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Semana Santa |
ENCUENTROS
EXTRAÑOS
Había una vez un hombre indígena
llamado Hochelaga que vivía en un pequeño pueblo cerca del
Golfo de México. La vida en este pueblo era muy tranquila y rutinaria,
y Hochelaga pasaba los días feliz y en paz.
Cierto día de otoño
en que las nubes estaban muy bajas y el viento muy fuerte, apareció
en la bruma que dominaba la playa una mujer vestida de manera muy curiosa
que venía de Cancún.
Apenas llegada al pueblo, la mujer se fue directamente a la casa de Hochelaga
para decirle que él tenía que ir a Palenque para despertar
a una princesa de descendencia maya que llevaba durmiendo cinco años.
Hochelaga le dijo a la mujer que probablemente la princesa no estaba durmiendo
sino que estaría muerta; la mujer, alarmada, le contestó
que la princesa no estaba muerta porque tenía pulso.
Entonces Hochelaga le pregunto: “¿Por qué yo?”,
y la mujer le respondió:” Porque eres conocedor de los ritos
indígenas mayas y la princesa se puede despertar sólo gracias
a ellos”.
Hochelaga aceptó ir a Palenque. Cuando llegó a las ruinas
del templo donde estaba la princesa, empezó a realizar ritos antiguos,
y cantó, bailó recitando fórmulas extrañas.
De repente, al princesa se despertó y cuando vio al indígena
haciendo ese tipo de gestos se asustó tanto, tanto y tuvo tanto
miedo que perdió el conocimiento para siempre.
Julie Bazinet (Canadá)
y Wanja Muenter (Alemania)
Intermedio
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