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LA ILUSTRACIÓN
El ensayo: Feijoo

1. Orígenes del ensayo literario

A caballo entre la filosofía y la literatura, el género ensayístico, según afirma José Carlos Mainer, se asienta como tal propiamente en el siglo XVIII, con la Ilustración. Sin embargo, es posible encontrar ciertos antecedentes en épocas anteriores, por ejemplo en algunos géneros cultivados durante el Siglo de Oro, como son el diálogo, la epístola  o la miscelánea, o ciertas obras de autores como Gracián, Quevedo y Fray Antonio de Guevara.
El antecedente principal del género, si no su pieza fundacional, vendrá de la mano de Montaigne hacia 1580-1590, quien escribe su obra titulándola precisamente Ensayos, y siendo ya consciente de que es el germen de un nuevo género literario que vendrá definido además por su carácter “incompleto”, “provisional”, no especializado, y profundamente personal.
Ya en el siglo de la Ilustración, el ensayo se convertirá en  la vía idónea para la publicación de los pensamientos de los intelectuales de la época. En España, los principales autores que lo cultivarán serán Gaspar Melchor de Jovellanos, José Cadalso y Fray Benito Feijoo.

2. Fray Benito Feijoo

Religioso de la orden benedictina, desde su monasterio de San Vicente de Oviedo escribió sus dos grandes obras ensayísticas, que empezó a publicar ya cumplidos los cincuenta: el monumental Teatro crítico universal y las Cartas eruditas. De formación autodidacta (salvo su formación escolástica), la lectura de obras francesas y la influencia de los erasmistas españoles y los empiristas ingleses le llevaron a atacar la ignorancia y la superstición del pueblo y del clero español, a las cuales se propuso combatir en sus obras. Propugnará la búsqueda de la verdad en todas las ramas del saber por medio de la observación y la experiencia, y por la investigación imparcial, revisando mediante el uso de la razón viejas creencias históricas, religiosas e incluso “científicas” únicamente basadas en la tradición y en la autoridad de los antiguos; lo cual le originó grandes enemigos pero también grandes defensores (como el mismo rey Fernando VI).
El pensamiento filosófico de Feijoo es en gran parte antiaristotélico y antiescolástico, aunque su formación estaba basada tanto en Aristóteles como en santo Tomás. Admiraba a Bacon. Sin embargo, su espíritu integrador le llevó a aceptar y a tolerar todo lo que le parecía válido, de aquí que le surgieran tantos detractores. Vivió en un momento de crisis, de paso del escolasticismo al enciclopedismo francés y a una nueva filosofía europea. Estos cambios los fue aceptando según venían, sin pretensiones de presentar un proyecto filosófico definitivo. Tomará partido, eso sí, en las grandes disputas intelectuales de la España de la época: frente a la discusión entre “antiguos” y “modernos”, Feijoo se decantará por los segundos; en la disputa religiosa entre los tolerantes e intransigentes, optará por los primeros; y respecto a la discusión nacionalista entre el casticismo y el afrancesamiento, tomará la vía europeísta.
Feijoo no sigue un  sistema predeterminado (algo muy propio del escritor de ensayos), sino que es un escéptico y un ecléctico. Su filosofía es la natural y cosmológica, con un pensamiento extravertido y atento al mundo moderno.

3. Teatro crítico universal

Compuesta de ocho tomos, en los que se incluyen 118 discursos, la intención principal de la obra será la de invitar a pensar (el sapere aude! en el que insistirá el filósofo Kant), pues el hombre es adulto y puede usar la razón por sí mismo. Ya del título se desprenden dos ideas: la de intentar abarcar un conocimiento “enciclopédico” (de todas las ramas del saber, universal), y la de tratar de esclarecer errores (la crítica a la superstición y la ignorancia). El término “teatro”, además, debe tomarse en su sentido etimológico griego de `escenario´,  incluso en el de `mirar´. Esto nos indica que estamos ante una obra que supone una mirada crítica a todo tipo de materias. Es un escenario amplio en el que se desarrolla la actividad crítica de la razón fuera de las escuelas filosóficas tradicionales y sin una sistematización científica.
Es imposible realizar una clasificación temática, pues trata de Astronomía, Geografía, Filosofía, Literatura, Derecho, Música, Matemáticas, Arte, Medicina... El autor pretendía ofrecer información y nuevas ideas de todo lo que podía ser objeto de curiosidad y cultura y, al mismo tiempo, combatir los errores y supersticiones. Lo más destacable de Feijoo es que inicia en España una comunicación intelectual diferente, superando el autoritarismo. Une en sus escritos una información científica moderna, erudición humanística, genio pedagógico y humor personal. Sus interlocutores no son hombres incultos sino personas bien informadas que desean leer entre líneas y comprender más allá de lo que dice.

4. Proyección

El éxito editorial de Feijoo fue enorme en el siglo XVIII. Sus obras fueron apareciendo entre 1726 y 1760 con regularidad. Se agotaban pronto y se reimprimían.  Tras la muerte del autor en 1764 se inicia la publicación de sus obras completas (“ediciones conjuntas”, según el profesor Caso) que ven la luz en 1765 en 14 tomos. Se suceden otras hasta la de Pamplona de 1784-1787, después de la cual el éxito de Feijoo decae. Hasta 1787 se vendieron en España entre cuatrocientos mil y medio millón de ejemplares, lo que quiere decir que el escritor llegó a toda la población española que era capaz de leer sus obras. Las protestas fueron también muy numerosas. Ya en 1726, año en que se inició la publicación de su Teatro crítico, salieron a la luz 29 escritos contra varios discursos del primer tomo, que continuaron hasta la muerte de Feijoo. En total fueron unos 190 escritos en contra.  Esta reacción ante los textos feijonianos tiene una gran importancia ya que el escritor gallego se convirtió en un gran animador de la cultura española de su tiempo y patrocinador del pensamiento ilustrado. En el siglo XIX no se debió de comprender bien al escritor o se despreciaron sus intenciones reformistas, pues sólo se realizaron tres ediciones de obras escogidas en toda la centuria.
Algunos textos se tradujeron tempranamente al francés, inglés, alemán, italiano y portugués.

Ediciones
· Feijoo, Teatro crítico universal, Madrid, Cátedra (edición de Ángel Raimundo Fernández González).
· Feijoo, Teatro crítico universal, Madrid, Castalia (edición de Giovanni Stiffoni).