|
Ruta turística: "Ramón y Cajal"
Iglesia de la Purísima
Comenzamos esta ruta con esta magnífica obra construída como futuro panteón familiar por parte del sexto conde de Monterrey, don Manuel de Fonseca y Zúñiga. En la calle Ramón y Cajal, frente al Palacio de Monterrey, se encuentran este templo y convento de clausura de las madres Agustinas. La estancia de don Manuel de Fonseca y Zúliga en Italia explica el estilo italiano del convento; los mármoles y los lienzos han salido de manos italianas. Fue bartolomé Picchiatti quien trazó las líneas de la iglesia dándole un estilo barroco y una planta de cruz latina, de una sola nave con capillas laterales. La obra se inició en 1636 aunque las obras se ralentizaron debido al derrumbamiento de la cúpula. La obra pudo tener como objetivo acoger a la hija del conde, Inés de Zúñiga.
En la iglesia es digno de destacar el lienzo barroco de la Inmaculada Concepción en el retablo de la Capilla Mayor. Esta pintura ensalza la fina figura de la Virgen. Son también dignos de admirar el tabernáculo, el púlpito con mármoles de diversos colores y los retablos del crucero, así como las estatuas del fundador del convento y su esposa, mostrando una actitud arrogante y cortesana en él y un sentimiento íntimo en ella. En el convento también se pueden advertir retoques de autores españoles como por ejemplo Juan Gómez Mora.
El templo es de cruz latina con un crucero de cúpula octogonal. La portada principal está hecha en mármol, con pilastras de capiteles jónicos, donde se puede ver una placa alusiva a su fundación, en un escudo de mármol de Carrara. En el convento, sin influencia italiana, se onservan algunas colecciones de pinturas, esculturas y orfebrería.
Palacio de Monterrey
Enfrente al anterior convento, nos encontramos con este palacio encargado en 1539 por don Alonso de Acevedo y Zúñiga, tercer conde de Monterrey, y diseñado por Rodrigo Gil de Hontañón. De estilo plateresco, es uno de los edificios más destacables del renacimiento español. A pesar de la grandeza del edificio, lo existente es tan sólo la cuarta parte del gran rectángulo que pudo y debió ser, puesto que únicamente se construyó una de sus alas.
Inicialmente se diseñó un palacio de forma cuadrangular, con torres en las esquinas, que al final no se llevó a cabo en su totalidad, de lo contrario habría sido un edificio de gran magnificencia. Su estilo está a caballo entre los alcázares hispánicos y los palacios italianos. Presenta un frontal de tres cuerpos, con ventanas adinteladas que llevan pilastras y semicolumnas a los lados, y unas torres con mayor carga de ornamentación, típicas del plateresco, y con miradores livianos que dan paso al aire y a la luz. Es también admirable la galería del último piso denominada Paseador de las Señoras.
En la parte de arriba abunda la crestería plateresca. En definitiva, más pobre y desnudo en su parte inferior y más rico en la zona alta. Además, por toda la fachada puede observarse un amplio repertorio de escudos de la familia Monterrey. Hoy en día es propiedad de la casa de Alba y su interior no se puede visitar; lo utilizan como residencia ocasional.
Casa de las muertes
Continuamos con otra mansión de la arquitectura civil plateresca salmantina que recibe su macabro nombre de las cuatro calaveras que nos encontramos bajo los pedestales de las ventanas superiores. Algunas leyendas populares cuentan que el nombre viene dado por la aparición de los hermanos Manzano en los cimientos de la casa, decapitados por doña María la brava.
Construida en el siglo XVI, esta equilibrada obra fue propiedad de uno de los arquitectos que vivieron en Salamanca en esa época, Juan de Álava. Presenta una fachada simétrica con un escudo del fundador en el dintel de la puerta, que de nuevo se repite, en el friso del balcón. También pueden verse seis finos medallones y pilastras dentro de esta fachada plateresca. El interior de la casa carece de interés.
Casa de los Osvalle
Al lado derecho de la mansión anterior se encuentra esta mansión del siglo XVIII, que fue propiedad de don Juan Antonio Ovalle Prieto como lo atestigua el escudo de su apellido que adorna su pequeña fachada. Sobre la puerta se encuentra la mayor parte de la ornamentación, la mayor parte de ella con elementos naturales.
En frente a la casa se encuentra una estatua de don Miguel de Unamuno que vivió en esta casa sus últimos años y en la que también murió.
Convento de Santa Úrsula
Este convento, también llamado de las Úrsulas y fundado en 1512, debe su construcción a don Alonso de Fonseca y Acevedo, controvertido personaje, pero gracias al cual se edificaron importantes obras de la ciudad. El diseño, del gótico tardío, se trazó con una única nave estructurada en dos tramos con bóvedas de arcos combados. En el centro de la iglesia se encuentra el sepulcro del arzobispo Fonseca, de 1529, obra de Diego de Siloé en mármol blanco, con abundante decoración y riqueza en detalles del cuerpo como el rostro naturalista del arzobispo o las ropas pontificales con las que va ataviado. Las manos abrazan la cruz patriarcal. Al entrar en la Capilla Mayor la primera impresión que se tiene es el sentido ascensional del conjunto. Esta capilla contiene escudos de Ulloa y Maldonado y alusiones a los cuatro evangelistas. También es digno de admiración el coro de la parte inferior, guardado en una reja gótica, con artesonados renacentistas y en el que se ha colocado un museo con pinturas de Juan de Borgoña y tablas de Luis de Morales, entre otros.
Iglesia de la Vera Cruz
Al lado de este convento se encuentra la Iglesia de la Vera Cruz, de estilo barroco, reconstruida casi totalmente hacia 1713. Del siglo XVI se conserva la portada diseñada por Rodrigo Gil. Es visible una imagen de la Virgen con el Niño. En su interior, uno de los más bellos de la ciudad, el templo contiene una bóveda sobre el crucero y magníficas tallas procesionales. En el camarín de su retablo, de Joaquín Churriguera, hay una serena Inmaculada de Gregorio Fernández. Este retablo, como otros muchos de la época, contiene abundantes elementos vegetales que lo adornan.
Esta iglesia, en sus inicios fue el convento de san Francisco El Real. Tras continuas ampliaciones y reconstrucciones se consiguió un moderno convento de los Padres Capuchinos, una obra de Andrés García de Quiñones del año 1746. La portada de la iglesia contiene un excesivo clasicismo, en cambio, la Capilla Mayor, con seis retablos en los muros de su interior, está llena de un elegante estilo barroco. La portada, de dos cuerpos, alberga un escudo franciscano y un San Luis labrado, en el cuerpo superior. El retablo mayor está completado por un Cristo de las Agonías.
Convento de los Capuchinos
Esta iglesia, en sus inicios fue el convento de san Francisco El Real. Tras continuas ampliaciones y reconstrucciones se consiguió un moderno convento de los Padres Capuchinos, una obra de Andrés García de Quiñones del año 1746. La portada de la iglesia contiene un excesivo clasicismo, en cambio, la Capilla Mayor, con seis retablos en los muros de su interior, está llena de un elegante estilo barroco. La portada, de dos cuerpos, alberga un escudo franciscano y un San Luis labrado, en el cuerpo superior. El retablo mayor está completado por un Cristo de las Agonías.
Colegio de Fonseca
Terminaremos esta ruta con una bella joya del renacimiento español, una obra diseñada y ejecutada por autores ya mencionados con anterioridad: Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón respectivamente. Fue fundado en 1525 por don Alonso de Fonseca y era uno de los cuatro colegios mayores que dependían de la Universidad, siendo el único que se conserva hoy por hoy.
La fachada, de arenisca y granito, es otra excepcional obra del plateresco salmantino. En ella predomina los arquitectónico sobre lo decorativo y se estructura en dos cuerpos con una puerta adintelada y una ventana central como ejes del conjunto. Pueden verse medallones de los cinco luceros de Fonseca además de un gran medallón con buenos efectos pictóricos, el mayor de Salamanca, con Santiago como protagonista. Son de destacar las ventanas de perfil gótico.
Si se accede al interior, a través del zaguán, se accede a la capilla del colegio a través de un arco de medio punto. Es una capilla de una sola nave y que recuerda mucho a la Iglesia de San Esteban. En ella se aprecia una simbiosis entre los elementos barrocos y los renacentistas. También es necesario no perderse el bello retablo de la iglesia, de Alonso Berruguete, con figuras muy vivas propias del autor. Y por último, el patio, de 41 metros de lado, uno de los más hermosos del renacimiento español. Se compone de dos galerías; la primera con arcos de medio punto y la segunda con arcos rebajados. En las balaustradas hay blasones de Fonseca.
Del mismo modo merece especial atención el patio, uno de los más bellos del renacimiento español. Este claustro de dos plantas está formado por arcos sustentados.
Este colegio también es conocido como Colegio de los Nobles Irlandeses, ya que fue habitado durante el siglo XIX por estudiantes católicos de esa procedencia.
|