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MARZO 2005

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ENCUENTROS EXTRAÑOS

Había una vez un hombre indígena llamado Hochelaga que vivía en un pequeño pueblo cerca del Golfo de México. La vida en este pueblo era muy tranquila y rutinaria, y Hochelaga pasaba los días feliz y en paz.

Cierto día de otoño en que las nubes estaban muy bajas y el viento muy fuerte, apareció en la bruma que dominaba la playa una mujer vestida de manera muy curiosa que venía de Cancún.

Apenas llegada al pueblo, la mujer se fue directamente a la casa de Hochelaga para decirle que él tenía que ir a Palenque para despertar a una princesa de descendencia maya que llevaba durmiendo cinco años. Hochelaga le dijo a la mujer que probablemente la princesa no estaba durmiendo sino que estaría muerta; la mujer, alarmada, le contestó que la princesa no estaba muerta porque tenía pulso.

Entonces Hochelaga le pregunto: “¿Por qué yo?”, y la mujer le respondió:” Porque eres conocedor de los ritos indígenas mayas y la princesa se puede despertar sólo gracias a ellos”.

Hochelaga aceptó ir a Palenque. Cuando llegó a las ruinas del templo donde estaba la princesa, empezó a realizar ritos antiguos, y cantó, bailó recitando fórmulas extrañas.

De repente, al princesa se despertó y cuando vio al indígena haciendo ese tipo de gestos se asustó tanto, tanto y tuvo tanto miedo que perdió el conocimiento para siempre.

Julie Bazinet (Canadá) y Wanja Muenter (Alemania)
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