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MERCADO CENTRAL DE ATARAZANAS

Calle Atarazanas 8
29005 Málaga

El nombre que recibe el hoy el Mercado Central se debe a que en su lugar estuvo un edificio llamado las Atarazanas (que significa taller o lugar de fabricación).

El actual edificio se construyó en el siglo XIX, por el arquitecto Joaquín de Rucoba, permaneciendo de la anterior edificación sólo la puerta, labrada en mármol.

La actividad marítima y comercial de Málaga condicionó la existencia en la ciudad de otros peculiares monumentos, siendo uno de ellos el llamado Las Atarazanas, que vino a constituirse como taller naval con una doble función, marítima y terrestre. La marítima permitía la entrada de barcos para su reparación, y la terrestre contenía dependencias de carácter administrativo.

En la fachada que daba al mar del edifico original, se abrían siete arcos, de los cuales el situado más a la izquierda era el más monumental y es el que se halla ahora integrado en la nueva construcción del mercado. Los escudos situados en las albanegas de este arco que permiten situarlo en la época nazarí, durante el reinado de Mohamed V (1354-1391).


En el siglo XIX el edificio, tras distintos usos como cuartel y hospital militar, estaba casi ruinoso. En 1822 empiezan las peticiones para demoler parte del edificio (sus torreones) porque impedían el paso por la zona. El 31 de octubre de 1840 la Diputación Provincial falla a favor del Ayuntamiento el derribo de los torreones. En 1868, la Junta Revolucionaria decretó la demolición de los restos de las murallas para dar trabajo a las clases pobres, y la construcción de un mercado, ya que la ciudad tenía varios lugares de venta pero todos al aire libre, lo que era poco higiénico.

Poco tiempo después el derribo era un hecho y solo se conservó su puerta de mármol blanco gracias a los señores Rucaba y Riva, y la Academia de San Fernando a quien pertenecía la propiedad de la misma, que cedió a la Academia de San Telmo, y esta a su vez la cedió al Ayuntamiento con la condición de integrarla en el mercado. Tras el proceso de amortización llevado a cabo, el Ayuntamiento pasó a ser propietario del mismo, decidiéndose el levantamiento del Mercado Central de la ciudad que recibiría la denominación de Alfonso XII, también conocido por el Mercado de las Atarazanas, tomando el nombre del edificio musulmán cuyo solar vino a ocupar.

Tal y como hoy podemos observar, el mercado presenta una planta ligeramente trapezoidal y se estructura en tres naves. Básicamente consiste en un esqueletaje metálico que se ha cerrado con piedra y mampostería. En su fachada principal, la portada de acceso aparece centrada por el gran arco nazarí, recompuesto a 25 metros hacia levante de su disposición originaria.

Se trata de un arco de herradura ligeramente apuntado, compuesto de sillares muy bien encuadrados de piedra jaspón blanco cuyo acople no necesitó ningún tipo de argamasa (sus piezas fueron desmontadas, numeradas y vueltas a montar). Lo enmarca un alfiz y en las albanegas sendos escudos de tipo castellano con banda diagonal y la inscripción “Solo Dios es vencedor, ensalzado sea”. Para facilitar su integración con el resto del edificio se le añadió en piedra arenisca un cuerpo superior y dos laterales de menor altura, estos últimos horadados por ventanas con arco de herradura.

En la parte posterior del edificio, esta portada se corresponde con otra metálica en forma de frontón triangular en el que se abre un gran arco de medio punto con una cristalera. Las albanegas se decoran con tondos representando: unas, peces y cornucopias, y otras, un rostro humano. El resto de la superficie aparece recubierta de ataurique finamente moldeado en hierro. Desde un punto de vista artístico, las aportaciones de este mercado son varias. En primer lugar lo acertado de su diseño para integrar adecuadamente unos restos históricos, seguido de su funcionalidad y adecuadas condiciones para la iluminación natural y ventilación tan necesaria en un edificio de estas características. En segundo lugar, la elección del hierro con un claro sentido innovador, nos da a conocer la funcionalidad de un edifico de carácter público.

Actualmente funciona como Mercado Central. Solo abre por las mañanas hasta las dos de la tarde. Este mercado central es una fiesta visual de colores y movimiento sin olvidar, claro, los olores y el espectáculo de los vendedores y compradores que allí se dan cita. Merece la pena darse una vuelta por allí aunque sólo sea para mirar y tomar fotos inolvidables y seguro que no salen sin al menos un pedazo de fruta, esta es la vida de todos los días de Málaga.

¿QUÉ PODEMOS ENCONTRAR EN UN MERCADO CENTRAL?

Productos frescos y de temporada

Los Mercados Centrales proponen una selección de los productos frescos y de temporada con la mejor relación calidad-precio.

- Frutas: Dependiendo de la estación podemos encontrar kakis, castañas, uvas, manzanas, peras, chirimoyas, sandía, melón,.... La fruta de verano restante también ofrece interesantes opciones como son melocotones, nectarinas o ciruelas, así como en la familia de exóticas donde encontramos kiwis o piñas con una buena relación calidad-precio.

- Hortalizas: Donde podemos encontrar tomates, lechugas, judías verdes, alcachofas, calabacines, berenjenas, coliflores, brécol,.. La sección de verduras nos brinda la oportunidad de refrescarnos y comer sano con precios asequibles.

- Pescados: Dentro del pescado blanco podemos encontrar merluzas y pescadillas y bacalao. Entre los azules, hay que destacar el boquerón. En el pescado de cultivo podemos destacar al salmón. También podemos encontrar mariscos y pescado congelado (rape, filetes de merluza, cigalas y langostinos). Sobre todo la sardina, seguida por el boquerón, que también tiene mucha demanda en estos meses de más calor. El pescado inmaduro está prohibido y es recomendable no comprarlo. Poco a poco, la gente se ha concienciado de que es lo mejor para evitar que se agoten algunas especies.

- Carnes: En el mercado podemos encontrar cordero, conejo, carne porcina, vacuna, y pollo.

 

EL REY DE LA COSTA. EL PESCAÍTO FRITO.

Fruto del mar, el pescaíto frito es el plato más típico de la gastronomía malagueña. Su receta no tiene secretos. La clave está en la frescura de la materia prima. EL pescaíto frito es a la gastronomía malagueña lo que la Catedral, Gibralfaro o la calle Larios a su arquitectura. Un emblema de su cocina, producto del mar y símbolo de la tierra. Este placer de los sentidos se degusta en chiringuitos y restaurantes de toda la Costa del Sol. Son muchos los establecimientos que lo preparan y en todos existe un secreto único, un sabor que lo hace característico.

El pescaíto frito siempre ha sido el alimento de Málaga, una Málaga marinera, una Málaga que huele a salitre y que siempre ha vivido mirando a su mar, el mar de Alborán. «El pescaíto es lo que siempre se ha comido en Málaga, es el plato más popular y tradicional, el más fácil de preparar».

La tradición de la fritura malagueña se remonta en los siglos y alcanza a los griegos, quienes en los albores de nuestra época ya freían el pescado. Posteriormente, romanos, árabes y cristianos han persistido con la tradición de la fritura. En la receta del pescaíto frito bastan tres elementos: la harina, el aceite y el pescado. El secreto del buen gourmet es simple, que el pescado esté crujiente por fuera y jugoso por dentro. «No tiene que saber a aceite».

Una receta sencilla

El pescaíto frito se prepara a una temperatura de 180 grados en enormes freidoras. «El único secreto es tenerlo el tiempo justo, ni más ni menos», explica María José Márquez, responsable del restaurante La Jábega, ubicado en La Carihuela, en Torremolinos. La harina es un elemento indispensable. La más empleada, la de trigo blanca. La sal y un cedazo grande completan una preparación que requiere de pocos y simples ingredientes. El momento de echar el pescado a la freidora es decisivo. «Es importante estar atento, no descuidarse y mirar cuándo tienen su punto de dorado», apunta Márquez.

El plato más solicitado en toda la costa es la archiconocida fritura malagueña. «Aquí se incluye todo tipo de pescado, por lo que es muy sabrosa», afirma Márquez. Para Bellver, existen cuatro elementos que no pueden faltar en una fritura malagueña: los boquerones, el jurel, los salmonetes y el calamar. A su juicio, especialmente imprescindibles son los boquerones y los salmonetes. En lo relativo a la materia prima, Bellver explica que es importante destripar bien el pescado, y mantenerlo a una temperatura adecuada, para que no se deteriore.

El tamaño medio del pescaíto frito malagueño está entre 8 y 10 centímetros. El más solicitado es el boquerón victoriano. «El más exquisito es el que se pesca en la bahía de Málaga», señala Miguel Sierra, propietario del Restaurante Antonio de La Carihuela.

Pescado a diario

«Lo esencial es que el pescado se pesque a diario, que se nos surta todos los días», explica Eduardo de la Torre, propietario del conocido restaurante El Tintero, de El Palo. «Lo ideal es el pescado de aquí, aunque con los problemas con los caladeros, ahora también llega desde Marruecos», asevera De la Torre.

El placer de comer pescaíto frito en la Costa del Sol es algo a lo que muy pocos se resisten. Disfrutar de su liturgia es muy característico. En La Carihuela, los clientes son de todas las procedencias, pero sobre ingleses, holandeses y, por supuesto, españoles. La actitud de los extranjeros no deja de llamar la atención a los más veteranos restauradores. Miguel Sierra comenta entre risas que piden a menudo cubiertos para comerse el pescaíto. «Con lo sabroso que es tomarlo con las manos», asevera.

En agosto los comensales son, sobre todo, españoles y en cambio, en septiembre los extranjeros vuelven a ganar. Aunque, en opinión de Bellver, para el pescaíto no hay temporadas. «Debe consumirse todo el año, si no en restaurantes, en casa», matiza. En efecto, la cocina del hogar puede ser una perfecta freiduría del más sabroso y nutritivo pescaíto frito. «En casa se puede controlar la frescura, la limpieza y el punto que se desee de fritura», agrega Bellver.

Pregonar los platos

En todo caso, las terrazas de chiringuitos y restaurantes permiten disfrutar de estampas únicas en la costa. «Los extranjeros suelen tomarse fotos junto a las chalanas que empleamos para asar las sardinas o la dorada», comenta Márquez.

Otro de los rituales más conocidos es el de pregonar los platos, una tradición que se conserva en El Tintero. «Los camareros se colocan los platos en los brazos y se pasean entre las mesas, entonces los comensales eligen lo que quieren», explica De la Torre. El primero que se agota, el 'boquerón al Tintero', un clásico en esta casa, que se prepara con un tipo de adobo exclusivo, combinando ajo, perejil y aceite.

El alioli es una de las salsas más sabrosas de las que se pueden degustar acompañando el pescaíto frito. «La rosada con salsa alioli está deliciosa y es una de las especialidades de nuestro restaurante», puntualiza Márquez.

El limón es otro de los elementos que no puede faltar en el plato de pescaíto frito. Se suele servir como decoración más que como ingrediente, ya que según los expertos, exprimirlo sobre el pescaíto sólo sirve para hacerle perder uno de sus rasgos más distintivos, el efecto crujiente.

El pan también es esencial en la mesa del comensal que va a disfrutar de un buen plato de pescaíto frito. «Servimos pan de todo tipo, pero sobre todo rosquitas y bollitos», apunta Márquez. Por su parte, Sierra recomienda tomar el pan como complemento, pero en ningún caso como sustituto.

Bellver no es muy partidario de tomar el pescado con ningún tipo de añadido, ni limón ni alioli. «Para disfrutarlo hay que tomarlo entero, con las manos, incluida la cabeza», matiza Bellver. «Tomarlo con complementos sólo sirve para matar el sabor», espeta.

El vino, esencial

Vino blanco y pescaíto frito, es un tándem inseparable. El vino blanco de Málaga es uno de los más exquisitos. «El más rico es el de Andalucía, aunque también son muy recomendables los caldos del Penedés, Rioja, Rivera de Duero, Monte Espejo y Mollina», explica Márquez. Bellver es más innovador y propone tomar el pescado con vino tinto. «Hay que innovar y un buen tinto joven fresco es ideal para tomar las sardinas, el boquerón y el pescado azul en general», asegura.


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