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Isabel, la Católica - Kate Hill

ANTES DEL TRONO

La niña que nació en Madrigal de las Altas Torres, provincia de Ávila , el 22 de abril del año 1451 no hubiera podido soñar lo que le sucedería en el futuro. La hija del Rey Juan II de Castilla y la Reina Isabel de Aviz, de Portugal, iba a ver y aprender muchas cosas  en su niñez. Hermana de Enrique IV, nunca hubiera pensado que la “hermana” de su hermano iba a causar tanta locura, pero tampoco era de esperar conseguir el trono de una España unida. La infanta Isabel también tenía un hermano menor, así es que, era la tercera en la línea de sucesión. Pero no se puede adivinar el futuro.

LOS REYES CATÓLICOS
El padre de la niña Isabel se murió cuando ella tenía tres años. Su hermano mayor empezó a ponerse en el puesto del rey. Su madre, en ese momento la reina viuda, se mudó con sus hijos menores a Arévalo. Allí Isabel creció en un ambiente tranquilo y familiar. La reina viuda empezaba a perder poco a poco su estado mental, y parece que no les hacía mucho caso. Isabel se encargó de sus estudios y también del cuidado de su hermano Alfonso. Ella estudió con la Orden Jerónima  y ésta  formaría   siempre una parte importante de la vida de la futura reina. Su alma y mente estaban, desde muy joven, fijadas en la religión, la sabiduría y el arte.

Mientras Isabel crecía, se generaba un problema con su hermano Enrique IV. El rey, con su primera esposa Blanca de Navarra, tenía problemas respecto a la concepción de los hijos. Para un rey, esto no suponía un gran problema, ya que con la ayuda de su consejero principal, Juan Pacheco, crearon un plan para divorciarse de Blanca. Se lo comunicaron al Papa, quien respondió que tendría que consultar con otras autoridades de la Iglesia, arzobispos en su mayoría. Este Papa se murió antes de la boda en 1455 entre Enrique IV y Juana de Aviz. El matrimonio tampoco produciría frutos hasta siete años después. La niña se llamaba Juana, y la pobre, tendría que vivir entre mentiras y gente que la usaba para lograr sus metas.

Esta niña, Juana, cambió la línea de sucesión. Cuando tenía 40 días fue declarada la sucesora del trono. Isabel tenía 11 años. Desde entonces la sucesión sería una cuestión importante. Había duda sobre si la niña era la verdadera hija del rey.

La reina Juana de Aviz quería tener más control sobre los infantes para evitar futuros problemas e Isabel tuvo que ir a vivir bajo su custodia. Isabel haría con la reina muchos de sus trabajos porque la reina quería tener a  la niña cerca. Isabel no estaba allí por su voluntad,  pasó casi toda la vida en Arévalo, en un ambiente muy familiar,  cuando fue a vivir con la Reina Juana empezó su vida de lucha. En muchos casos, para controlar mentiras del trono y su estado civil, ya que era común arreglar los matrimonios entre los infantes, buscando más poder, tierra y riqueza. La corte empezó a hablar de un posible matrimonio para Isabel cuando aún era una niña.

La primera idea de pareja para Isabel fue el hijo de Juan II de Aragón, llamado Fernando, después pensaron que el hermano mayor sería más apropiado para Isabel. Se llamaba Carlos. Estos pensamientos no se llevaron a cabo, no  por las buenas relaciones con el rey de Aragón, sino porque el príncipe no tenía buena relación con su propio padre. De hecho la muerte de este príncipe en 1461 atribuida a tuberculosis pulmonar se cuestionó. Después de la muerte de Carlos, Fernando era el heredero del trono de Aragón.

Mientras tanto, Isabel pasaba sus días leyendo, en oración, estudiando, y acompañando a la reina. La oración era imprescindible en la vida de la infanta. Cuando su hermano el Rey hizo negocios con su asesor Juan Pacheco, que trataron acerca de problemas de la legitimidad de la niña Juana, e iba a pagarle por haberle ayudado con la mano de Isabel en matrimonio, Isabel se puso de rodillas y pidió ayuda de Dios. Su fe era tanta que puso todo en su oración. Aquella noche, mientras Pedro Girón, hermano de Pacheco, viajaba a hacer negocios en Segovia, se murió de enfermedad. Isabel después celebraría los quince años y la libertad de la amenaza de aquel matrimonio. Pero él no sería el último que intentara conseguir la mano de Isabel. Igualmente su futuro esposo era objeto de negocios similares, aunque todavía se quería un matrimonio entre Castilla y Aragón,  parecía que la idea de matrimonio entre Isabel y Fernando había pasado completamente.

Después de la caída de Segovia, Pacheco, quién quería encargarse de la reina, la infanta Juana, y el cofre del tesoro, Isabel cayó en las manos del marqués de Villena. Un hombre poco respetado por Isabel. Tan inteligente como era, la joven Isabel se fue a hablar con los dos hombres prominentes del bando alfonsino. Insistió que firmaran un papel en el que había escrito que no consentiría darla en matrimonio si ella “no diera su consentimiento” (Suárez 29). En una época en la que  las mujeres eran poco nombradas en la política, este fue un hecho muy importante y valiente por parte de Isabel.

Seguía la locura de si Juana era en verdad hija del rey, hasta que Alfonso, el hermano menor de Enrique IV y de Isabel, fue declarado sucesor del trono en 1467. Alfonso dio a su querida hermana el señorío de Medina del Campo, residencia simple y querida de Isabel. Desagradablemente, Don Alfonso se murió muy joven, y no por causa natural. Para los nobles que querían quitar el poder del trono a Enrique IV esto fue muy triste. Al contrario, fue una buena noticia para Enrique IV que desconfiaba en su hermano pequeño, como desconfiaba de muchos. En esos tiempos tenía que ser muy difícil confiar en cualquiera, con avisores  luego quitándote tierras, y esposos pensando en como podían manipularte.

En 1468 el rey por fin reconoció a Isabel como sucesora del trono. Esto fue como si hubiera dicho que su esposa no le había sido fiel. También hizo una búsqueda de esposo para Isabel como una urgencia. El rey Enrique IV seguía ofreciendo la mano de Isabel a otros prospectivos. Pero Isabel había decidido que el mejor para ella, y para Castilla, sería Fernando de Aragón. El rey quería al rey de Portugal para Isabel. Su rechazo a esta proposición fue muy fuerte. Ella ya sabía lo que quería hacer y no iba a casarse con alguien que ella no hubiera aceptado. En el año 1469 Isabel era recluida en Ocaña mientras el rey arreglaba su matrimonio. Alfonso V llegó a Ocaña por la mano de Isabel, y cuando ella le rechazó, el rey la amenazó con la prisión en el Alcázar de Madrid. Pero pronto el rey se fue a Andalucía, con la promesa de que la princesa no se casaría mientras él no estuviese.

Tan pronto como se fue el rey Isabel viajó a Valladolid donde encontraría al esposo elegido. Mientras el rey aún estaba en Andalucía, Isabel se casó con Fernando de Aragón en Valladolid el 18 de octubre de 1469.

Por supuesto el rey no estuvo contento al enterarse de esta noticia. Dijo que el matrimonio no era legal porque no tenían el consentimiento del rey. Isabel y Fernando discutieron su matrimonio legal con la corte y el rey seguía intentando dejar como heredera a la pequeña Juana. Isabel y Fernando lo consiguieron, y a la muerte de Enrique IV Isabel fue coronada reina. La mano de la princesa Juana había sido prometida a Alfonso V de Portugal. Los que apoyaban a Juana y querían el poder de Castilla por Portugal, empezaron una guerra que duró cinco años. Al final Juana rechazó la posibilidad del trono y se recluyó en el monasterio de Santa Clara.

Por fin Fernando e Isabel podrían gobernar como Reina de Castilla y Rey de Aragón. Ellos empezaron su increíble trabajo de unir la península, intentar crear una España completamente católica, y conquistar nuevos mundos. El matrimonio coincidió con una época de increíbles avances en sabiduría, aventura y piedad. Había un lado oscuro: el tratamiento de los moros, judíos y los que no creían en el catolicismo. Pero todo considerado, el reino de Isabel y Fernando creció en una época imprescindible en la historia de España y del mundo.

“Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”