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Vista de cigüeñas
De
grandes patas y cuello largo, la cigüeña común picotea su plumaje blanco sobre el tejado de los
edificios más altos de Alcalá. Camina con pausa, como si fuera una
parte del grupo arquitectónico. No es raro escuchar
el batir de sus mandíbulas en los
periodos de cría y fecundidad, ya sin disimulos de ninguna
clase frente a los humanos, que la respetan como si de fuera un símbolo
de la ciudad. Aquí el razonamiento es obvio,
puesto que no son aves a las que se pueda separar de cornisas y
campanarios. Ésta es, en el pasado y el porvenir, una presencia
muy deseada, tan afín al paisaje complutense que cuesta imaginarlo
sin ella.
La presencia de esta gran ave en muchas localidades
es hoy por hoy habitual, tras una serie de largos años en
declive. Ahora, la especie goza de una sensible expansión
y, además, no pocos ejemplares deciden quedarse a invernar.
El
itinerario por Alcalá señala 28 lugares donde se ubican nidos y el número
de ellos en cada monumento. Las cigüeñas -alrededor
de un centenar de parejas censadas en Alcalá- y sus nidos, situados
en prácticamente todas las torres y chapiteles de los edificios
históricos, refuerzan la belleza de las arquitecturas, otorgando
a la Ciudad Patrimonio de la Humanidad un fuerte carácter
diferenciador con respecto a otros destinos turísticos culturales.
Naturaleza y turismo se unen mediante estas bellas aves, dotando
a la ciudad de una personalidad singular. Podemos encontrarlas
en la Plaza de Cervantes, en la Capilla del Oidor, ... pero sin duda podremos
ver un gran número de cigüeñas en la Palacio Arzobispal,
donde subiremos por unas escaleras para verlas mucho más de cerca.
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