha subía la
cuesta de la vega, el corazón se le sale del pecho sumida
en sus pensamientos: “he cumplido, desde ahora es depositario
de la tradición el pueblo entero con su rey al frente”.
Un fuerte ruido sobresalta a la comitiva. El muro se abrió
dejando al descubierto la imagen. Alfonso VI hinca la rodilla en
tierra, las campanas comienzan a replicar y tendida en el suelo
esta la muchacha muerta.
Se mando colocar una imagen de piedra en el
cubo como recuerdo. La imagen actual que hay en el cubo de la cuesta
de la vega es de 1941, no se sabe que paso con las otras vírgenes
que se colocaron allí.
A esta virgen se la llamo almudayna que significa ciudadela por
el lugar donde se encontró.
MUSEO DEL PRADO
1- Historia
CREACION DEL MUSEO (S. XVIII
y S. XIX)
La
primera idea de crear un Museo en Madrid le fue sugerida a Carlos
III por su pintor de cámara y consejero en temas artísticos
Antón Rafael Mengs. Pero el deseo del pintor no pasó
de sugerencia, al no hacerlo suyo el monarca.
Ya en los últimos años del mismo siglo XVIII la creación,
en el París de la Revolución, del Museo del Louvre,
en el propio Palacio real del Louvre y con los fondos de las colecciones
reales, fue el punto de partida para la creación de muchos
museos en Europa. La primera iniciativa seria y oficial de fundación
de un museo similar en Madrid, se debió al rey José
I Bonaparte, empeñado en la creación de un Museo Josefino
que no pasó del papel, en 1809, en plena Guerra de Independencia
precisamente contra el dominio francés.La idea prendió
en el reinado de Fernando VII que supo prestar oídos a las
peticiones, en ese sentido, de la Real Academia de Bellas Artes
y al especial interés que puso en el proyecto su segunda
esposa María Isabel de Braganza, a la que el Museo ha querido
considerar siempre como su fundadora. Su escultura sedente, obra
neoclásica de Álvarez Cubero, parece estar recibiendo
a los visitantes en el vestíbulo de la Puerta de Velázquez
de la entrada oeste del Museo. Lamentablemente la reina murió
sin poder ver la inauguración del que se llamó Museo
Real de Pintura y Escultura, y que tuvo lugar el 19 de Noviembre
de 1819.
DE MUSEO REAL A MUSEO NACIONAL (S. XIX)
El primer envío de obras de arte procedentes
de las colecciones reales superó las mil quinientas, aún
cuando el Museo se abrió con poco más de trescientas
en el único espacio disponible, el cuerpo norte de la edificación;
las demás hubieron de esperar a que se completara la construcción
del Museo. Ulteriormente se fueron incorporando más obras
de la misma procedencia, y otras de igual origen que se conservaban
en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La colección
de pinturas, esculturas y artes decorativas que en el Museo se fue
reuniendo continuó siendo propiedad personal del rey Fernando,
quién, de su propio "bolsillo secreto", corría
con el mantenimiento del Museo que en los primeros tiempos solamente
se abría un día a la semana y de manera muy restringida:
únicamente para aquellos que contaran con un permiso especial
de la Corte.
Al fallecer Fernando VII, las piezas del Museo
debieron repartirse, como parte de su herencia, entre sus dos hijas:
la ya reina Isabel II y su hermana Luisa Fernanda. Para evitar la
división de la colección, la reina regente María
Cristina aceptó la solución que propuso el Duque de
Hijar, director del Real Museo en aquellas fechas. Consistía
ésta en la compra por parte de Isabel II de la media colección
que correspondía a su hermana. Así se hizo con la
necesaria tasación de las piezas, siendo esta la primera
tasación de los bienes del Museo. Además se decidió
poco después vincular la colección del Real Museo
no a la persona del monarca sino a la Corona, lo que podría
evitar problemas de herencia semejantes. En el futuro ni siquiera
llegaron a plantearse por cuanto, a raíz de la expulsión
de Isabel II (1868) y el cese de la monarquía borbónica,
el Museo se nacionalizó como otros bienes reales, y pasó
a llamarse Museo Nacional del Prado. En él había,
además de pinturas antiguas, algunas de las cuales no procedían
ya de las colecciones reales, obras de pintores contemporáneos
que triunfaban en las exposiciones de Bellas Artes, creadas también
en el reinado de Isabel II, y cuyas obras compraba el Estado.
CREACION DEL REAL PATRONATO (PRINCIPIOS DEL S. XX)
En 1872, se enriqueció el Museo con
casi tres mil obras de arte, fondos del Museo de la Trinidad que
el gobierno de la Primera República decidió fundir
con el del Prado. Este Museo de la Trinidad, ubicado en el convento
del mismo nombre hoy desaparecido, había sido creación
de uno de los gobiernos progresistas de período isabelino,
en la idea de reunir en un Museo las obras de arte de los conventos
desamortizados (ley de Mendizábal) de Madrid y provincia,
y de otras provincias limítrofes de la zona centro. El Museo,
que así crecía en sus fondos, resultaba claramente
insuficiente para contener esa riqueza, por lo que inició
una política de préstamos a instituciones oficiales
y museos provinciales: lo que se llama "El Prado Disperso"
y que comprende cerca de cuatro mil piezas.
La
exposición de sus obras, excesivamente apretadas, y con una
seguridad deficiente (más problemática aún
por la existencia, en el propio Museo, de viviendas para algunos
de sus dependientes) hacía temer la eventualidad trágica
de incendios o desastres. Además, el hecho de que los directores,
que desde un determinado momento venían siendo pintores (el
cargo de director del Museo se asoció al de primer pintor
de cámara real), tuvieran allí no sólo su vivienda
sino también su taller, suponía un trasiego de obras
de arte que podía resultar sospechoso, y una presencia de
materiales inflamables peligrosa.
Muchos espíritus cuidadosos denunciaban
esta falta de seguridad, pero no se tomaban medidas para paliarla.
Hubo ocasión para que un periodista genial, Mariano de Cavia,
se atreviera a publicar, en "El Liberal" de 25 de Noviembre
de 1891, la falsa noticia del incendio del Museo con la pérdida
total de todos sus fondos. Fue un aldabonazo a la atención
que tuvo algunos efectos inmediatos: se prohibió que los
directores-pintores instalaran sus talleres en el Museo, y se edificaron
dos pabellones gemelos en la trasera del edificio para las necesarias
viviendas de los dependientes del Museo.
Unos meses antes de la prevista celebración
del centenario del Museo tuvo lugar el más importante robo
sufrido por la institución: en 1918 varios ladrones, de acuerdo
con dependientes del Museo, se llevaron once copas y mutilaron otras
muchas piezas del Tesoro del Delfín, importante colección
de vajillería reunida en el siglo XVII por el Delfín
de Francia, y que aportó a nuestro país el primer
rey borbón, su hijo Felipe V. Algunas piezas se recuperaron
enteras, desprovistas de sus adornos de metales preciosos, mientras
que otras habían sido penosamente mutiladas para hacerse
con las piedras preciosas y camafeos que las adornaban.
Poco antes del centenario, que ciertamente
quedó muy deslucido, el Museo recibió una nueva organización
legal: se le dotó de un Real Patronato, que habría
de encargarse de dirigir sus destinos y marcar sus objetivos. Esta
cobertura administrativa dió al Museo una mayor movibilidad
y libertad de acción, lo que le permitió, con una
acertada política de importantes exposiciones, ponerse a
la cabeza de los museos europeos y hasta americanos, dándose
el caso de que en alguno de estos últimos se copiaron las
organizaciones arquitectónicas del Prado.
LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA Y RENACIMIENTO POSTERIOR
(GUERRA CIVIL A NUESTROS DIAS)
La Guerra Civil marcó como en toda
España y en su sociedad, un frenazo brusco a este progreso.
Convertido Madrid en frente de guerra desde los primeros meses de
la contienda hasta casi el final de la misma, la situación
de peligro para el Museo era constante. Se cerró al público
a poco de iniciarse el enfrentamiento, y fueron desmontadas y recogidas
en las salas de la planta baja sus pinturas, protegiéndolas
con sacos terreros de las ondas expansivas de los bombardeos. Además,
se refugiaron dentro de sus muros otras muchas obras de arte (de
iglesias, y museos madrileños, y de El Escorial por la virulencia
de la guerra en la sierra), para las que se buscaba una protección
que sin embargo el Prado no podía ofrecer ya que, objetivamente,
no tenía ningún tipo de defensa especial o de blindaje.
Sí ofrecía, moralmente, la casi seguridad de que ninguno
de los contendientes iba a ser capaz de bombardear el Museo del
Prado. Pero fue bombardeado, afortunadamente sin graves daños
para sus pinturas.
Fue
entonces cuando se decidió (prestando oídos a la recomendación
que venía haciendo la Sociedad de Naciones) sacar de Madrid
las piezas más importantes que se hallaban en el Prado, tanto
propias como ajenas refugiadas. Trescientas cincuenta y tres pinturas,
ciento sesenta y ocho dibujos, y el Tesoro del Delfín, fueron
trasladados a Valencia; después, según las fluctuaciones
que marcaba el avance de la guerra, a Gerona; y finalmente a Ginebra
bajo la protección de la Sociedad de Naciones. En esta ciudad
se organizó, terminada la guerra y con la autorización
del nuevo gobierno español, una exposición "del
Prado", que hubo de repatriarse con prisas y con riesgos al
desencadenarse la Segunda Guerra Mundial. Con buena parte de Europa
ya amenazada y bombardeada por los alemanes, los tesoros del Prado
hubieron de atravesar el territorio francés en trenes nocturnos
que escaparon de la aviación alemana. Y pudieron llegar con
escasos daños al Museo del Prado, quedándose desde
entonces en él algunas de las obras que se habían
traído de El Escorial (por ejemplo "El Jardín
de las Delicias" de El Bosco).
Después de la dura, difícil
y larga posguerra, el comienzo del fenómeno turístico
en nuestro país supuso un renacer del adormecido Museo y
un asombroso aumento de sus visitantes, sin duda una de las mayores
pinacotecas del mundo.
Después de esta maravillosa visitita
nos dirigiremos al centro para poder tomar un cafe y contar todo
lo que nos gustado del Museo y descansar un poquito.
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