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CUELLAR Y PEÑAFIEL

LOCALIZACIÓN

Cuéllar se encuentra a 60 kms. al Norte de la capital segoviana y a 50 Kms. al Sur de Valladolid.
Los Kms. que hay desde Madrid podremos hacerlos bien por Segovia capital o desde la carretera Madrid-Burgos desviándonos con dirección a Cuéllar en Cerezo de Abajo.

CLIMA

El clima en general de Cuellar es soleado en verano y primavera, y con temperaturas suaves el resto del año.

HISTORIA

Cuéllar, asentada desde la prehistoria sobre varias colinas y rodeada de la mayor extensión de pino resinero de Europa es el núcleo de población más importante de la provincia de Segovia, con 9200 habitantes.
Se define esencialmente como "Villa Mudéjar".
Cuando paseamos por sus viejas y empinadas calles nos sorprende la gran riqueza monumental que el paso de la historia ha ido dejando en las calles y los edificios de la Villa: Palacios, casas blasonadas, arquitectura popular, conventos, castillo... y sobre todo las iglesias, con sus torres de piedra, marcan y definen el perfil de Cuéllar.

Repoblada a partir del siglo XI, fue sobre todo en el siglo XII cuando llegó el esplendor económico basado en la economía ganadera de la lana. Esta riqueza permitió que en sólo un siglo se construyeran más de una decena de iglesias mudéjares, tomando el ladrillo como material básico para sus portadas y ábsides, la medra para sus techumbres artesonadas y los muros de mampostería en piedra caliza para el resto de la construcción. Todas ellas hacen de Cuéllar el núcleo más rico en Mudéjar de Castilla y León.
Además hay que señalar que fue esta una población donde convivieron en buena armonía las tres culturas medievales de la península: judíos, moros y cristianos. Fruto de esta convivencia quedan vestigios como la judería, la calle de la Morería o la necrópolis musulmana de Santa Clara, auténticos testimonios en el amplio conjunto histórico medieval.

MONUMENTOS

"El Castillo habitado"
Se trata de una visita teatralizada en "El Torreón de la Memoria" y en las bodegas del castillo, donde nos sorprenderán todos los fines de semana del año distintos personajes dando vida a sus pequeñas batallas, historias o los sufridos trabajos que se realizaban durante la Edad Media.

Reyes y obispos, nobles y criadas, dueñas y mancebos nos llevan de la mano por los rincones del castillo y nos sumergen en un mundo de guerras, de amores y odios; nos muestran las historias que se refugiaban en las cocinas, en los puestos de guardia y entre las manos de las costureras.
Una propuesta donde la historia y el patrimonio cobran vida. Dos espectáculos originales, diez escenarios distintos.
Las bodegas: el mundo de los de abajo, de los sirvientes: pintanceros, artesanos, espíritus del vino.
El Torreón de la Memoria: el Rey, los nobles, la historia abierta con sus intrigas y sus puntos más oscuros. Desde el granero hasta el rincón de Espronceda.

Varios personajes históricos: Pedro I el Cruel, Juana de Castro, María de Padilla, Diego Gutiérrez Ceballos, Obispos de Salamanca y de Ávila, José de Espronceda y recreados: Toribio (sirviente), Hidalgo don Manfredo, Clodulfo (escudero), Rebolledo (soldado), Felicia (dueña), Ataulfo (jefe de la guardia), Cotufo el Pitancero, Kurda y Chispa (espíritus del vino), Maestro de obra y artesanos.

El Centro de Interpretación del Mudéjar, en la iglesia de San Martín, a través de la imagen, la música y la palabra, podremos comprender un arte, el mudéjar,... participar en su construcción... comprobar cómo convivían en el siglo XII las tres culturas existentes

El Centro de Interpretación de los Encierros.
En la iglesia de San Francisco se ofrece un espectáculo multimedia para disfrutar de una nueva forma de ver los juegos populares con toros y comprender una cultura donde se combina riesgo, rito y respeto a los animales.
Cuatro salas, con las tecnologías más modernas, nos llevan de la mano para hacernos vivir un encierro diferente. Es el encierro que nosotros mismos vamos creando, según damos vida a nuestros propios mitos sobre el toro, según recreamos riesgo, valor, fiesta... en el juego eterno del hombre y el toro.
Cada uno es aquí el protagonista: la historia, los rituales y las fiestas populares están a nuestros pies. Vivimos un encierro que va más allá de Cuéllar. Es un encierro eterno, que se repite cada año aquí y allá, en Peñafiel, en Íscar, en Tudela de Duero, en Medina del Campo, en Pamplona... en cada lugar que mantiene desde los siglos medievales este ritual de riesgo, de vida y de muerte, de fiesta y de tradición.

Monumentos de interés. Iglesias y conventos.

A pesar de que el gran momento de la arquitectura medieval fue el siglo XIII, ya en el siglo XI se había construido la románica iglesia de San Pedro, situada en la parte baja de la Villa. Es el remate del segundo recinto amurallado de la ciudad, sirviendo su ábside de bastión defensivo de una puerta fortificada que se conservaba junto a la iglesia hasta principios del siglo XX.
San Esteban. En la parte alta de la villa, sirve cómo espolón que cerraba el muro de la ciudadela. Esta iglesia nos ofrece el ábside más representativo del mudéjar castellano, así como cuatro sepulcros de alabastro en el interior, de este mismo estilo, pero del siglo XVI. Forma un interesante conjunto con su necrópolis, recientemente recuperada como Parque Arqueológico Medieval de San Esteban, donde se muestran tenerías, pozos de nieve, silos de alimentos y tumbas antropomorfas.
San Andrés. Extramuros de la ciudad, tiene una de las plantas más perfectas del arte mudéjar. Una nave central y dos laterales rematan en un triple Ábside de arquerías y casetones de ladrillos que se prolongan en el exterior de los muros de las dos naves laterales. Interesante en su interior es su gran riqueza escultórica, representada sobre todo por un Calvario románico, sin olvidar las pinturas mudéjares recientemente descubiertas en sus ábsides.
San Martín. De las iglesias propiamente mudéjares hay que destacar San Martín por su conservación, restaurada por la Escuela Taller. Es la primera donde hemos podido ver el mudéjar en estado puro, libre de yesos y escayolas de otros siglos. Este templo en la actualidad alberga el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar.
Santiago. De este antiguo monumento sólo se conserva su ábside. Muy interesante de visitar porque permite apreciar las arquerías de ladrillo, el juego de las ventanas en saetera o la excelente vista que desde este lugar se ve en el horizonte: "El mar de pinares".
El Salvador. Se trata de una iglesia mudéjar con un ábside de arquerías y casetones de ladrillos, donde destacan unos imponentes arbotantes que sirven de contrafuertes al propio ábside. También hay que destacar su esbelta torre situada a los pies de la iglesia.
Otras iglesias a destacar por su arquitectura mudéjar son la de Santa María de la Cuesta, la iglesia de la Trinidad, la iglesia de Santo tomé, la iglesia de San Miguel o la torre de la antigua iglesia de Santa Marina, excelente ejemplo de arquitectura mudéjar castellana.
En cuanto a los conventos conservados, podemos hablar de la zona de Los Paseos de San Francisco como un espacio conventual propio. Aquí se encuentran tres fundaciones importantes: San Francisco, el más destacado de la Villa por estar destinado como lugar de enterramiento de la Casa Ducal de Alburquerque y parte de la nobleza cuellarana. No en vano fue considerado como una catedral. Aunque su ruina, expolio y abandono a principios del siglo XX hicieron temer su definitiva desaparición. En los últimos años, se está recuperando, habiéndose restaurado las capillas laterales, que recientemente se han convertido en Centro de Interpretación de los Encierros. Santa Ana, se conserva gran parte de su arquitectura del siglo XVI, aunque fue modificada desde la desamortización cuando pasó a manos privadas. La Concepción, Templo Barroco del siglo XVIII, levantado sobre otro anterior del siglo XVI. En su interior conserva un importante retablo de Pedro Bolduque. Actualmente está ocupado por una pequeña comunidad de monjas de clausura. Al sur de la Villa, junto a la carretera CL 601, se encuentra el convento de Santa Clara, monumento del gótico final con portada y claustro renacentistas. En su interior conserva el retablo mayor, un Cristo románico e importantes restos de la Casa Ducal de Alburquerque trasladados desde la iglesia de San Francisco.

Castillos, Arcos y Murallas

Si hay algo que define a Cuéllar además del conjunto de sus iglesias mudéjares, es que se trata de una gran ciudad amurallada. Así desde cualquier punto de nuestro recorrido podremos contemplar amplios trazados de las distintas líneas defensivas. Dos recintos amurallados dominados por el castillo y reforzados por una contramuralla definen esta ciudad fortificada. Se conservan importantes puertas como las de San Basilio, San Martín y San Andrés. Y arcos como el de San Santiago o el de la Judería. Pero de todo este conjunto defensivo el de mayor importancia es el Castillo-Palacio de los Duques de Alburquerque, el edificio más emblemático de la Villa. Sobresalen en él sus potentes torreones, y un amplio Patio de Armas con una galería en la fachada sur; ambos renacentistas. Hoy es instituto de educación y una parte se utiliza para visitas turísticas con representaciones teatralizadas.

Palacios, casas nobles y arquitectura popular

En Cuéllar aun quedan calles con ese sabor antiguo donde podemos conocer como era la vida en los siglos pasados. Pasear por la Villa es admirar sus palacios, sus casas blasonadas o su arquitectura popular construida a base de entramado de madera y adobe o bien de mampostería de piedra caliza. Así, destacaremos el Palacio del Rey Don Pedro I, uno de los pocos casos de arquitectura románica civil o el Palacio de Santa Cruz, ejemplo de un mudéjar civil muy tardío. Igualmente no podemos dejar sin comentar el Estudio de Gramática fundado en el siglo XV o las casa nobles de los Daza, Rojas o Velázquez en la calle de San Pedro.


PEÑAFIEL: LOCALIZACIÓN

La Villa de Peñafiel es el centro de la Comarca, situada en una encrucijada de caminos y culturas, a 56 Km. de la capital vallisoletana, en dirección este, a 35 minutos. Desde Madrid son algo más de 175 kms: 1 hora, 45 minutos. Se puede llegar por la Nacional I y luego Aranda de Duero, o sino se puede venir por la carretera de Segovia o por Cuellar

CLIMA

El clima de Peñafiel es muy riguroso en invierno, con numerosas nieblas, ocasionadas por la vega del río Duero. El resto del año es más moderado aunque fresco.

HISTORIA

Su origen se remonta a culturas prehistóricas, aunque es durante la Reconquista cuando se asienta un núcleo urbano al pie del cerro que domina el castillo.
A principios del siglo X Penna Fidele se erige como plaza fuerte frente al Islam, pasando a depender a finales de siglo del Condado de Castilla. Con Sancho García, adquiere una posición privilegiada como castillo de frontera.
Morada de reyes y nobles, sus muros recuerdan la estancia de Doña Urraca, Fernando III o Alfonso X, aunque fue, sin duda, Don Juan Manuel, el gran señor de la Villa, eligiéndola como el lugar preferido de todos sus estados. Especialmente significativo fue el nacimiento en la Villa del príncipe de Viana, Don Carlos.
A partir del siglo XV, Don Pedro Girón, Maestre de la Orden de Calatrava y conde de Urueña, se hace con el Señorío de Peñafiel. Desde entonces éste permanece en poder de la familia Girón hasta el siglo XIX, ostentando los títulos de marqueses de Peñafiel y duques de Osuna.
No es de extrañar el desconocimiento que existe sobre el Marquesado de Peñafiel cuando más de una centuria de silencio ha campado por estos pagos. Nuestros pueblos han ido olvidando -no se sabe si queriendo o sin querer- sus propias señas de identidad, sus raíces. Peñafiel es un caso más, que habituado a ver por su castillo, calles y edificios el escudo de los Téllez-Girón, desconoce que Felipe II creó un Marquesado con este título para los primogénitos de la Casa de Osuna.
Desde que el 1 de octubre de 1556 Felipe II otorgara el Marquesado de Peñafiel a Don Juan Téllez-Girón y Guzmán, "acatando los muchos buenos y leales servicios que nos ha hecho y los que esperamos que él y vos nos haréis de aquí adelante", que con el tiempo se convertirá en 11 Duque de Osuna, el título quedó ligado a los primogénitos de esta Casa Ducal. Por ello el Marquesado recae en la actualidad sobre Doña Ángela María Solís-Beaumont y Téllez-Girón, XVII Duquesa de Arcos desde 1956, hija mayor de la XVI Duquesa de Osuna, doña Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, y de su primer esposo Don Pedro Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, XVI Duque de Arcos.
De este modo, el Marquesado de Peñafiel viene a recordar la historia de su predecesor del siglo XV, el Ducado de Peñafiel, cuyo único titular, el infante Don Juan de Aragón llegó a ser Rey de Navarra y de Aragón y casó, en segundas nupcias, con Doña Juana Enríquez, madre del futuro Fernando el Católico y tía del I Duque de Medina de Rioseco. Dicha Casa Ducal, ya desaparecida la línea masculina que enlazaba con el fundador, entroncó en 1736 con la de Benavente.
Más adelante, por enlace matrimonial de los Benavente y los Osuna, pasó a esta última y, desde 1982, es su titular como Duquesa Doña María de la Asunción de Latorre y Téllez-Girón, hija menor de la XVI Duquesa de Osuna y de su segundo esposo don José María de Latorre y Montalvo. La Duquesa de Medina de Rioseco es, por tanto, hermana de la Marquesa de Peñafiel. Ambas tienen otras dos hermanas: Doña María de la Gracia Solís-Beaumont, XIX Duquesa de Plasencia, y doña Pilar de Latorre, XV Duquesa de Uceda. Cabe apreciar, pues, las hondas raíces históricas del marquesado, que nos traen el recuerdo de algunos de los linajes de más abolengo en la Castilla de antaño y en la España de hogaño.

MONUMENTOS

El castillo-Museo del Vino
Peñafiel representó el principal hito castrense del rosario de castillos alineados en la frontera cristiano-árabe. Es la fortaleza mejor conservada, exceptuando las reconstruidas.
El Castillo-Museo del Vino, está situado en un cerro estratégico, que domina los valles Duratón y Botijas, en su confluencia con el río Duero.
Declarado Monumento Nacional en 1917, es considerado como una de las más bellas fortificaciones del medievo, y se le ha comparado poéticamente con un inmenso barco. Su aspecto actual responde a diferentes construcciones: la primera se debe a finales del siglo IX o principios del X, se reestructura a finales del XI, Don Juan Manuel lo restaura en el siglo XIV, y nuevamente es construido a mediados del siglo XV.
La primera fuente documentada es de 943 en que aparece como castillo en territorio de Asur Fernández, conde de Monzón, súbdito del rey leonés Ramiro II. En 983 cayó en poder de Almanzor. Después de su conquista por Sancho García (1008), éste rehizo la fortaleza árabe con una nueva construcción en otro sitio mejor situado. En 1110 detenta la plaza, en nombre de Alfonso I "el Batallador", rey de Aragón, el célebre Alvar Fáñez del "Poema del Mío Cid", quien la defendió heroicamente contra los musulmanes y sufrió un asedio de Alfonso VI de Castilla. En 1112 estuvo cercado Alfonso I por su mujer doña Urraca de Castilla.
La fortaleza pasó por épocas de cierto abandono pues, en 1294, Sancho IV reprendió a don Juan Manuel por tenerla en mal estado; éste empezó, en 1307, unas murallas que fueron reedificadas en 1345.
Mandado derribar en 1341 por el rey Juan II, a causa de la rebelión ejercida desde él por el infante don Juan de Aragón, fue Enrique IV el que autorizó, en 1456, a don Pedro Girón, Maestre de Calatrava, la reedificación del castillo. Este es el que se conserva actualmente.
Fue lugar de reunión del rey Fernando I y Rodrigo Díaz de Vivar para organizar la expedición contra Portugal. Posteriormente fue usado como palacio, también sirvió de prisión y, en 1917, fue declarado Monumento nacional.
Hecho con piedra de Campaspero, con la técnica arquitectónica del gótico germánico. Han desaparecido algunas almenas, canecillos y marlones, pero en sus muros no hay grietas ni desperfectos.
Consta de dos recintos:
· El exterior, recio y liso, que quizá corresponda al siglo XI, presenta una sola puerta, defendida por dos cubos que son los únicos construidos en sus muros.
· El segundo, de finales del siglo XIII o principios del XIV, está formado por una fortísima torre del homenaje (de planta rectangular y coronada por ocho torrecillas cilíndricas y cuya entrada debió ser a través de un puente levadizo) y cortinas de murallas que se apoyan en treinta torres redondas. En su interior hay dos plantas con bóveda de piedra; la inferior pudo hacer las veces de prisión.

El castillo mide 210 metros de largo por 33 de anchura. La torre del Homenaje, en la que campea el escudo de los Girón, tiene 30 metros de altura y 14,5 por 20 de base.
Dos patios flanquean la Torre: el patio norte albergaba los algibes y almacenes, y el sur las caballerizas y guarniciones. Actualmente, en este patio Sur se ubica el Museo Provincial del Vino.
Toda la villa estuvo rodeada de murallas que bajaban desde los extremos del castillo. El perímetro total abarcaría unos 2.200 metros y tenía cinco puertas. De estas murallas se conservan 4 cubos, dos al sur y dos al norte, y diferentes paños.
En el recorrido por las diferentes salas se muestra la cultura del vino y los aspectos relacionados con la producción, desde que la uva nace en el viñedo hasta el consumo, pasando por las diferentes materias estrechamente relacionadas con la viticultura. Es el punto central del vino de Castilla y León.
En la planta baja del Museo se explica la planta de la vid, la viticultura, la vinificación, los artesanos del vino, los útiles de medida, la crianza y la reserva, los consejos prácticos para degustar los diferentes vinos, la cata, la calidad, el consumo y comercialización. En la planta superior se explica el vino y la relación con la mitología, con la Historia, la Literatura y el Arte, y con las fiestas y la gastronomía.

Existió otro castillo-palacio, a orillas del río Duratón, edificado por Alfonso X, que perteneció a don Juan Manuel, cedido por éste al monasterio de San Pablo, del que no quedan vestigios al haber sido incorporado a dicho monasterio en sucesivas ampliaciones.

PLAZA DEL COSO

La plaza del Coso es el lugar de Fiestas y Tradiciones, el tradicional Corro de los toros, donde se vienen celebrando los festejos taurinos desde la Edad Media. Se trata de un espacio rectangular de aproximadamente tres mil quinientos metros cuadrados cuyas viviendas conservan en su arquitectura el trazado medieval.
Son viviendas de dos y tres pisos de altura cuyos balcones lucen vistosos arabescos de madera, que sirven de palcos para observar los festejos taurinos de Nuestra Señora y San Roque, que anualmente se celebran a mediados de agosto desde la Edad Media. Las fiestas son tan espectaculares que han sido declaradas de Interés Turístico Regional.
En esta plaza los propietarios de las viviendas alquilan sus balcones para ver los festejos taurinos, pero la plaza conserva, además, uno de los derechos consuetudinarios más curiosos, conocido por estas tierras como Derecho de Vistas. Los propietarios de este derecho les permite ver los festejos de forma gratuita por poseer la titularidad del balcón durante los días que se celebren las fiestas patronales. Contempla, además, una de las mejores vistas del Castillo.

IGLESIA DE SAN PABLO

La Iglesia y convento de San Pablo fue en su origen un alcázar, que fue mandado edificar por el rey Alfonso X, el Sabio. En 1324, su sobrino, Don Juan Manuel, lo convierte en convento para los dominicos, para ello amplia la iglesia y la modifica utilizando el estilo gótico-mudéjar, con la intención de convertirse el altar mayor en su última morada.
En 1536, otro Don Juan Manuel, señor de Belmonte, y biznieto del infante, modifica la nave del evangelio y construye una capilla funeraria para albergar los restos de la familia Manuel, construyéndolo en el más puro estilo plateresco. La fachada mezcla, por tanto, ambos estilos y materiales arquitectónicos, provoca un gran atractivo artístico.
Recientemente se ha llevado a cabo la restauración de la capilla del Príncipe y el sepulcro yacente. En ello se realizó la exposición titulada "El poder de Castilla en los siglos XIV al XVI. Los señores de Peñafiel".

TORRE DEL RELOJ

Es el único vestigio de la desaparecida Iglesia de San Esteban. Este templo, por su estructura probablemente románico, fue fundado en 1086 para conmemorar la victoria de los castellanos sobre el caudillo almorávide Alí.
La torre, en la que se colocó el reloj de la villa en el siglo pasado, es de estilo gótico. Se levantó doscientos años después de la primitiva iglesia.

IGLESIA DE SAN MIGUEL

La Iglesia parroquial de San Miguel es construida a finales del siglo XVI con la sobriedad de la arquitectura religiosa del final del Renacimiento. El interior es de tres naves con crucero cubierto con cúpula que descansa sobre pechinas. En el lado del Evangelio conserva la cabecera de una iglesia románica de finales del siglo XII.

Conserva diversos retablos barrocos que están dedicados a las lágrimas de San Pedro, San Roque, el retablo mayor a San Miguel, San Francisco de Borja, Santa Teresa de Jesús, el retablo mayor de San Salvador de los Escapulados, el Nazareno o el del Carmen, además del Calvario. Algunos de ellos han sido restaurados para poderlos observar en todo su esplendor.

IGLESIA DE SANTA MARIA

Esta iglesia recibía antaño el nombre de Santa María de Mediavilla, por encontrarse en el centro de la población y constituyó siempre el corazón de su vida religiosa. En ella se alberga la patrona, Nuestra Señora de la Asunción; en esta iglesia se reunía el cabildo de las parroquias de Peñafiel y todavía se conserva, cerrado con una gruesa reja, el archivo de los hidalgos de la villa.
Aquí existió probablemente una iglesia desde el momento de la reconquista en el siglo X. Sin embargo los restos más antiguos que conservamos son ya de estilo románico, del siglo XII (la puerta del antiguo osario). La iglesia actual ha sufrido numerosas reformas y ampliaciones de modo que presenta elementos de casi todos los estilos artísticos: gótico (bóvedas de crucería de la nave principal y laterales; imágenes de culto de Cristo y de la Virgen) renacentista (puerta principal y coro, así como retablos platerescos), barroco (torre, ábside y la mayoría de los retablos y el presbiterio).
La iglesia en la actualidad alberga el Museo Comarcal de Arte Sacro, que constituye unos de los museos artístico - religiosos más ricos de Castilla y León.

MUSEO COMARCAL DE ARTE SACRO

En el interior de la iglesia de Santa María, las piezas reunidas en este museo se han organizado en diversas secciones: imágenes de la Virgen, de Cristo, de los Santos, Orfebrería e Historia.
En el nivel de entrada se comienza por la sección de La Virgen. Aquí pueden admirarse tallas románicas (siglo XII), góticas (siglos XIII y XIV), el retablo y la imagen de la Asunción, patrona de Peñafiel, ricamente ataviada con vestidos bordados y coronas de plata (siglo XVIII); los retablos gemelos de estilo rococó de San Felipe Neri y de la Dolorosa (siglo XVIII).
En la nave principal se ha mantenido la parte delantera libre para las actos religiosos y culturales que tienen lugar en esta iglesia. Destaca el Retablo mayor barroco (siglo XVIII), la impresionante custodia barroco (siglos XVII-XVIII) y las tumbas con escudos de las familias nobles e hidalgas de Peñafiel (siglos XVI-XVIII).
La segunda mitad de la nave está dedicada a las Imágenes de Cristo, donde se han reunido esculturas góticas (siglo XIV) y dos piezas extraordinarias: la gran cruz procesional de plata de Pesquera de Duero (siglo XVI) y el retablo plateresco de San Miguel de Peñafiel (siglo XVI).
Pasando bajo la tribuna plateresca del coro, con el escudo de los señores de Peñafiel, los Téllez Girón, entramos en la sección de Imágenes de los Santos. Entre otras magníficas piezas hay pinturas de uno de los mejores pintores castellanos del siglo XVI, el Maestro de Osma, y un retablo plateresco perfectamente conservado (siglo XVI) y que se expuso en la muestra Las Edades del Hombre.
Comienza a continuación la Colección de Orfebrería, que sigue en la planta superior. En ella se realizó la extraordinaria colección de cruces procesionales procedentes de toda la comarca y que fue la más completa de las que pudieron contemplarse en toda Castilla y León. Están realizadas en plata entre los siglos XIV y XVII y su estilo abarca desde el gótico hasta el barroco.

IGLESIA DE SANTA CLARA

La Iglesia de Santa Clara se edifica en 1698, aunque la fundación del convento es de 1607. Su planta octogonal se cubre con una cúpula elíptica y está decorada con vistosas yeserías y pinturas de finales del siglo XVII. Varios retablos barrocos decoran sus muros.