Volumen 11
Noviembre, 2005

Índice

Los estereotipos

¿Tópicos o típicos?

Frases que nos parecen importantes y útiles en Salamanca

11 de Noviembre

Sentimientos

La feria del libro en Salamanca

Palabra del profesor:Magosto

Magosto

En el noroeste de España, es decir, Galicia y otras regiones cercanas como el Occidente asturiano, el Bierzo o el Oeste de Zamora pero también en el Norte de Portugal existe una costumbre bien arraigada en el tiempo y en la vida comunal de los habitantes de estas zonas llamada Magosto. Se habla de ella como de una ceremonia de origen celta de culto al fuego y a su efecto purificador sobre los malos espíritus y algunos malvados habitantes del bosque como los trasnos.
El verano quedó atrás y pronto el otoño dará paso al invierno. Es el tiempo de las castañas y durante el mes de noviembre, especialmente en la primera quincena (entre Difuntos y San Martín), tiene lugar un último acto festivo al aire libre antes de que los fríos y las frecuentes lluvias de la zona nos recluyan en las casas y otros espacios cerrados.

En estos días son habituales las salidas al campo para organizar reuniones donde los protagonistas no solo son las castañas. Las asamos a la brasa bien directamente o bien en unos cilindros metálicos que movemos repetidamente para evitar que se quemen. También tienen un papel importante el vino y el aguardiente y, por qué no, si hay hambre el chorizo y el pan de millo (maíz) o de centeno.
Pero todo esto no es más que una excusa para el encuentro familiar o entre amigos o vecinos. Uno de esos pocos momentos como la matanza o la vendimia, en que alteramos nuestra dinámica habitual y nos reencontramos con otras personas con las que vivimos unas horas distintas.
No solo es momento para comer y beber. Se cuentan viejas historias, se canta y se baila (quizá animados por algún traguito de más). Cae la noche y nos apretamos en torno al fuego, lo observamos, lo tememos e incluso algunos saltamos sobre él.

Todos los que de niños asistimos a los magostos recordamos para siempre aquella interrupción del paso del tiempo, lo difícil que era limpiarnos las caras tiznadas con las maderas de las brasas con las que pretendíamos asustar a los demás y las persecuciones de nuestras madres con chaquetas y abrigos pues ya empezaba a refrescar.
Ahora ya no son tan frecuentes. Muchos colegios, asociaciones de vecinos y entidades culturales hacen un gran esfuerzo para que esta tradición se mantenga. No debe desaparecer. No deben desaparecer ni las tardes en que no pasan las horas ni los recuerdos de cuando éramos niños.

Nacho Nicolás, Profesor de E.I.