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BARROCO (II)
La novela picaresca

1. La picaresca

Frente al idealismo de todos los demás géneros novelísticos renacentistas (sentimental, caballeresco, pastoril, morisco o fronterizo, bizantino o de aventuras), la picaresca se alza en el Barroco como la primera novela “realista”, donde el protagonista, un mendigo o ladrón (el “pícaro”), perteneciente a las capas más bajas de la sociedad, aprovecha su posición “privilegiada” para ofrecernos una visión crítica de la sociedad de su época. Sus rasgos principales estarán ya en el Lazarillo de Tormes, si bien esta novela renacentista no se considera una obra “picaresca” en sentido estricto; pero es indudable que sin ella no hubiese existido el género como tal, que surgirá precisamente cuando Mateo Alemán utilice los hallazgos literarios que contiene para crear su Guzmán de Alfarache.

2. El Lazarillo de Tormes

Esta novelita anónima narra en primera persona la vida de un pregonero de Toledo, en estilo muy llano y tono divertido, dando cuenta de sus orígenes, su niñez y los amos que sirvió antes de su actual oficio y de su casamiento con la criada del Arcipreste de San Salvador. Editada en 1554 en Burgos, Amberes y Alcalá de Henares, fue incluida en el Índice de Libros Prohibidos de la Inquisición en 1559, reeditándose más tarde con fragmentos censurados.
Entre sus posibles autores se han mencionado a Fray Juan de Ortega, Diego Hurtado de Mendoza, Juan y Alfonso de Valdés, Lope de Rueda y Sebastián de Orozco, entre otros.
De su estructura destaca la forma autobiográfica: es una narración retrospectiva escrita a modo de epístola o carta con la finalidad de contestar a la pregunta de un corresponsal anónimo sobre si su mujer es amante del arcipreste. Obra de gran realismo, pretende incluso pasar por “auténtica”: será la razón por la que Francisco Rico hable de un anonimato consciente de la obra, para darle verosimilitud (para que se la considere la autobiografía verídica de un pregonero).
El personaje protagonista, el niño pordiosero itinerante que sirve a varios amos, es una figura común a la época. Y va evolucionando conforme avanza la obra, no es en absoluto un personaje estático (será otro signo de la modernidad de la obra).
El mensaje central de la obra lo encontramos al final: Lázaro ha sabido dominar los avatares de la adversa fortuna, y nos enseña cómo es posible subir socialmente siendo lo más bajo: distorsionando los valores éticos de la sociedad (como el “honor”). Algunos críticos han querido ver un decidido propósito satírico de fuerte impronta erasmista (el Erasmismo propugnaba una renovación espiritual de corte intimista: para Erasmo lo importante es la religiosidad interior); otros, sin embargo, lo han entroncado con la moralidad medieval; y también se ha querido ver como la crítica resentida y dolida de un converso (tesis de Américo Castro).

2.1. Influencia y proyección

El Lazarillo no es heredero directo de ninguna obra anterior, aunque podemos encontrar algunas reminiscencias e influencias de otras obras como El asno de oro de Apuleyo, los diálogos de Luciano de Samosata, la Trapisonda o El crotalón.
En 1555 se publicó una Segunda Parte igualmente anónima, novela más simbólica y fantástica que incluye la transformación de Lázaro en atún; más tarde, Juan Cortés de Tolosa se basará en el Lazarillo original para escribir su Lazarillo de Manzanares, años después, sin el ímpetu ni la vitalidad del primero; y Juan de Luna publicará en París, en 1620, una nueva Segunda Parte, mucho mejor que la continuación anónima. Su herencia más notable, en definitiva, será el dejar plantada la semilla de donde algunos años después germinará la novela picaresca.

3. El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán

Mateo Alemán (1547-1615?), un judeoconverso sevillano de azarosa vida, adaptó los hallazgos constructivos del Lazarillo en la escritura de su Guzmán de Alfarache, que se convertirá por méritos propios en el modelo del nuevo género picaresco. La obra se publicó en dos partes: la Primera Parte (con tres “libros” de 8, 10 y 10 capítulos respectivamente) en 1599, y una Segunda Parte (con otros tres “libros” de 8, 9 y 9 capítulos) en 1604. El protagonista es un pícaro de mala conciencia representante de la crisis social de su época, encarnando el antihonor, la estafa, la transgresión de lo establecido, que escribe un relato introspectivo y autobiográfico (formas tomadas del Lazarillo), desglosado en distintas aventuras y continuas reflexiones didácticas, donde, preso en galeras, se lamenta de toda su vida pasada, desde la perspectiva de su arrepentimiento.
Destacan en esta obra la visión de los pueblos y ciudades de España e Italia, sus viajeros, sus caminos, sus ventas; la descripción del ambiente universitario y del mundo carcelario (que tan bien conocía el autor); y su particular visión de la libertad, a caballo entre el determinismo moral (la bondad o maldad de las personas viene dado por su origen) y el libre albedrío (concepto de la moral católica). La ideología y la moral que dominan la obra son fruto del ambiente contrarreformista creado en España tras el Concilio de Trento, al que se adhieren con entusiasmo los monarcas españoles de la época, firmes defensores del catolicismo a ultranza.
Existe una Segunda Parte apócrifa escrita por un tal “Mateo Luján de Sayavedra” (pseudónimo del valenciano Juan Martí), de calidad menor a la auténtica de Alemán y que se publicará antes que ésta. Adelantándose a Cervantes, Alemán fundirá realidad y ficción haciendo a este autor personaje de su novela, a modo de “venganza”.

4. El Buscón de Quevedo

Publicada tardíamente en 1626, se debió escribir entre 1604 y 1614, circulando pronto en versión manuscrita. Recrea con elevados procedimientos y riqueza expresiva un complejo mundo socioeconómico con sorprendentes comportamientos humanos que llegan incluso a lo grotesto (adelantando en varios siglos el “esperpento” de Valle-Inclán), todo ello bajo el prisma globalizador de la sátira. Destaca el tratamiento dado a los personajes, desprovistos de interioridad: están dotados solamente de exterior, el cual es descrito como si fuera un mero retablo de múltiples relieves. La simplificación de caracteres es tal que se ha llegado a hablas de una cierta “cosificación” de los personajes.
El propio protagonista, Pablos, nos narra su historia desde su nacimiento hasta su emigración a América, con las convenciones propias de la picaresca “canónica” (autobiografía retrospectiva en orden cronológico, etc.). La obra ha sido calificada como “libro de burlas”, “novela timorata” o incluso como “discurso moral”, si bien es un importante testimonio ideológico y socioeconómico de su tiempo. Aunque adopta una forma externa más próxima al Lazarillo, en su contenido se acerca más bien al pensamiento y la cosmovisión conservadora del Guzmán.

5. Otras obras

La lista completa de novelas consideradas “picarescas” varía de un investigador a otro. Entre las obras más aceptadas como tales por los estudiosos, se pueden citar:
· La pícara Justina, de F. López de Úbeda (réplica femenina del Guzmán)
· Vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel (protagonista no pícaro)
· La niña de los embustes, de A. Castillo Solórzano (autor de toda una saga picaresca)
· Vida y hechos de Estebadillo González (supuesta autobiografía “real” de un bufón)

Ediciones

· Lazarillo de Tormes, Madrid, Cátedra (edición de Francisco Rico).
· Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache, Madrid, Cátedra (edición de José María Micó, dos tomos).
· Quevedo, El Buscón, Madrid, Cátedra (edición de Domingo Ynduráin, basada en la edición impresa).
· Quevedo, El Buscón, Madrid, Castalia (edición de Pablo Jauralde Pou, basada en manuscrito anterior).
· La novela picaresca española, Madrid, Castalia (edición de Florencio Sevilla, con novelas principales).