Ruta turística: La Clerecía
Torre del Clavero
Comenzamos la ruta con una esbelta torre de 28 metros de altura situada en la Plaza de Colón. Su construcción data de finales del siglo XV y su aire de fortaleza gótica recuerda aquella época de enfrentamientos entre la nobleza y el poder real. Es el resto de un palacio de la nobleza salmantina y aunque su apariencia es claramente militar, se le han incorporado numerosos elementos meramente estéticos y urbanísticos. De base cuadrada y con muros de mampostería en su parte inferior, se torna octogonal en su parte alta donde destacan ocho cilíndricas torrecillas que van adosadas a cada uno de los ocho lados. Todas las ventanas disponen de troneras. Entre las torrecillas hay una pequeña cornisa apoyada en ménsulas y arquillos.
Probablemente fue mandada construir por el clavero de la Orden de Alcántara don Francisco de Sotomayor. De hecho en cada una de sus torres pueden observarse blasones de los Anaya y los Sotomayor.
Palacio de la Salina
Ya en la calle San Pablo llegamos a este palacio del siglo XVI. Palacio atribuido según una leyenda a Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago cuya construcción se debe a don Rodrigo de Messia Carrillo, casado con una pariente del mencionado obispo, que lo hizo edificar en 1538. Se le debe su nombre a que antiguamente sirvió como almacén de sal y es uno de los edificios renacentistas más importantes de la ciudad. Desde el siglo XIX es sede de la Diputación
La fachada, de estilo claramente italiano y dominada por arcadas de medio punto, se pueden ver medallones de marcado realce, entre los que cabe destacar el de la reina Cleopatra. También no hay que olvidarse de las galerías de la parte superior, con elementos heráldicos de los Fonseca que hablan de la genealogía familiar.
Pero lo que más destaca de este palacio, sin duda, es su patio con su mirador en voladizo. Se fusionan el estilo gótico con el renacentista, y en el que destaca la galería de madera apoyada sobre grandes ménsulas antropomorfas retorcidas en violentos escorzos. Dentro del patio, de forma irregular, al fondo se distingue una parte más antigua, de estilo gótico, formada por dos pisos de arquerías, extendiéndose a la izquierda una galería renacentista con cinco arcos de medio punto con medallones similares a los de la fachada. En el lado opuesto hay una galería en voladizo decorada con imágenes de figuras desnudas aupadas unas encima de otras y representaciones sarcásticas de los nobles salmantinos que negaron hospedaje a la amante del mujeriego arzobispo de Fonseca.
Leyenda
Cuentan que el arzobispo de Santiago, don Alonso de Fonseca y Ulloa, vino a Salamanca con su amante, doña Juana de Pimentel y la nobleza de la ciudad se negó a darles alojamiento.
Don Alonso, despechado, juró que mandaría construir para su dama el palacio más bello de toda Salamanca. Dicho y hecho. Como el agravio había sido grande, ordenó que en la mansión debería haber una galería para que ella paseara.
La galería se hizo y está sujeta por 16 ménsulas o zapatas en las que se representan los nobles salmantinos que les negaron posada (son caricaturas de sus vicios), soportando los paseos de la amada.
Es una leyenda muy bonita, lástima que sólo sea una leyenda.
Palacio de Orellana
Continuando calle abajo por la calle San Pablo llegamos a este palacio, construido probablemente a finales del siglo XVI por don Francisco de Pereira y Anaya, como prueba el bello blasón principal de la torre con las cuatro bandas de los Anaya. Su decoración es simple y escasa sólo rota por frontones curvos y rectangulares típicos de los últimos momentos del renacimiento. Una severa puerta adintelada y una hermosa galería superior completan una exigua arquitectura puede haber sido debida a influencias herrerianas.
Torre de Abrantes
Frente al palacio anterior se encuentra esta torre cuadrada de piedra del siglo XV. Este palacio sirvió de refugio a la nobleza salmantina durante ese siglo. Resalta su pequeña ventana ajimezada con elementos heráldicos y la pequeña puerta de arco de medio punto con recias dovelas. El tejado que la recubre pertenece a una posterior restauración. La calle del Jesús que separa los dos palacios es en la que Espronceda sitúa las aventuras de don Félix de Montemar en su obra El estudiante de Salamanca. Hoy esta torre es el Instituto Universitario de Iberoamérica aunque también se usa como sala de Exposiciones de la Universidad.
Historia
La vieja mansión de Abrantes corresponde al momento en que la evolución social de la nobleza se encamina hacia un papel político, lejano al impulso anterior hacia luchas y rivalidades que precisaban de casas torreadas como debió ser ésta.
De la antigua mansión queda, tras la visible torre, el patio y algunas dependencias por la calle de Jesús con techumbres de madera, que aunque sencillas, testimonian la antiguedad de la construcción, ayudando a documentar, a través de los escudos pintados en las entrevigas, los propietarios primeros del edificio. Los mismos figuran labrados en la bellísima ventana de la primera planta por la citada calle del Jesús, lo que permite suponer otra, cuando menos igual, si no mejor, sobre la puerta de entrada en la calle de San Pablo. En las de su estilo es sin duda la mejor de Salamanca, ya que las de la Casa de las Conchas por sus características palaciegas están influidas por corrientes alejadas de lo local e incluso nacional.
La puerta semicircular de grandes dovelones es de finales del siglo XV, como la ventana antes citada, y corresponde al mejor momento del gótico civil salmantino. Recordemos las del palacio de Montellano o las de las casas de doña María la Brava, Santa Teresa, de los Manzano, Gómez de Paradinas, de la Tierra o la de la Universidad, tras la fachada plateresca que da acceso al zaguán Gótico con originales bóvedas ricamente decoradas.
No es posible suponer que tras la adustez exterior, nos recibirá bajo la torre un gran arco de acceso al patio. También a la izquierda otro decorado con bolas características de fines del XV, comunica con dependencias al sur de la torre.
En el patio, aunque rehecho por el mal estado de la madera respetando fielmente la existente, encontramos uno más entre los característicos patios salmantinos del momento. Tres lados solamente, puesto que por razones climáticas se suprimía el que miraba al norte. Está formado por galerías cerradas de madera con ventanas, como el de la Casa de la Tierra, de la de Santa Teresa o tantos del barrio histórico de la antigua ciudad cercanos a las catedrales. Algunos conopios en los dinteles de las ventanas del lado cerrado confirman el goticismo, completado con detalles de los apoyos en que descansan las galerías especialmente en los capiteles poligonales.
Llama la atención al exterior de la primera planta por la calle del Jesús, una bella ventana gótica con su mainelillo intermedio de limpias jambas, alféizar gótico, y bajo él la inevitable saetera-tronera. Pero nada como el dintel superior al que aquí 1laman popularmente "toza", ricamente decorado con las tradicionales hojas de cardo, carnosas y vivas talladas con el realismo que los canteros salamantinos saben hacer en la piedra de Villamayor. Allí campean dos pequeños escudos, uno con tres bandas y jaquelado el otro con bordura de ocho aspas. Ambos pueden verse labrados en la vecina mansión de Orellana con gran ostentación en lo alto el de las bandas de Anaya y menos los de Anaya (armiños), y Bazán a ambos lados del frontón curvo que remata el balcón situado sobre la puerta. Dada la casi colindancia es lógico vincular ambos edificios con los mismos apellidos, habiéndose construido con una diferencia de menos de cien años.
El examen de árboles genealógicos y relaciones de parentesco en Memoriales aclaraba poco, cuando la dificultad para entroncar ambos apellidos quedó superada en el mencionado cambio de impresiones con el Profesor Cooper que me facilitó un árbol genealógico en el que el apellido Bazán se incorpora a los Anaya en época anterior y casi coincidente con la construcción de esta llamada Torre de Abrantes.
No hace muchos años, una fotografía de 1883, reproducida en un diario local mostraba la torre con tejado a dos aguas paralelas a la calle de San Pablo con la ventana superior iniciado su arranque, como la conocimos hasta 1976. La citada fotografía no tenía el mirador de hierro felizmente suprimido sino un balcón de hierro sencillo, con cerco de piedra demasiado claro, como acusando la supresión de la ventana gótica similar a la que vemos en la fachada lateral. Posiblemente la torre fuera desmochada como tantas otras por disposición real, aunque quizá no deba descartarse la interrupción de la obra a fin de que no resultara "torre alta".
En 1976 se completó la planta superior como hoy la vemos, como resultado de una polémica solución moderna de cristal, hormigón vista en la cornisa y carpintería de aluminio anodizado, que por no haber sido aceptada en 1974, fue sustituida por la actual.
Una nueva actuación en la torre se ha producido recientemente retirando acertadamente el mirador de la primera planta de la cal1e San Pablo y restableciendo en su lugar el hueco siguiendo la pauta del de la planta superior, aunque quizá no se acertó con las proporciones, que aparecen claras en la de encima, cuyo alféizar y primeras hiladas de las jambas son originales, y en algún detalle poco importante de la saetera.
De este modo, recuperó su aire dominante, aunque limitado por su vecina que no coopera al lucimiento de la reforma tanto por su altura como por la belleza de su trazado renacentista y claramente palaciego. Es posible suponer de la bellísima ventana con columnilla de la calle de Jesús fuera compañera de otra igual o mejor sobre la puerta principal.
Aludimos anteriormente al patio y sus características; toca ahora hablar de las dependencias interiores situadas en la parte frontera de él según se entra, especialmente la de la izquierda, cubierta con techumbre plana de vigas de madera con decoración y la más interesante, doce escudos pintados en las covijas del entrevigado correspondientes a Bazán y las dos versiones de Anaya. En las vigas que aún conservan la pintura hay decoración de zigzag amarillos perfilados de negro entrecruzados, sobre fondo rojo, mientras las tablas entre vigas y largueros, algunas conservaban entrelazos de iguales colores. Ambos escudos, Anaya en sus dos versiones y Bazán, los hallamos en el palacio de Orellana como hemos dicho, lo cual sugiere con bastante lógica que los de Anaya de bandas y Bazán en la ventana de la calle del Jesús de esta torre alternarían con el de Anaya de armiños y Bazán en la desaparecida ventana de la calle de San Pablo. Así se ve frecuentemente en la ornamentación heráldica de casas señoriales cuando el artista tiene que combinar tres blasones en cuatro espacios, lo que coincide en parte con el sistema del cuartelado. Quizá sorprenda la cita del apellido Bazán en Salamanca, pero está documentada esta alianza familiar en la época en que se construyó la mansión que comentamos, confirmada por el profesor Cooper, buen conocedor de los entronques familiares de gran parte de la nobleza castellana de este tiempo, disipando así mis dudas de atribución de un escudo sin esmaltes, hasta que la presencia de ellos en los blasones de la techumbre pintada, los han confirmado.
Se salva así tras estas obras de restauración, un importante edificio salmantino, siendo una vez más la Universidad la que pondrá en servicio de la ciudad y de la cultura algo hasta ahora desconocido de la mayoría de los salmantinos. Es el sistema de convertir en útiles, edificios de difícil conservación por resultar desfasado su uso aún prescindiendo de problemas económicos. Eso sí, la adaptación posterior a su consolidación debe contar con técnicos y empresas que conozcan el valor del edificio y el mejor modo de hacerlo útil para el fin propuesto, sin menoscabo de sus peculiares caracteres ni de las necesidades en función del destino final.
Creo que en la llamada Torre de Abrantes se ha realizado una buena labor conservando lo conservable, respetando lo intocable y creando, allí donde los espacios nuevos e incluso los antiguos lo permitían en favor del nuevo destino.
Clerecía
Llegados a este punto estamos ante uno de los monumentos más importantes de la ciudad por muchos motivos, la Clerecía o Real Colegio del Espíritu Santo. Durante la contrarreforma, la ciudad vive un momento de esplendor y este edificio lo certifica.
La Clerecía es un conjunto arquitectónico que engloba la iglesia y la actual Universidad Pontificia perteneciente a la orden de los jesuitas. Su fundación se debe a la reina doña Margarita que, con motivo del viaje a Salamanca con su marido en el año1600, decidió conceder abundantes sumas de dinero para que la orden pudiera instalarse en la ciudad. El proyecto fue dirigido y planificado por Juan Gómez de Mora y las obras dieron comienzo el 12 de noviembre de 1617 comenzándose por la construcción de la iglesia. El proyecto fue continuado por el Hermano Pedro Mato. Los problemas económicos no faltaron lo que supuso que la obra se alargase durante más de 150 años.
Todo el conjunto gira en torno a su gran claustro y lo más destacado es la iglesia la cual cuenta con una nave central y dos laterales, ocupadas por capillas. La fachada contiene abundantes adornos barrocos y en la parte superior dominan las dos torres principales y una espadaña adornada con pares de esculturas y con un relieve que representa La venida del Espíritu Santo. El interior alberga una planta de cruz latina cubierta por una cúpula de grandes dimensiones y que desde un principio dio muchos problemas de estabilidad. También destacan los retablos, sobre todo el retablo gótico del altar mayor, obra de Juan Fernández.
En el claustro de los Estudios destacan las enormes columnas apoyadas sobre altos pedestales. Los balcones del primer piso acompañan a un impresionante juego de luces y sombras. Tampoco hay que perderse las escaleras que dan acceso a las plantas superiores del claustro. Para acabar la visita se pueden visitar una galería en el pabellón poniente con una serie de cuadros de San Ignacio.
Casa de las Conchas
En frente de la clerecía se sitúa esta obra de finales del siglo XV, en pleno gótico tardío en tiempos de los Reyes Católicos. Este palacio lo mandó construir Rodrigo Arias Maldonado (1495 - S. XV), conocido como el doctor de Talavera. Adornada con elementos renacentistas y mudéjares, propios de los moriscos que se quedaron en España después de la conquista de Granada. Este estilo de arte, denominado isabelino, nos muestra una construcción de arquitectura civil realizada por el enlace de don Rodrigo Arias Maldonado con doña María Pimentel.
Destaca la puerta de entrada con un escudo gótico en su parte superior que contiene las flores de lis de los Maldonado. Son de admirar también las dos ventanas del primer piso. Las conchas que tapizan los muros exteriores, que son más de trescientas, son lo más llamativo del conjunto y su existencia puede ser debida a la pertenencia de don Rodrigo Arias Maldonado a la Orden de Santiago.No es cierto que en el interior de alguna de las conchas haya oro, sino que al construir la Compañía de Jesús el edificio de enfrente (Clerecía), los jesuitas ofrecieron a la familia Maldonado una moneda de oro por cada concha si permitían que fuera derruido. Alegaban que les quitaba perspectiva. Menos mal que no aceptaron.
En su interior cabe destacar el patio de dos plantas. En el siglo XVIII sufrió agrietamientos por lo que tuvo que ser remodelada como se puede observar en la parte alta de la casa, que no tiene conchas. En 1997 pasó a manos de la Junta de Andalucía y actualmente alberga la biblioteca pública del estado y salas de exposiciones.
Iglesia de San Benito
Caminando calle abajo por la calle Compañía, llegamos hasta esta iglesia construida a finales del siglo XV por expreso deseo de don Alonso de Fonseca. Recibe el nombre, San Benito, de la parroquia que ocupa gran parte del espacio. Mandada reedificar en 1490 (S. XV), su estilo es gótico-isabelino. Los muros son fuertes y pesados, con contrafuertes y sin vanos.
Durante la Baja Edad Media tuvo un papel importante en los enfrentamientos de los ciudadanos. La portada es extraordinaria con la Anunciación y el blasón de los Fonseca, con los cinco luceros, bajo un arco carpanel. Destaca el carácter funerario de su interior con los sepulcros de los muros en los que se hallan Arias Pérez Maldonado y su esposa. Es interesante el retablo mayor barroco en su interior y los escudos de los Fonseca y los Acevedo en su parte exterior. La portada, un claro elemento del gótico tardío, está resguardada por un porche contiene motivos hispano-flamencos con una Anunciación como principal protagonista.
Casa de los Maldonado de Morille
En la misma plaza que la anterior iglesia podemos observar esta mansión plateresca de Juan de Álava. Data de 1531 y fue mandada construir por don Diego Maldonado Rivas. Está habitada por las monjas del convento de la Madre de Dios. Sobre la ventana y balcón, los cinco luceros de los Fonseca y las flores de lis de los Maldonado. Este palacio perteneció al capitán de los comuneros salmantinos don Pedro Maldonado Pimentel. En sus muros todavía pueden verse los huecos de las ventanas cegadas y el lugar donde fueron picados los escudos. En la cornisa figuraban esculpidos dos cerdos, pero el Ayuntamiento ordenó retirarlos en 1821 (S. XIX).
La puerta contiene una estructura renacentista.
Casa de los Solís
También en esta plaza se encuentra esta casa del siglo XVI la cual contiene una sencilla fachada con una puerta adintelada. Contiene un friso tallado y un escudo solar de la heráldica de los Solís. A los lados pueden observarse blasones de los Solís. Fue cárcel de la Universidad en el siglo XVII.
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